El arzobispo de Mérida-Badajoz conferirá este sábado la ordenación como primer diácono permanente a un hombre casado y padre de un hijo

Juan Antonio Morquecho, de 55 años, podrá predicar, bautizar, asistir matrimonios y ejercer su ministerio sin abandonar su vida familiar ni su actividad laboral.

El arzobispo (izq.), junto a Juan Antonio Morquecho (dcha.), primer diácono permanente de la archidiócesis.

El arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo, ordenará este sábado, 27 de junio, al primer diácono permanente de la archidiócesis: Juan Antonio Morquecho, de 55 años, oriundo de Almendralejo, casado y padre de un hijo.

El acto se llevará a cabo en la Catedral Metropolitana de Badajoz a las 11:00 horas, en lo que la Archidiócesis de Mérida-Badajoz califica como un «evento histórico«, al tratarse de la primera ordenación de diácono permanente en esta archidiócesis.

De acuerdo con la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, el diaconado constituye el primer grado del orden ministerial (seguido del sacerdote y del obispo), y generalmente se otorga a candidatos en camino hacia el sacerdocio; sin embargo, en el caso del diaconado permanente, el sacramento puede conferirse tanto a célibes como a casados, como sucede con Juan Antonio Morquecho.

Por lo tanto, las responsabilidades del diácono se dividen en tres ámbitos: el servicio de la palabra, la caridad y la liturgia. Dentro de estas, se incluyen asistir al obispo y sacerdotes durante funciones litúrgicas, administrar el bautismo solemnemente, actuar como ministro ordinario de la comunión, presidir bodas, administrar sacramentales, dirigir ritos fúnebres y sepulcrales, así como conducir la celebración de la Palabra de Dios.

Además, puede leer las Sagradas Escrituras a los fieles, instruir y motivar a la comunidad (inclusive pronunciar homilías) y encabezar otros oficios litúrgicos y oraciones.

Entre sus tareas figura el servicio a los más necesitados y la presencia activa de la Iglesia en la sociedad a través de sus actividades profesionales, ya que los diáconos permanentes pueden desempeñar cualquier profesión que no contradiga su ministerio ni obstaculice su cumplimiento, según indica la archidiócesis.

Asimismo, se señala que pueden acceder al diaconado permanente hombres célibes, casados o viudos hasta los 60 años. En este sentido, los célibes asumen un compromiso de celibato perpetuo y deben tener al menos 25 años para la ordenación, mientras que los varones casados deben contar con 35 años para ser ordenados.

Se requiere, además, el consentimiento de la esposa y de los hijos mayores de edad, así como que la esposa posea las virtudes necesarias para cooperar en el servicio ministerial del esposo. También se exige estabilidad familiar y un mínimo de cinco años de vida matrimonial.

En cuanto a los hombres viudos que reciban la ordenación diaconal, se estipula que quedan impedidos para casarse nuevamente; esta norma es válida también para diáconos que enviuden tras la ordenación. Los candidatos viudos deben haber proporcionado o estar en condiciones de proveer un cuidado digno y cristiano a sus hijos.

Por último, la archidiócesis subraya que los aspirantes deben contar con formación humana, espiritual e intelectual y, tras su admisión por parte del obispo, iniciarán un proceso de discernimiento cuya duración será de un año.

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