Vicky, ex empleada doméstica jubilada, aconseja a los jóvenes ahorrar debido a la incertidumbre de la jubilación futura

Las empleadas del hogar cuentan con un salario mínimo garantizado que, para una jornada completa de 40 horas semanales, asciende a 17.094 euros brutos anuales

Una empleada del hogar durante su jornada laboral (Pixabay)

En la actualidad, las empleadas del hogar disponen de un salario mínimo establecido en España. Para quienes cumplen una jornada completa de 40 horas semanales, este llega a 17.094 euros brutos al año, lo que representa 1.221 euros mensuales en 14 pagas, o bien 1424,50 euros al mes si se prorratean las pagas extra en 12 mensualidades. En el caso del trabajo por horas, el pago mínimo es de 8,9 euros por cada hora efectiva trabajada. Sin embargo, la realidad muestra que muchas trabajadoras enfrentan carreras laborales parciales, interrupciones por responsabilidades familiares o insuficientes años cotizados, lo que deriva en pensiones reducidas. Un ejemplo es Vicky, una empleada doméstica que acaba de jubilarse tras una vida laboral dedicada primero a Chile y luego a España.

Para Vicky, jubilarse ha significado un cambio importante. Tras décadas de esfuerzo en distintos empleos, afirma que lo fundamental no ha sido únicamente poder retirarse, sino hacerlo manteniendo buena salud. “Lo mejor que le puede suceder a alguien que ha trabajado en el sector donde estuve toda la vida es jubilarse. Pero, sobre todo, jubilarse con salud”, confiesa Vicky a Infobae.

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Asimismo, reconoce haber conocido casos de personas que, aunque se jubilaron antes que ella, no pudieron disfrutar de esa etapa como esperaban o merecían. “Conozco personas mucho más jóvenes que yo que se han jubilado y no han disfrutado nada”, lamenta. Por ello, resalta que el trabajo debe ir de la mano con un cuidado constante de la salud. “Hay que trabajar duro y cuidar la salud para poder gozar estos momentos”, afirma. En su caso, afirma que estar en buenas condiciones físicas le ha permitido abordar la jubilación con optimismo. “Jubilarme con salud me ha dado la vida”, concluye.

“He tenido buenos jefes y me han tratado muy bien”

Con casi 68 años, Vicky reconoce que necesitaba poner fin a una rutina marcada por horarios exigentes y una dinámica laboral intensa. “Con 67, 68 años que cumplo, lo que cualquier persona desea es descansar, liberarse de esa rutina, de levantarse tan temprano, cumplir con horarios estrictos y no poder disfrutar demasiado porque hay que trabajar”, relata.

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Aunque disfruta de esta nueva etapa, hay algo que extraña especialmente: las personas con quienes compartió tantos años de trabajo. “Lo que más extraño son mis compañeros, con quienes viví momentos inolvidables, muchas risas y recibí mucho cariño de todos”, recuerda emocionada.

Su recorrido laboral comenzó fuera de España. Nacida en Chile, inició su camino en el mercado laboral en un taller textil, donde llevó a cabo diversas tareas relacionadas con la confección de ropa. “Empecé a trabajar en Chile, en un taller de tejidos, haciendo costuras, coser, planchar y embolsar para la venta. También confeccionábamos prendas para jóvenes”, cuenta.

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Años después, se trasladó a España, donde desarrolló la mayor parte de su carrera profesional trabajando en hogares particulares. Durante ese periodo, asegura haber tenido la fortuna de cruzarse con empleadores que valoraron su trabajo. “Aquí en España, he trabajado en casas la mayor parte del tiempo. No me puedo quejar, he tenido buenos jefes y me han tratado muy bien”, señala.

Como muchas mujeres de su generación, también hizo una pausa laboral para dedicarse al cuidado de sus hijos. Tras casarse, permaneció varios años centrada en la crianza hasta que regresó al mercado con empleos por horas. “Después de casarme, me dediqué a criar a mis hijos hasta que tenían tres años, momento en que empecé a trabajar por horas”, detalla.

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“No podría vivir sola de manera adecuada con la pensión que recibo”

La posibilidad de tener un empleo más estable llegó cuando ya contaba con 56 años. Entonces, comenzó a trabajar en un supermercado, donde asumió distintas funciones en diferentes departamentos. “Con algo de suerte, a los 56 años empecé mi último trabajo en un supermercado, donde era limpiadora, cajera y reponedora. Hacía de todo y mi día a día consistía en correr de un lado a otro”, detalla.

La realidad de muchas trabajadoras domésticas demuestra que las carreras laborales parciales, las interrupciones por el cuidado de la familia o los años cotizados insuficientes terminan traduciéndose en pensiones reducidas.

Sin embargo, esta trayectoria laboral no ha sido suficiente para asegurarle una pensión que le brinde estabilidad económica. Ella atribuye esta situación a que gran parte de sus años laborales, con un número limitado de cotizaciones, se desarrollaron en jornadas a tiempo parcial. “Yo, personalmente, no podría vivir dignamente con la pensión que recibo actualmente, porque solamente he trabajado 15 años a 30 horas semanales, por lo que mi pensión es muy baja”, señala.

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Su actualidad financiera depende, en buena medida, del hecho de que su marido aún trabaja. “Si no fuera porque tengo a mi marido trabajando y ahora estamos los dos solos en casa, no podría vivir”, admite.

“Para cuando mis hijos se jubilen, la jubilación probablemente ya no existirá”

Hoy, Vicky mira con inquietud al futuro del sistema de pensiones, basándose en su experiencia. Aunque reconoce que es una opinión personal, cree que las nuevas generaciones deberían prepararse para una realidad distinta a la que ella ha conocido. “A los jóvenes, en especial, les aconsejaría que encuentren formas de ahorrar por cuenta propia, ya que cuando ellos tengan que retirarse, es posible que la jubilación tal como la conocemos no exista, y tendrán que buscar opciones para asegurar una vejez estable y digna”, advierte.

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Incluso manifiesta preocupación por sus propios hijos. “Pienso que, para cuando mis hijos se jubilen, probablemente la jubilación ya no existirá, porque veo que la situación está muy deteriorada”, concluye.

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