El impacto emocional en los médicos que atienden a los niños heridos tras el terremoto en Venezuela: «Ya no quiero ser pediatra»

Médico revisa a un niño en un hospital de campaña en Catia La Mar

Fuente de la imagen, Reuters

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 10 julio 2026
  • Tiempo de lectura: 7 min

Advertencia: las descripciones pueden afectar la sensibilidad de la audiencia.

El doctor X atendió a decenas de niños atrapados bajo los escombros durante seis días consecutivos.

Los primeros en arribar a la sala de emergencias pediátrica gritaban y lloraban, con dolor por las heridas ocasionadas mientras sus padres los sacaban de los edificios tras el doble terremoto que remeció el norte de Venezuela, el miércoles 24 de junio a las 18:04.

Con el paso del tiempo, los casos se agravaron: pacientes con necrosis o hinchazón en las piernas debido a la acumulación de sangre, enfrentando riesgo de shock o insuficiencia renal por las toxinas liberadas en los músculos comprimidos bajo los escombros.

A diferencia de los casos iniciales, estos niños llegaban inconscientes, sin documentos ni acompañantes.

«El problema radica en el traslado en condiciones desordenadas. No suelen llevar al paciente ideal, es decir, un niño en ambulancia con una vía ya establecida durante el trayecto», explica el pediatra de emergencias con la voz entrecortada por la emoción.

«Me conmueve profundamente, porque muchos de estos niños que celebrábamos haber sacado con vida terminan falleciendo o con secuelas graves, especialmente amputaciones o daños renales».

Paciente en Catia La Mar

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Con 62 años, el doctor X siente «pena» al solicitar anonimato, pero considera que en este momento puede «hacer mucho más siendo reservado».

En ocasiones anteriores, le rompieron los vidrios del coche por negarse a recetar antibióticos sin justificación.

A lo largo de sus 34 años de trayectoria, nunca había observado un caos tan grande como el generado por estos terremotos, ni siquiera en episodios de conmoción social que también enfrentó en Venezuela: El Caracazo (1989), el deslave de Vargas (1999) y la pandemia de coronavirus (2020 y 2021).

«En varias ocasiones he sentido que no quiero continuar como pediatra. La expresión de esos niños permanece con uno eternamente», cuenta mientras aparta la cámara durante una videollamada para contener sus lágrimas.

El doctor X comenta que cada niño que llega le recuerda a sus nietos o hijos de cuando eran pequeños.

«Lo más difícil es la incertidumbre de no saber qué responder cuando preguntan por sus padres o el dolor de saber que ya fallecieron sin poder decirles la verdad».

Mapa terremoto en Venezuela

«No puedo estar tranquilo»

Mientras el doctor X se ocupa de los niños, el doctor R se enfoca en el impacto emocional y psicológico que sufren las personas mayores.

A varios kilómetros, en otro hospital de Caracas, el doctor R inició su carrera como internista hace algunos años. También pide mantener su identidad en reserva para evitar represalias.

«Muchos adultos mayores quedaron solos, sin familiares ni apoyo cercano. Algunos no recuerdan su propio nombre ni datos importantes sobre su identidad… Parece que han experimentado una amnesia relacionada con ese momento».

Durante las últimas dos semanas, el doctor R ha excedido su horario habitual, trabajando incluso durante sus días libres.

«Voy al hospital por decisión propia, porque no logro estar tranquilo. Duermo mal y no descanso bien, y eso afecta tanto a la salud mental como física».

«No solo se trata de los pacientes derivados de la tragedia, sino también de quienes ya estaban internados y necesitan atención continua».

Al igual que sus pacientes, en los primeros días temía ser víctima de las réplicas sísmicas.

Médico revisa a paciente en Catia La Mar

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

El laboratorio del hospital donde trabaja el doctor R permaneció inoperativo durante las primeras 48 horas tras los terremotos, impidiendo realizar pruebas para medir «los niveles de toxinas» en pacientes con síndrome de aplastamiento.

«Todas las muestras tuvieron que enviarse a laboratorios externos. Si se hubieran hecho dentro del hospital, el resultado demoraría 45 minutos. En cambio, cuando el familiar localizaba el laboratorio, entregaba la muestra y luego traía los resultados, el proceso podía tardar hasta dos horas».

El médico internista aclara que ese retraso «marca una diferencia considerable en la supervivencia del paciente».

Cuando las pruebas indicaban contaminación sanguínea, era necesario programar diálisis, aunque no había catéteres disponibles para conectar a las máquinas depuradoras de sangre.

«El sábado (27 de junio) recibimos una donación de catéteres que se agotaron ese mismo día. Desde ese fin de semana dependemos completamente de las donaciones».

Durante esos días, pacientes y familiares se alimentaron gracias a donativos de organizaciones locales y voluntarios que cocinaban en sus casas y distribuían comida en el hospital.

Voluntarios en la UCV

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Una sala situacional

Como decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el doctor Mario Patiño dirige una extensa institución dedicada a la formación de pregrado y posgrado. Sus programas se imparten en 21 hospitales públicos de la capital, y más de 2.000 estudiantes están matriculados en especializaciones.

Desde la noche del miércoles 24 de junio, toda esa estructura, apoyada por decenas de voluntarios, se movilizó para establecer centros de acopio y suministrar a los hospitales los recursos necesarios para atender a los heridos tras los terremotos.

«En un principio algunos directores de hospitales públicos mostraron resistencia, pero rápidamente comprendieron que, sin esta ayuda, los médicos no podrían cumplir con su labor».

Patiño comenta que, al inicio, recibieron donaciones variadas, incluso medicamentos con cinco años de vencimiento. Sin embargo, la mayoría de voluntarios, estudiantes y profesores de la UCV, organizaron y seleccionaron cuidadosamente las ayudas.

«Entre los donativos destacan artículos como ventiladores para soporte respiratorio mecánico invasivo… Incluso un tomógrafo y un resonador que fueron entregados a un hospital público de Caracas».

Durante las primeras 48 horas, los estudiantes de la Escuela de Computación de la UCV desarrollaron una aplicación para administrar los insumos conforme a las «demandas de cada centro hospitalario».

Para supervisar el avance de la crisis, dispusieron una sala situacional que les ha permitido ajustar sus acciones según las necesidades.

Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela

Fuente de la imagen, Getty Images

«Este sistema de salud saldrá fortalecido gracias a la solidaridad que ha surgido», opina Patiño.

Sin embargo, advierte que la ayuda debe enfocarse en la fase siguiente: el riesgo de contagio de infecciones.

«Hemos dejado atrás la etapa de fallecimientos derivada directamente de la tragedia para pasar a un área de salud pública vinculada al hacinamiento en refugios, manejo de agua potable y disposición de excretas».

«Actualmente trabajamos en alternativas para enfrentar las enfermedades infecciosas».

Dos semanas después de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 separados por apenas 39 segundos que afectaron Venezuela, el balance más reciente reporta 3.811 fallecidos, 16.740 heridos, 6.462 personas rescatadas y 17.907 damnificados.

La ONU estima que hay cerca de 50.000 desaparecidos en el país.

Cartel de personas desaparecidas en los terremotos de Venezuela

Fuente de la imagen, EPA

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