Fogoneros – 25.05.08
19 de junio: cada año más significado, cada año más contenido Artigas Un nuevo 19 de junio nos convoca a llenar de contenido nuestra rememoración, señalar el por qué de su existencia, a ubicar su significado en el contexto actual, a destacar su importancia a la hora de asumir las tareas que exige el presente. Entendemos al 19 de junio como fecha central reconocida por nuestro pueblo para celebrar el pico más alto de su lucha. Nos referimos al período revolucionario desde 1811 a 1820. Es en esta fecha porque el 19 de junio de 1764 nació José Artigas «Jefe de los Orientales». Artigas como actor destacado y expresión de su tiempo, de la lucha del pueblo, por lo cual el artiguismo trasciende a su figura, abarca el legado de todo el pueblo oriental, pueblo que, como mencionábamos, inicia el proceso revolucionario en 1811. En el mes de febrero de ese año estalla la revolución contra España, el poder que dominaba y gobernaba esta tierra al oriente del Río Uruguay. La opresión de este poder extranjero unificaba en torno a intereses comunes a los pobladores, sobre todo de la campaña. Desde tiempo antes se sucedían las reuniones para pensar salidas. Los primeros levantamientos se dieron aislados y fueron diezmados, pero tuvieron gran importancia política pues pusieron en tensión a toda la campaña. Hasta que el 28 de febrero un levantamiento nacido a las orillas del arroyo Asencio logra dominar un vasto territorio donde asentar el poder del pueblo. Esto agregaba a la necesidad sentida de un cambio revolucionario, la esperanza en que fuera posible. Fue denominado por Artigas como la «admirable alarma» y desde un primer momento fueron protagonistas de esta gesta los criollos pobres que con sus harapos y a lanza, facón o simple puño, marcaron la impronta de los acontecimientos. También se sumaban algunos de buen poderío económico, incluso del patriciado seducidos por los posibles beneficios frente a la expulsión de la corona española. Encontramos, pues, fuerzas unidas ante el poder extranjero, pero con intereses antagónicos en lo interno. Luego de un breve periodo, se instala Artigas como conductor del proceso, entre otras cosas, por su autoridad reconocida por toda la campaña y óptimas condiciones para unificar a todos los focos rebeldes. Este, asumiendo su papel, llama a los orientales a sumarse a la lucha desde el Cuartel General de Mercedes: «Unios, caros compatriotas, y estad seguros de la victoria… vencer o morir sea nuestra cifra y que tiemblen los tiranos». Este llamado deja muestras claras de la necesidad de unir la lucha del pueblo y de la decisión de jugarse entero por la libertad, no sólo la Banda Oriental, sino también, Sud América toda. A partir de aquí irá creciendo el poder del pueblo oriental, este irá aprendiendo de su propia experiencia y la lucha se agudizará cada vez más, invadirán los portugueses en solidaridad con España, la alianza con Buenos Aires se irá desgastando a medida que entraban en contradicción los intereses oligárquicos del centralismo porteño con los que defendían los orientales. Hasta que en 1815 los orientales conquistan el poder de la Banda Oriental, paseando su pobreza, dignidad y rebeldía por las calles montevideanas. Es en las asambleas, cabildos y fogones que el pueblo se nuclea. Cuando Buenos Aires realiza un acuerdo con España a espaldas de los orientales y estos cediendo la Banda a los españoles, las fuerzas patriotas repudian una decisión que los involucra sin consultarlos y asumen la lucha por lo suyo, proclaman a Artigas como «Jefe de los Orientales» y comienzan el éxodo hasta la Barra del Ayuí. Caracterizando la concepción de poder que guía a los patriotas, junto a las costas del Ayuí, los Jefes del Ejército Oriental escriben al Cabildo de Buenos Aires: «El pueblo es éste, él reunido y armado conserva sus derechos.» Ya aquí este pueblo está compuesto por indígenas, gauchos, criollos pobres, hasta hacendados y patricios. Estos últimos empiezan a desertar a medida que van tomando más protagonismo los más empobrecidos y ven peligrar sus privilegios. El artiguismo nos enseña que el poder se construye desde la base del pueblo y al calor de la lucha, o sea, en dirección a la conquista del poder, a la derrota de quien lo oprime. Poder de un pueblo unido, organizado y en condiciones de conservar sus derechos, pueblo soberano frente a cuya presencia cesa la autoridad del propio jefe. Dicha conquista del poder llegaría en 1815. El artiguismo demuestra su claro americanismo desde los primeros momentos. Esto se funda en «vínculos de naturaleza y de intereses recíprocos», lo vemos en la solidaridad con los pueblos de la América Hispánica siempre presente. Y por sobre todo en su «sistema» de provincias que construían la Liga Federal. Verdadera construcción de la Patria Grande, respetando la autodeterminación de los pueblos, Purificación elegida como su capital y Artigas designado «Protector de los pueblos libres». Artigas no volvería a Montevideo, se quedaría en su casa de gobierno. Purificación: un rancho de adobe y paja, un catre como cama y una cabeza de vaca como asiento, reunido con sus compañeros en torno a un fogón como todo el pueblo. Ejemplo de conciencia, de austeridad y de humildad. El gobierno artiguista en la Banda Oriental empezó la reconstrucción, para esto puso en práctica dos reglamentos: el «Reglamento de tierras» y el «Reglamento de Aduana». El primero de ellos tiene fines económicos, políticos y sociales, castiga a los «malos europeos y peores americanos” (enemigos de la revolución) y premia a los revolucionarios otorgándoles tierras. Esto no es otra cosa que justicia revolucionaria pues quienes han apoyado la revolución son los siempre postergados. Con este reglamento se comienza a socializar la tierra: principal medio de producción de la época distribuyéndola entre quienes mencionamos y se comprometieran con su trabajo a sacarle el mejor provecho. El otro reglamento, el de Aduanas, impone una política proteccionista que, entre otras cosas, grava con fuertes impuestos los productos que no son de primera necesidad, cortando la rosca de quienes exprimían al país siguiendo las concepciones del liberalismo. Estas medidas beneficiaban al pueblo aunque tocaban los intereses de la oligarquía criolla. Es así, que estos sectores, cada vez más activamente, comienzan a preparar la conspiración. En 1816 acontece la rebelión del Batallón de los Cívicos, integrados por patricios montevideanos, sin mayor éxito. Pero, en 1817, se produce la invasión portuguesa que es apoyada por esta oligarquía traidora. De ahí en más la lucha sería cada vez más difícil. La oligarquía, tanto montevideana como porteña, prefirió el dominio de un imperio sobre estas tierras, al protagonismo, en todos los planos, del pueblo humilde. Siguieron firmes en las filas del artiguismo aquellos que se veían beneficiados por la revolución: los pobres. Criollos que por primera vez veían zaceada su sed de tierra, los negros libres que defendían su libertad, los indígenas que fueron tratados como iguales y respetados en sus particularidades. El artiguismo sintetiza estas tres tradiciones. Y llegó 1820, año en que la correlación de fuerzas obliga a replegarse. Grupos cuasi- familiares se mantienen armados en los montes mas bien para autodefensa. Aquella oligarquía se colocaría como beneficiaría local de la emigración de las riquezas de la patria oriental, bajo los portugueses primero y el imperio de Brasil después, a costa de nuestro pueblo. Y será quien se encarame, bajo los auspicios del imperio británico, en el poder del nuevo estado. Poniéndolo en órbita de los intereses ingleses y haciendo matanzas de indígenas. Artigas sería para esta clase dominante, la mancha negra de la historia y ese pasado lo mantuvieron en la sombra mientras pudieron. El pueblo oriental, el que acompañó a Artigas hasta los últimos momentos siguió agazapado, reunido por los fogones, expectante de mejores condiciones para avanzar sobre los enemigos, y cuando es tiempo irrumpen desde los fogones con bandera bien alta. Fogoneros Nace el 19 de junio del 2003 (fecha conmemorativa del natalicio de José Artigas) producto de la síntesis de diversas experiencias militantes desde lo político y desde lo social. Podríamos reconocer tres fuentes: el grupo Liberación que reivindicaba el legado de Artigas, Sendic y el Che, la militancia estudiantil (sobre todo de secundaria) que tuvo arduas luchas desde 1996 hasta el 2002 y la militancia barrial desarrollada fundamentalmente en “cantegriles” (barrios donde se concentran los sectores más desposeídos). En ese bregar se van encontrando los distintos militantes, convencidos de que la transformación necesaria pasaba por un cambio de la correlación de fuerzas, que para ello se debía fortalecer el poder popular con miras a la conquista del Poder, contradiciendo las teorías de moda que llegaban desde los centros de poder. Si bien algunos de los militantes de FOGONEROS provienen de otras organizaciones que integraron las filas del pueblo para la gran mayoría esta es su primera experiencia política. La fecha de nacimiento elegida responde a la identificación con el artiguismo y a la convicción de que es una necesidad retomar los antecedentes de lucha más destacados de nuestro pueblo, junto a esto se toma la consigna “vencer o morir” con la que Artigas convocó a los orientales a lanzarse a la lucha contra los españoles y el propio nombre hace referencia a los fogones donde se reunía el pueblo oriental para luchar y conducir el proceso libertador, para fogonear la lucha popular. Junto a estos elementos la organización reivindica la lucha de los 60 y los 70 y a su mayor exponente: Ernesto Guevara. Su trabajo apuesta a fortalecer el poder del pueblo y dentro de esto un elemento sustancial es la organización política revolucionaria, apostando a la formación de cuadros, ligada a nuestro pueblo. El trabajo de inserción se ha extendido a nivel de trabajadores, a nivel barrial y estudiantil. Interviniendo directamente en la realidad para resistir la entrega los FOGONEROS han sido protagonistas de destacados actos de resistencia donde se destacan la acción de repudio a la presencia de Rodrigo de Rato (Director del FMI) en la residencia presidencial de Suárez el 31 de agosto de 2004, la resistencia a la aprobación del Tratado de Inversiones con Estados Unidos el 4 de noviembre de 2005 en la zona céntrica y en los alrededores del Palacio Legislativo el 21 y el 27 de diciembre de 2005, las acciones de repudio en rechazo a la aprobación del TIFA (acuerdo comercial hacia un TLC con Estados Unidos) el 3 de octubre de 2006 en la residencia de Suárez y el 25 de enero de 2007 en el Edificio Libertad, el contundente rechazo a la visita de Bush, el 9 de marzo del mismo año, y la reivindicación del 19 de junio pasado, desde el 8 de octubre de 2004 en cada aniversario del Che en la embajada yanqui. Actos de resistencia que han merecido la persecución de los aparatos represivos a los Fogoneros y a otros compañeros del pueblo. Las acciones anti-represivas, incluyendo la lucha por la libertad de los presos políticos han formando parte de la vida de la organización. Apostando a la unidad contra el enemigo principal conforma junto a otras organizaciones la Coordinación Antiimperialista. Y a la unidad de la Patria Grande en la articulación con otras organizaciones revolucionarias del continente y puntualmente formando parte de la Coordinadora Continental Bolivariana y del Encuentro Cono Sur. “Nunca más”, corte de calle y represión El 19 de junio próximo pasado se cumplía un nuevo aniversario del natalicio de nuestro prócer José Artigas, el cuarto aniversario de Fogoneros y el gobierno lo decretaba Día del Nunca Más, intentando enterrar la lucha revolucionaria. En ese marco, Fogoneros salen a la calle y realizan un corte de la Avenida 18 de julio, a la altura de la Universidad, para conmemorar el aniversario de la organización y reivindicar la lucha revolucionaria y a Artigas como un exponente mayor de la misma. Frente a esto el gobierno monta un operativo que fue fiel reflejo de la importancia que le dieron al mismo. El operativo policial, que incluyó el despliegue de varios equipos de choque, fue comandado por el propio jefe de Policía. Este estuvo en la explanada de la Universidad junto a todos los integrantes del comando de la Jefatura de Policía dirigiendo «in situ» cada fase de las operaciones. Se desplegó a casi todos los equipos de choque disponibles. Todos los efectivos del Grupo Especial de Patrullaje(GEP) -un equipo de choque de la Dirección de Seguridad de la Jefatura- y varios del Regimiento de Guardia Republicana(RGR) -con sus dos cuerpos: Guardia Metropolitana (infantería policial) y Guardia de Coraceros (caballería policial); algunos uniformados de la Dirección de Seguridad y personal de civil del Departamento de Operaciones Especiales. También personal de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia. El despliegue de efectivos fue apoyado con vehículos y carros hidrantes del RGR. La autodefensa hizo frente con lo que tuvo al alcance. El resultado fueron cuatro detenidos, el desenmascaramiento de quienes se pretenden conciliadores y el fogueo de un puñado de orientales que no está dispuesto a amilanarse y abre con su ejemplo el camino de la resistencia y la liberación. La citación frente a una denuncia policial de agresión, además de ser una nueva ofensa para el pueblo, es un intento de frenar lo nuevo que nace, que ha sabido parir jornadas como la contundente respuesta a la «visita» de Bush en nuestro país, la del mismo 19 de junio, o la del último 8 de octubre, que construye en los centros de estudio y de trabajo, en los barrios de la capital y en los pueblos del interior. Este es un nuevo intento de amilanar a los luchadores, de inhibir su proyecto emancipatorio, de distraer su labor militante. Este aparato represivo, que intenta legitimarse penando «cadáveres políticos», defiende los mismos intereses que antaño y persigue por pintar muros, por quemar banderas, por hacer uso de la legítima defensa, por luchar en favor del pueblo. Por todo eso convocamos a demostrar que no hay represión que detenga la lucha popular. Que su golpe se vuelva con nuestra fuerza. Vencer o morir Llamamos a estar alertas para rodear a los compañeros, a responder con la movilización sin abandonar el resto de las tareas que nos convocan sino como un jalón más de la resistencia antiimperialista por los intereses populares. Allí estaremos, avanzando con la lucha hacia la total liberación.
