Los seis jugadores formados en Francia que integran la selección de Marruecos y su impacto frente a ‘Les Bleus’

Ayyoub Bouaddi fue capitán de la sub21 de Francia y ahora juega el Mundial con Marruecos. Fouzi Lekjaa fue el primero en comprender que la emigración marroquí a Europa había creado a lo largo de décadas una fuente constante de talento.

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Issa Diop nació en Toulouse y durante doce años afirmó con firmeza que vestiría exclusivamente una camiseta: la azul de Francia.

Ayyoub Bouaddi, formado en Senlis, a 40 kilómetros de París, lideró como capitán a la sub21 francesa hasta la pasada primavera.

Gessime Yassine vino al mundo en Salon-de-Provence y aún no ha cumplido 21 años. Los tres intentarán esta noche eliminar a la selección del país de su nacimiento.

No están solos: junto a ellos, Neil El Aynaoui, Redouane Halhal y Samir El Mourabet completan un grupo de seis jugadores nacidos en Francia que han convertido a Marruecos en el fenómeno sociológico —y futbolístico— más destacado de este Mundial.

Únicamente España aporta un número equivalente de futbolistas al equipo africano. Paradójicamente, la diáspora marroquí en territorio francés podría dejar a Francia fuera de semifinales.

La historia de estos seis casos no es casual. El artífice del proyecto es Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol desde 2014, un directivo que captó antes que nadie que la emigración marroquí hacia Europa —especialmente en Francia, España, Bélgica y los Países Bajos— había generado durante décadas un manantial de talento difícil de absorber para las principales selecciones europeas.

Su herramienta clave es Rabie Takassa, exfutbolista radicado en Madrid que dirige una red de exploradores en todo el continente con la misión de detectar, desde los 13 años, a jóvenes descendientes de marroquíes atrapados en canteras donde las probabilidades de ascenso a la élite son muy bajas.

La principal arma legal que facilita esta labor es el One-Time Change de la FIFA: un jugador puede modificar su selección siempre que no haya disputado partidos oficiales con la absoluta. En 2025, la FIFA amplió aún más esta ventana normativa.

Diop, el converso

Ningún caso ejemplifica mejor la eficacia de este mecanismo que Issa Diop. El central de Toulouse —actualmente en el Fulham— tenía triple elegibilidad para jugar con Francia, Marruecos o Senegal. En 2018, con 21 años, Hervé Renard intentó persuadirlo apelando a sus raíces maternas. Por su parte, el senegalés Aliou Cissé viajó personalmente a Francia con el mismo objetivo. Diop rechazó ambas propuestas: «Nací en Francia, solo jugaré para Francia».

Durante seis años fue un candidato constante que Deschamps jamás convocó. La puerta permanecía cerrada cuando Mohamed Ouahbi, el nuevo seleccionador marroquí nombrado en febrero, mantuvo con él lo que el propio técnico calificó como una charla muy directa. El 26 de marzo pasado, la FIFA autorizó el cambio de elegibilidad.

Issa Diop celebra su gol contra Países Bajos en el Mundial.

Issa Diop celebra su gol contra Países Bajos en el Mundial. Reuters

Al día siguiente, Diop debutó con Marruecos en Madrid frente a Ecuador. Tres meses después, anotó el gol en el minuto añadido que eliminó a Países Bajos y clasificó a su equipo para octavos de final. Esta noche, en el mejor momento de su carrera, se enfrenta a la selección que siempre soñó representar.

La jugada maestra de Lekjaa

Mientras Diop representa una conversión pausada, el caso de Ayyoub Bouaddi es una muestra de audacia institucional. El centrocampista del Lille, nacido en 2007, fue durante años la joya más preciada del fútbol formativo francés: debutó en la sub16, sub17, sub18, sub20 y llegó a capitanear la sub21.

En diciembre de 2025, Lekjaa ya había declarado públicamente su interés por él. Sin embargo, la ofensiva definitiva se produjo en marzo: el presidente de la federación y el seleccionador Ouahbi volaron a Lille, asistieron al partido del LOSC contra Aston Villa en la Europa League y se reunieron con el jugador y su familia.

Bouaddi reconoció luego que inicialmente no quería cambiar de selección. La promesa de un rol destacado en un equipo en crecimiento, frente a la espera prolongada detrás de jugadores consolidados en la selección francesa, inclinó la balanza.

La FIFA autorizó su cambio de elegibilidad el 15 de mayo, tres semanas antes del inicio del Mundial. Su debut oficial con Marruecos fue frente a Brasil, en el arranque de la fase de grupos. Ese encuentro lo catapultó como una de las grandes revelaciones del torneo y elevó su valor de mercado hasta los 75 millones de euros.

Los que nunca dudaron

En contraste con estas conversiones impactantes, los otros cuatro casos reflejan historias de lealtad temprana.

Redouane Halhal, nacido en el barrio de La Mosson de Montpellier —uno de los focos de la diáspora norteafricana en el sur de Francia—, fue formado en la cantera del Montpellier HSC y desde el primer llamado de las selecciones marroquíes respondió afirmativamente.

Jugó con la sub20 de Marruecos desde 2020 y participó en la Copa Africana sub23 de 2023, que Marruecos ganó. Su debut con la absoluta se produjo en los amistosos de marzo convocados por Ouahbi, el mismo periodo en que irrumpieron Diop, El Mourabet y El Aynaoui.

Neil El Aynaoui, con la selección de Marruecos.

Neil El Aynaoui, con la selección de Marruecos. Reuters

Neil El Aynaoui ha vivido entre dos mundos deportivos durante toda su vida. Su padre, Younes, fue el mejor tenista marroquí de la historia, alcanzó el puesto 14 en el ranking ATP y estableció su residencia entre Rabat, Nancy y Barcelona. Hasta los once años, Neil pasó más tiempo en pistas de tenis que en campos de fútbol.

Después, el fútbol capturó totalmente su atención. Se formó en el AS Nancy-Lorraine, fue fichado por el Lens en 2023 por menos de un millón y su progreso fue tan rápido que la Roma pagó 23,5 millones en julio de 2025 para incorporarlo a la Serie A.

La elección de Marruecos fue una decisión familiar sin conflictos: su padre es marroquí, y Neil, fan de Iniesta y habitual con el dorsal 8 —aunque en la selección lleva el ’24’— quiso honrar sus raíces desde el primer día.

El camino más inusual corresponde a Samir El Mourabet. El centrocampista del Estrasburgo fue descartado por su club a los 13 años, parcialmente por limitaciones físicas.

Su respuesta fue reinventarse en el fútbol sala: se unió al equipo de Lyon, donde alcanzó el nivel nacional sub19 en esta modalidad. Rechazó una propuesta profesional de futsal en España para retornar al fútbol once con el Racing de Estrasburgo, firmando un contrato profesional en mayo de 2024.

Antes, en 2023, ya había decidido representar a Marruecos, acumulando nueve participaciones con la sub20. Fue él quien, al entrar en el minuto 65 del partido frente a Brasil, completó el once totalmente formado por jugadores nacidos fuera de Marruecos: un hito sin precedentes en 92 años de Copa del Mundo.

Gessime Yassine y Samir El Mourabet, en el partido contra Países Bajos en el Mundial.

Gessime Yassine y Samir El Mourabet, en el partido contra Países Bajos en el Mundial. Reuters

Gessime Yassine, el más joven del grupo, ni siquiera necesitó ser persuadido. El extremo del Estrasburgo, nacido en Salon-de-Provence en 2005, eligió las selecciones marroquíes desde categorías inferiores.

En 2025 fue proclamado mejor jugador del Mundial sub20 de Chile, donde Marruecos derrotó a Argentina en la final. Su entrenador en ese torneo era el mismo Ouahbi que hoy dirige la absoluta. La confianza entre ellos estaba ya consolidada cuando comenzó el Mundial.

En su debut ante Haití, tardó solo 19 minutos en marcar, convirtiéndose en el marroquí más joven en anotar en una Copa del Mundo.

Esta noche, en Boston, seis jugadores nacidos en Francia intentarán dejar a Francia fuera de semifinales. Esta paradoja tiene nombre y apellidos, fruto de un proceso que comenzó mucho antes de que alguien hubiera puesto el foco en ellos.

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