El Comunista $my_year $sep $my_month

Una información oportuna puede salvar una vida. Un mensaje a tiempo puede significar una victoria o una derrota. El cuadro se vuelve mucho más complejo si nos ubicamos en Cuba a mediados del siglo XX, en medio de la guerrilla.

Con la adversidad constante a la que se enfrentaron los guerrilleros, el papel de los correos clandestinos era crucial. Mantener informado al frente, cumplir de enlace, llevar la información de un lado a otro, hacer llegar a su destino la prensa, cartas, papeles, comunicaciones, medicamentos, entre otras cosas; no sólo era una tarea difícil, también era una tarea de mucha responsabilidad y requería de toda la astucia, disciplina y habilidad combatiente, tal como lo requieren todas las tareas revolucionarias.

Esta tarea se ejecutaba principalmente por mujeres. De hecho, en la Guerra de guerrillas, Guevara apunta que “la mujer puede ser dedicada a un considerable número de ocupaciones específicas [dentro de la guerrilla] de las cuales, una de las más importantes, quizá la más importante sea la comunicación entre diversas fuerzas combatientes, sobre todo las que están en territorio enemigo.”

Es precisamente Guevara quien por enero-abril de 1959, redactaría un escrito titulado Lidia y Clodomira en memoria de las combatientes del Ejército Rebelde, “compañeras de peligro” que cayeron poco antes del triunfo de la Revolución, cuando “la debilidad de un hombre” las entregó, junto a otros compañeros, a manos enemigas.

Scroll al inicio