Las claves
La entrevista a Zapatero en TVE combinó 20 minutos de preguntas agudas con otros 20 de tono más íntimo y victimista.
Zapatero evitó detallar aspectos cruciales sobre Plus Ultra, pagos a Whathefav y el origen de unas joyas tasadas en 1,3 millones de euros.
El expresidente denunció filtraciones de datos personales y presentó la investigación como exagerada y con motivaciones políticas.
La oposición criticó la entrevista por su tono indulgente y acusó a RTVE de blanquear a Zapatero y respaldar al Gobierno de Sánchez.
«Presidente, me gustaría preguntarle algo en un plano personal. ¿Cómo se encuentra usted?«.
En teoría, una entrevista en la televisión pública al primer expresidente del Gobierno de España imputado debería ser un ejercicio de fiscalización incómodo con preguntas incisivas orientadas a aclarar las muchas incógnitas que rodean el caso.
En la práctica, lo que ofreció este jueves Javier Ruiz en Mañaneros 360 no cumplió las expectativas acumuladas durante los 65 días en que José Luis Rodríguez Zapatero ha guardado silencio.
El cara a cara entre el periodista y el «presidente» –así lo llamó Ruiz a lo largo de todo el programa– dejó más dudas que certezas y acabó siendo el espacio ideal para que el socialista desplegara su versión de autodefensa sin sentirse acorralado.
Sí, hubo periodismo, una ráfaga de preguntas complejas durante los primeros 20 minutos. Pero después, la entrevista derivó hacia un tono más blando.
Se distinguieron dos fases: la primera, dedicada a los principales indicios de la investigación, y la segunda, enfocada en las filtraciones, los derechos vulnerados, el sufrimiento familiar y la supuesta politización del caso Zapatero.
«Presidente, hay, digamos, tres puntos abiertos: Plus Ultra, claro; sus hijas y Whathefav, también; y las joyas. Pero se extiende a una revisión de todas sus actividades internacionales. Se han filtrado sus agendas completas».
Hasta ese momento, Zapatero era el investigado que debía dar explicaciones sobre el rescate de la SEPI, los negocios de Análisis Relevante, los pagos a la compañía de sus hijas y unas joyas de origen desconocido valoradas en más de 1,3 millones de euros.
Luego, asumió el rol de víctima de una investigación que habría vulnerado su privacidad y divulgado sus relaciones personales.
A pesar de la dureza de las preguntas de Ruiz, la afirmación de que todo estaba «visto» resultaba extraña, pues ninguno de esos temas estaba realmente aclarado.
No se había solucionado la contradicción entre Zapatero y Julio Martínez respecto a quién coordinaba las gestiones de Plus Ultra.
Tampoco se detallaron los servicios que justificaban los pagos a Whathefav, y Zapatero evitó aclarar al decir: «las cifras las debe revisar bien, sinceramente, créame», sin más explicaciones.
Asimismo, no reveló el origen de las joyas, la identidad de su donante ni por qué no se declararon.
Ruiz sí abordó la posible violación del Código de Buen Gobierno impulsado por su propio Gobierno, lo que Zapatero calificó como «suceptible de interpretación«.
«Probablemente habría adoptado una decisión diferente».
Libre cancha para el victimismo
En la segunda parte de la entrevista en RTVE, Zapatero explicó que en el proceso se habían filtrado sus ingresos, transferencias, dos años completos de agenda, cerca de 600 eventos y menciones a unas 150 personas.
Denunció que incluso se habían incluido conversaciones con su secretaria, Gertrudis Alcázar, sobre el estado de salud de su padre, claves de dispositivos electrónicos y otros temas personales.
«Mi vida de los últimos dos años está ya expuesta para siempre«, lamentó.
Durante veinte minutos, el expresidente pudo mostrarse como víctima de una investigación desproporcionada, de filtraciones permanentes y de un juicio paralelo.
Ruiz le cuestionó si se trataba de un error o había alguna intención detrás.
Zapatero respondió que no quería especular sobre intenciones, pero definió lo sucedido como un problema «estructuralmente grave».
«¿A qué atribuye todo esto? ¿La Justicia le ha llegado o hay algo más aquí?«, interpeló Ruiz.
La pregunta abría de nuevo la puerta a la interpretación de que la investigación podría superar el ámbito habitual de la Justicia.
Desde ese instante, la charla fue adquiriendo un tono cada vez más político.
Zapatero agradeció el respaldo recibido del PSOE, de sus compañeros y del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Aseguró que no pretendía pedir un acto de fe, sino que se esperara a que los hechos demuestren su inocencia.
Ruiz se refirió entonces a unas declaraciones de Alberto Núñez Feijóo, quien había afirmado que sin el Gobierno de Sánchez Zapatero no habría podido delinquir.
«Mientras no exista una sentencia firme, aquí no ha delinquir nadie«, sentenció.
Posteriormente, desarrolló una extensa reflexión sobre la Constitución, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y las garantías que deben proteger cualquier proceso penal.
Cada evasiva de Zapatero fue seguida por una pregunta sobre otro tema, sin que Ruiz insistiera en las contradicciones o exigiera aclaraciones concretas.
Una ráfaga de preguntas duras que resultó inútil si el periodista no confrontaba al entrevistado con sus propias inconsistencias.
«Y usted, ¿cómo está?»
El giro se acentuó notablemente hacia el cierre de la entrevista.
«Voy a abrir la mesa a los periodistas que se sientan aquí, pero antes quiero preguntarle, además de todo esto, algo en clave personal. ¿Cómo está usted?«.
Zapatero respondió que estaba preocupado y atravesaba un momento «muy complicado».
El tono, como quien habla con un amigo, propició que Zapatero citara a Borges.
«Las humillaciones, desgracias y contratiempos son materia prima que da forma a nuestra obra o tarea«. Él añadió que su tarea consistía en defender su inocencia.
Ruiz siguió en esa línea. Preguntó por el estado de sus hijas y si algunos compañeros le habían dado la espalda.
El expresidente imputado habló del impacto sufrido por su familia, de la unión entre sus miembros y del apoyo recibido.
Aseguró que nadie en el PSOE le había abandonado y confesó que le dolía la posibilidad de que el partido saliera perjudicado.
«Lo más gratificante ha sido recibir tantas muestras de apoyo y cariño. […] Me duele pensar que el PSOE pueda verse afectado por la situación en que me encuentro».
Una entrevista dividida en dos actos
Antes del encuentro, Javier Ruiz había negado rotundamente que las preguntas estuvieran pactadas.
«No se ha arreglado esta entrevista. El único criterio es el periodístico. No ha habido presiones del Gobierno», afirmó.
El presentador denunció, en cambio, presiones del PP y Vox y pidió que dejaran trabajar a los periodistas.
A pesar de ello, la oposición volvió a mostrarse muy crítica con la entrevista.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, la calificó como una «sesión de mimo y masaje» y acusó a Moncloa de lanzar la operación «Salvar al soldado Zapatero, que es la operación Salvar al soldado Sánchez».
«Todos saben que [Javier Ruiz] es su amigo. Que ha cenado con él recientemente. Que no tendrá la mordacidad habitual».
Y añadió: «Esta entrevista parece más una confirmación de culpabilidad que una exoneración de conductas deshonestas y corruptas. Si fuera inocente, estaría declarando en el juzgado, no en la televisión pública».
Por su parte, la portavoz del PP en el Parlamento, Ester Muñoz, aseguró que Zapatero «fue a TVE a defender a Sánchez«.
«Fue una auténtica burla, no respondió a ninguna pregunta, solo defendió su inocencia y la del presidente porque sus destinos están entrelazados».
Finalmente, el líder de Vox, Santiago Abascal, sostuvo que RTVE está siendo usada para «blanquear» al expresidente y acusó a la televisión pública de estar «al servicio de una mafia» que se «atrinchera» para «blanquear a su capo, Zapatero».

