La Fiscalía solicita 27 años de cárcel para Joaquín Martins por un delito de secuestro con agravante de alevosía, entre otros cargos

Más de treinta años tras el crimen de Alcàsser, uno de los casos más destacados de la crónica negra en España, el apellido Anglés reaparece en un procedimiento judicial desarrollado en Valencia. En la Audiencia Provincial se juzga a varias personas por un supuesto secuestro con torturas ocurrido en noviembre de 2021, entre ellas, un hermano de Antonio Anglés, fugitivo vinculado a aquel caso. La Fiscalía solicita 27 años de prisión por un delito de secuestro con la agravante de alevosía, además de los cargos por lesiones, amenazas, robo con violencia, daños y pertenencia a grupo criminal.
El 13 de noviembre de 1992, Miriam, Toñi y Desiré hicieron autostop para acudir a una fiesta, pero nunca llegaron a su destino. Semanas más tarde, tras una intensa búsqueda y una cobertura mediática sin precedentes en la televisión española, fueron encontrados sus cuerpos sin vida. Miguel Ricart fue detenido, juzgado y condenado; tras cumplir su pena, ha quedado en libertad, mientras que Antonio Anglés logró escapar de las autoridades y permanece en paradero desconocido.
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No obstante, este miércoles, tras más de tres décadas, los titulares vuelven a mencionar el apellido Anglés, aunque por motivos desvinculados del caso Alcàsser. En esta ocasión, uno de los hermanos de Antonio Anglés, que hace años cambió su identidad y pasó a llamarse Joaquín Martins —usando el segundo apellido familiar—, se encuentra nuevamente en el centro del proceso judicial.
“Yo soy inocente”, sostiene el hermano Anglés
“Yo soy inocente, solo eso puedo decir”, declaró Martins a los medios al salir de la vista, donde aseguró que el juicio había transcurrido “bien”. “Me siento positivo, como debía ser. Si uno es inocente y está en otro lugar, hay cámaras, testigos, y está tranquilo”, añadió el hermano de Antonio Anglés.
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De acuerdo con la víctima en la sesión celebrada en la Audiencia Provincial de Valencia, el secuestro y las torturas sufridas en noviembre de 2021 habrían sido cometidos supuestamente por varias personas, incluido Joaquín Martins. “Me golpearon durante dos horas, me cortaron la oreja, me amenazaron con secuestrar a mi esposa y a mi hijo y me quemaron la espalda con brasas”, relató. Según su declaración, los presuntos agresores le exigían hasta 150.000 euros.
Un secuestro premeditado
El rapto tuvo lugar el 29 de noviembre de 2021, aunque su planificación arrancó varios días antes. Según la investigación, los responsables robaron y cambiaron las matrículas de varias furgonetas para llevar a cabo el plan. Además, siguieron a la víctima y le colocaron una baliza para rastrearlo. La víctima indicó que conocía a uno de los implicados, el hermano de Antonio Anglés, con quien había coincidido en fiestas en ocasiones previas.
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La víctima narró que aquel día, cuando se dirigía a su chalet en Montserrat, por un camino rodeado de naranjos, dos furgonetas le cerraron el paso: “Casi me embistieron. No tenía posibilidad de salir”. Varias personas bajaron de los vehículos, vestidas de oscuro y con pasamontañas, gritando que eran Guardia Civil. “Me asusté. Tenía el coche cerrado. Un hombre más corpulento, que llevaba algo en la mano, rompió el cristal. Salieron más personas y me sacaron a golpes mientras me gritaban”, describió.

“Me sacaron del coche y empezaron los golpes, golpes y más golpes. Pedía ayuda, gritaba y estaba aterrorizado. La sangre me corría por la cabeza y no podía ver, tuve que apartarla. Me agarré a una valla y, finalmente, me tiraron al suelo; llegó otro chico, me aplicó la técnica del ‘mataleón’ y quedé aturdido. Me metieron a la fuerza en una furgoneta blanca”, narró. Durante unos 20 o 25 minutos, la víctima estuvo esposada en la parte trasera del vehículo junto a dos personas más: “Intenté escapar, patée la puerta, se abrió y un hombre la cerró, perdiendo una zapatilla y un calcetín”.
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“Me metieron adentro y comenzó la tortura”
Fueron llevados a una nave o cuadra en un camino de Catarroja. “Allí alguien esperaba, abrió unos cerrojos, me introdujeron y comenzó la tortura”, indicó. Dentro del recinto, permaneció desnudo, bocabajo y esposado. Varias personas exigían dinero y amenazaron con matarlo o secuestrar a su familia: “Pedían 100.000, 150.000 euros… y finalmente 10.000 o 20.000 euros, lo que tuviera. Me dejaron semiinconsciente”.
Además, relató que la tortura duró cerca de dos horas. “Me amenazaban con cortarme los dedos y enterrarme en un hoyo. Me tiraban agua, me pusieron una cadena como de perro y me golpeaban con cadenazos 10 o 15 veces cada vez que decía que no tenía dinero”, añadió. “Me golpeaban en glúteos, piernas y espalda. Tenía hematomas y dolores… No había sentido un dolor así en mi vida. Estaba casi inconsciente”.
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La víctima explicó que solo disponía en casa de entre 1.000 y 2.000 euros, mientras que la mayor parte de su dinero estaba en el banco. Finalmente, le quitaron las llaves, el móvil, la cartera y todo lo que llevaba encima, para luego subirlo, desnudo y esposado, nuevamente a la furgoneta: “Estaba medio en coma”. Tras unos diez minutos en el vehículo, los secuestradores disminuyeron la velocidad y lo arrojaron a la carretera en Paiporta.
Al observar un barranco, se lanzó para esconderse, temiendo que le dispararan. Cuando comprobó que se habían ido, logró salir hacia unos campos hasta que un motorista se detuvo para socorrerlo. Pidió a ese motorista que llamara a su esposa y a sus padres. “Me vieron en ese estado. Mi mujer se lanzó sobre mí y mi padre rompió a llorar”. Las lesiones tardaron 17 días en curarse.
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