Mientras los equipos de extinción continúan enfrentándose a un incendio de gran intensidad, los ganaderos de la región viven una auténtica carrera contrarreloj para proteger a su ganado

El incendio forestal que comenzó en La Mierla, y que ya ha devastado más de 26.000 hectáreas en la Sierra Norte de Guadalajara, no solo deja un paisaje quemado y una gran cantidad de municipios confinados o evacuados. También amenaza con destruir el modo de vida de numerosas familias ganaderas, que observan impotentes cómo las llamas consumen los pastos, obligan a trasladar cientos de cabezas de ganado y ponen en peligro el trabajo de varias generaciones.
Mientras continúan los esfuerzos de los equipos para controlar un incendio de gran agresividad, los ganaderos del área enfrentan una carrera contra el tiempo para salvar a sus animales. Varios han tenido que conducir sus reses hacia zonas ya calcinadas, que se han convertido en el único refugio viable frente al avance del fuego, mientras otros admiten haber perdido parte de su ganado o temen que esta pérdida ocurra en las próximas horas.
«Solo nos queda rezar». Así resume Fernando Moreno, conocido como Nano y presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte de Guadalajara, el estado de ánimo de un sector sobrepasado por la magnitud del incendio.
Según explicó a Europa Press, la situación es «terrible» para la ganadería local y afecta prácticamente a todos los profesionales de la zona, muchos de los cuales siguen recorriendo montes y caminos para impedir que las llamas alcancen a sus animales.
A la amenaza directa del fuego se suma otro problema crítico para la supervivencia de las explotaciones: la desaparición de los pastos. Donde el ganado ha logrado ponerse a salvo ya no hay alimento disponible, por lo que los ganaderos deberán recurrir durante meses a la compra de pienso y forraje, incrementando así los costes para explotaciones familiares cuya viabilidad queda seriamente comprometida.
La preocupación también la refleja Pilar, madre de uno de los ganaderos afectados, quien describe una comarca donde «se quema el pueblo, se quema el ganado y se quema la vida». En su testimonio solicita mayor apoyo en el terreno para ayudar en el traslado de los animales y lamenta que muchas familias vean cómo el esfuerzo de toda una vida puede desaparecer en cuestión de horas.
El drama no concluye con la evacuación del ganado. Algunos animales llevan hasta tres días sin acceso a agua, se muestran cada vez más nerviosos y siguen siendo desplazados constantemente buscando zonas seguras. Incluso algunas naves ganaderas ya han sido afectadas por las llamas, empeorando aún más la situación.
El incendio de La Mierla avanza y ya ha quemado 13.000 hectáreas y hay 800 personas desalojadas
«SITUACIÓN DESOLADORA»
Desde Ujados, el ganadero David Santos resume otra de las grandes inquietudes del sector. Aunque ha logrado proteger a sus ovejas trasladándolas a zonas elevadas de la sierra, reconoce que la pérdida total de los pastos obligará a mantener durante mucho tiempo una alimentación artificial, con el impacto económico que esto supone para explotaciones que ya enfrentan un futuro incierto. «La situación es desoladora», comenta, mientras recuerda que muchos de los pinares quemados tardarán décadas en recuperarse.
El incendio también ha dejado una profunda huella humana en una comarca caracterizada por el envejecimiento de su población. A la incertidumbre de quienes permanecen confinados se suma el dolor de numerosos vecinos, especialmente ancianos, que han tenido que abandonar temporalmente sus hogares o contemplan cómo desaparece el paisaje que ayudaron a conservar durante años.
La progresión del fuego obligó este lunes a ampliar las medidas de protección civil. La dirección de la emergencia ha ordenado la evacuación de Alpedroches y el confinamiento de Hijes, Miedes de Atienza, Casillas, Bochones, Romanillos de Atienza y Bañuelos de Atienza, además de cerrar varias carreteras en la zona.
Más allá de las cifras del incendio, la Sierra Norte enfrenta ahora una herida que tardará años en sanar. A las más de 26.000 hectáreas calcinadas se añade la incertidumbre de un sector ganadero que lucha por salvar a su ganado y preservar un modo de vida estrechamente vinculado al territorio, consciente de que la recuperación del monte y de muchas explotaciones no sucederá en semanas o meses, sino probablemente en décadas.

