El mediocampista del Barça rememora con modestia sus comienzos en el bar familiar de Tenerife antes de alcanzar el reconocimiento mundial.
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Tras las luces de los grandes estadios europeos y la elegancia que exhibe en el campo, se oculta la historia de un joven que jamás ha olvidado sus raíces.
Pedri González, centrocampista canario del Barça y la selección española, representa la esencia de la humildad dentro del fútbol profesional. A diferencia de la arrogancia que suele rodear a muchas superestrellas deportivas, el tinerfeño conserva firmes los principios de esfuerzo y dedicación que interiorizó durante su infancia en las Islas Canarias.
La mejor expresión de esta actitud se evidenció en una entrevista concedida a la Revista SEMANA. En una conversación íntima, repasó sus orígenes familiares y recordó el arduo trabajo que realizaban sus padres en el negocio familiar, la Tasca Fernando, ubicada en la localidad de Tegueste, en Tenerife.
Ese sencillo establecimiento gastronómico fue donde se moldeó el carácter del actual internacional absoluto con la selección española.
Con la humildad que le distingue, el jugador, que tiene 23 años, admitió con franqueza el respeto y admiración que siente por el ejemplo de sus padres: «Pasé muchas horas fregando vasos y platos en el bar de mis padres, y fue una experiencia muy dura. Espero poder ayudarles para que no tengan que seguir trabajando tanto».
Pedri, durante un entrenamiento con España.
Estas palabras no constituyen una queja, sino un reconocimiento sincero a la cultura del esfuerzo. El futbolista señaló que, antes de firmar contratos millonarios y conquistar títulos, su realidad era colaborar en el negocio familiar para aliviar la carga laboral de quienes lo rodeaban.
La Tasca Fernando, que atendió durante más de cincuenta años a sus clientes habituales, no solo fue el lugar donde Pedri empezó a dar sus primeros toques entre las mesas, sino también el espacio donde aprendió el verdadero valor de ganarse la vida. El deseo que expresó en aquella entrevista finalmente se cumplió.
Su ascenso en el fútbol de élite mundial le ha permitido retribuir a sus padres el sacrificio invertido en su formación. De hecho, el emblemático bar cerró sus puertas tras 53 años de funcionamiento, lo que permitió a sus fundadores disfrutar de una merecida jubilación gracias al éxito profesional de su hijo.
La trayectoria de Pedri demuestra que el éxito más importante no se mide solo en títulos individuales, sino en la capacidad de cuidar y honrar a quienes contribuyeron a alcanzar la cima.

