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Información del artículo
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- Autor, David Robson
- Título del autor, BBC News
- Fecha de publicación 26 julio 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
La experiencia de estrés y la fatiga mental no surgieron en la era moderna: ya eran fenómenos frecuentes durante la Edad Media. Sorprendentemente, las enseñanzas medievales para lidiar con ellos siguen siendo relevantes hoy en día.
Los signos, como destacó Juan Casiano, eran constantes: agotamiento y desánimo, un deseo intenso de escapar del trabajo y confusión mental; una especie de desorden irracional que hacía que sus compañeros se sintieran inútiles, ociosos y buscaran el alivio del sueño.
Quienes han experimentado agotamiento, cansancio o depresión reconocerán muchos de estos síntomas, usualmente asociados a las presiones del mundo contemporáneo.
Sin embargo, Casiano vivió en el siglo V d.C. y su audiencia no eran ejecutivos ni emprendedores, sino los primeros cristianos sobrecargados por sus esfuerzos espirituales.
¿Podrían estas narraciones ayudarnos a comprender mejor nuestros propios malestares y quizá incluso ofrecer una vía para su alivio?
Esto es lo que plantea el reciente libro del historiador Peter Jones, «Autoayuda desde la Edad Media: un viaje a la mente medieval», que brinda una mirada detallada a cómo los llamados «sacerdotes terapeutas» —un término acuñado por Jones— acompañaban a sus congregantes para superar la angustia espiritual.

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Su estudio revela que los sentimientos de agotamiento han sido frecuentes a lo largo de la historia, un dato que puede reconfortar a cualquiera enfrentando una crisis espiritual profunda.
“La Edad Media encierra mucha sabiduría”, comenta Jones. Actualmente, observamos una oleada de libros sobre “filosofía del estilo de vida” que remiten a las enseñanzas de los antiguos estoicos; tal vez ha llegado el momento de considerar también algunos manuscritos medievales.
Perdido en Siberia
La inspiración para su libro surgió de una crisis personal: el invierno más severo que experimentó.
Por motivos que aún le resultan difíciles de entender, aceptó la cátedra de Historia en la Universidad de Tyumen, ubicada en Siberia.
El frío era tan intenso que, tras pasar apenas veinte minutos afuera, perdía sensibilidad en las piernas.
Además, enfrentaba dificultades con el idioma y la ausencia de su familia en Irlanda le pesaba enormemente.
“Se suponía que debía investigar y preparar mis clases, avanzar en mi carrera,” relata. “Pero no tenía la capacidad para hacer nada.”
Sin embargo, al empezar a crear un curso sobre los Siete Pecados Capitales, halló paralelos entre su propio malestar y las historias medievales que estudiaba.
“Está claro que atravesaron exactamente las mismas experiencias que nosotros,” reflexiona. “Los sentimientos son constantes, y las personas han enfrentado estas crisis siempre.”

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Jones explica que los pecados capitales no se mencionan en la Biblia sino que fueron definidos por los primeros pensadores cristianos, entre ellos Casiano.
Más tarde, el papa Gregorio Magno los perfeccionó. Según Jones, Gregorio consideró que constituían “una herramienta ideal para entender las enfermedades de la mente”.
Este esquema, que “organiza y procesa todos los pensamientos”, incluye: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria.
En el siglo XIII, se crearon diversos manuales populares que instruían a los sacerdotes terapeutas sobre cómo acompañar a las personas durante la confesión para superar estos conflictos.
“Al revisar estos textos, su semejanza con la terapia moderna es notable,” afirma Jones. En vez de reprender, “promueven un diálogo profundo y detallado que ataca la raíz del problema”.
Acedia: falta de amor, vacío espiritual
La pereza fue el término que mejor describió las emociones de Jones en Siberia.
Actualmente, esta palabra puede relacionarse con la indolencia o la falta intencional de actividad, pero los escritores medievales reconocían la desolación emocional que escondía esta dolencia.
Conocida como acedia, se definía como “la ausencia de amor, una parálisis en la preocupación y un vacío en el espíritu”, señala Jones.
“Ocurre cuando todo aquello que antes iluminaba tu día ahora te deja frío y sin interés”.

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Jones encontró una fuerte resonancia en un texto del siglo XIII, identificado como MS 306 en el Trinity College de Dublín.
El autor describe la acedia como “estar en medio de un río caudaloso, enfrentando una corriente que golpea mis piernas, pero sin fuerzas para avanzar”; una sensación de estancamiento que Jones reconoció bien durante su invierno en Siberia.
Mientras tanto, los escritos del Archipoeta —un autor anónimo del siglo XII alemán— relatan las grandes frustraciones de su labor burocrática, quejarse de un empleo fútil y extenuante, con reclamos que hoy día podrían ser comunes para cualquier ejecutivo.
“Sus poemas expresan la experiencia de trabajar sin descanso en un puesto que consideraba inútil y sin propósito, dando todo de sí mientras se exigía lo máximo”.
Jones no es el único historiador que observa estos paralelismos entre las dolencias medievales y los problemas actuales.
En su libro Exhausted, la historiadora cultural y coach ejecutiva Anna Katharina Schaffner establece un vínculo directo entre el agotamiento laboral moderno y la acedia medieval, cuyos síntomas incluían comer compulsivamente y buscar distracciones vacías en lugar de realizar un trabajo significativo.
“Se trata de un círculo vicioso clásico: los académicos se vuelven cada vez menos capaces de reflexionar y contemplar asuntos espirituales, mientras que sus intentos fallidos de restaurar energía empeoran aún más su estado”, escribe.
“En ese aspecto, son muy parecidos a nosotros: personas agotadas y quemadas del siglo XXI que se involucran en múltiples actividades igualmente infructuosas”.
Campos espinosos y montañas imponentes
¿Cuáles eran los remedios entonces? El autor del manuscrito MS 306 utiliza una metáfora bíblica implícita.
“Te guste o no, los jebuseos habitan dentro de tus fronteras”, escribió. “Puedes dominarlos, pero no erradicarlos”.
Jones explica que los jebuseos eran una antigua tribu que conquistó Jerusalén y era imposible de expulsar.
Así, el autor aconseja a quienes sufren acedia aprender a coexistir con sus emociones en lugar de combatirlas.

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El Tratado sobre las Virtudes y los Vicios, de William Peraldus, adopta una perspectiva parecida.
“Recomendaba recordar que ese campo de espinas eventualmente dará fruto”, señala Jones.
Para modificar nuestra manera de pensar, Peraldus propone hallar una “montaña fuerte”, un propósito trascendente que ayude a superar las dificultades.
“Se requiere el sostén y la fortaleza de alguien o algo amado para seguir adelante”, comenta Jones. “Si confías en las cosas que amas, con el tiempo ellas regresarán a ti”.
Jones advierte que, sin la solemnidad de los textos originales, “estas ideas pueden parecer triviales”, pero sus resumidos se parecen sustancialmente a las terapias modernas contra el agotamiento y otros trastornos emocionales.
Por ejemplo, la Terapia de Aceptación y Compromiso nos invita a aceptar las emociones sin intentar modificarlas.
Además de convivir con ellas, nos orienta a identificar nuestros valores y a actuar de forma que vivamos coherentemente con ellos.
Si agregamos las metáforas medievales de campos espinosos y montañas desafiantes, obtenemos una receta muy similar a la sugerida por Peraldus hace más de 800 años.
Quizás lo más valioso es que estos pensadores nos recuerdan la importancia del autoperdón, un concepto muy presente en la psicoterapia actual.

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Jones cita a Bernardo de Claraval, siglo XII, cofundador de los Caballeros Templarios.
“Comparaba la vida virtuosa con correr por un terreno escarpado, y afirmaba que quien corra una distancia suficiente terminará por caer o tropezar”, aclara Jones.
“Todos experimentaremos momentos de completa desorientación.”
Jones destaca que resulta reconfortante aceptar que no se está solo en el sufrimiento; cualquiera que sea el padecimiento, las personas han sentido lo mismo durante siglos.
“Es consolador sentir la compañía de quienes han enfrentado lo mismo”, concluye.

