Análisis del rendimiento de España en las segundas partes: un gol marcado, 13 remates menos y una ‘Unidad B’ sin conexión

Los futbolistas de España, antes del partido contra Uruguay. La escasa influencia de los revulsivos junto con las lesiones de piezas clave están ralentizando la evolución de España en las segundas partes.

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El triunfo en un Mundial depende en gran medida de los detalles y de la constancia colectiva durante los 90 minutos. Para la selección dirigida por Luis de la Fuente, el torneo evidencia una marcada disparidad en el rendimiento entre ambos períodos. Se observa un conjunto dominante, fluido y efectivo antes del descanso, frente a una versión más plana y previsible tras el paso por vestuarios.

Esta carencia de continuidad en las segundas mitades se ha convertido en el principal foco del cuerpo técnico, que precisa estabilizar el juego del equipo en los momentos cruciales del partido. La explicación de esta caída apunta a la escasa cohesión de la ‘Unidad B’ para adaptarse a los diferentes escenarios tácticos.

Los datos confirman esta desconexión: apenas un gol anotado en los tramos finales, una clara reducción en la producción ofensiva —reflejada en esos 13 remates menos en momentos clave— y un banquillo que no aporta soluciones definen el diagnóstico de esta dificultad en las segundas partes.

Más que un problema físico, los cambios efectuados en las segundas mitades están rompiendo los automatismos del bloque titular en vez de potenciar el rendimiento del equipo.

Análisis de un cambio

Para evaluar con precisión el desempeño de España en las segundas partes, es fundamental considerar el contexto específico de cada encuentro.

Las razones del declive varían notablemente entre la gestión de una ventaja y la incapacidad táctica. Las estadísticas muestran un patrón a la baja en los duelos contra Arabia Saudí, Uruguay y Cabo Verde, aunque la pizarra señala que las causas no siempre son iguales.

El partido frente a Arabia Saudí ejemplifica perfectamente la desconexión causada por la gestión del esfuerzo. Durante la primera mitad, España desarrolló unos 45 minutos de gran nivel. Controló al adversario con un 72% de posesión, generó un índice de goles esperados de 1.10 y dominó el área rival con un total de 17 disparos.

Con el encuentro prácticamente decidido gracias a esa ventaja temprana, el equipo bajó el ritmo intencionadamente tras la reanudación.

Luis de la Fuente, pensativo durante el partido contra Cabo Verde.

Luis de la Fuente, pensativo durante el partido contra Cabo Verde. REUTERS

La Selección optó por controlar el juego y preservar fuerzas, lo que provocó que el volumen ofensivo descendiera de forma considerable. Se intentaron únicamente 4 disparos —la diferencia de 13 remates menos que indica el titular— y el índice de goles esperados bajó a un 0.30, reemplazando la fluidez por una posesión horizontal del 81%.

La situación fue distinta ante Uruguay. Contra el combinado charrúa, la caída no se debió a una relajación tras asegurar el resultado, sino a la clara dificultad para encontrar alternativas contra un adversario replegado.

Aunque la posesión se amplió al 68% en la segunda mitad, la producción ofensiva fue escasa: solo 2 tiros en total y ninguno entre los tres palos. La única excepción dentro de este estancamiento creativo fue una oportunidad clara de Ferran Torres, cuyo disparo impactó en el larguero.

Unai Simón charla con Gavi durante la primera pausa de hidratación.

Unai Simón charla con Gavi durante la primera pausa de hidratación. Reuters

Más allá de dicha oportunidad puntual, la escasa fluidez reflejó una falta de recursos cuando el plan inicial no encuentra grietas en el rival. Incluso en el partido frente a Cabo Verde se repitió esa misma tendencia a la falta de intensidad en la etapa final.

El conjunto incrementó su posesión desde el 70% hasta el 78% tras el descanso. A pesar de ello, esa acumulación de pases en zonas interiores no se tradujo en una mayor agresividad, evidenciando que en ocasiones el control del ritmo termina confundido con la parálisis durante el avance de los minutos.

Los nombres propios

Este panorama colectivo se origina en el rendimiento de los futbolistas que deben activar los partidos desde el banquillo. La aparente profundidad de plantilla de España se ha visto afectada por una combinación de falta de ritmo, problemas de confianza y una inoportuna sucesión de lesiones que reduce las opciones del seleccionador.

En los extremos, la situación es complicada. Nico Williams llegó al Mundial con ciertas dudas, condicionado por una inactividad física que, por ahora, le impide mostrar su habitual desborde y capacidad de uno contra uno. Además, su lesión muscular en el aductor genera preocupación de cara a lo que queda de torneo.

En la banda contraria, Yeremy Pino tampoco ha conseguido ser el revulsivo eléctrico que el equipo necesita. Su condición empeora tras un fuerte golpe en el hombro contra Uruguay que derivó en una fisura en la clavícula.

Por su parte, Ferran Torres representa la crisis de efectividad en el ataque. El jugador valenciano suele aportar actividad, solidaridad en la presión y mucho empeño en sus movimientos, pero enfrenta serias dificultades a la hora de definir. Esta falta de acierto reduce la confianza necesaria para culminar jugadas.

En el centro del campo, Fabián Ruiz pierde protagonismo en las segundas mitades, mientras que Mikel Merino actualmente se encuentra lejos de su mejor forma física y técnica, mostrando imprecisión en sus pases.

Además, la inactividad de Martín Zubimendi es notable. El pivote aún no ha debutado en esta Copa del Mundo, una decisión que sobrecarga de minutos a Rodri Hernández y priva al equipo de un perfil natural para equilibrar la dinámica en momentos delicados.

Dani Olmo y Mikel Merino chocan sus manos.

Dani Olmo y Mikel Merino chocan sus manos. REUTERS

En medio de este desierto de soluciones, Dani Olmo sobresale como la única nota positiva. El mediapunta es el único integrante de la Unidad B que destaca cada vez que ingresa en el campo. Olmo aporta la agresividad, el juego entre líneas y el disparo que faltan en el resto de las sustituciones.

No obstante, un solo jugador no puede cargar con la responsabilidad de las segundas mitades. Si España quiere avanzar con firmeza en este Mundial, el cuerpo técnico debe hallar la fórmula para reactivar el rendimiento del banquillo antes de que las eliminatorias directas agraven estos apagones.

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