El Comunista $my_year $sep $my_month

Jean Paul Sartré enseñó que existen personas tan inverosímiles que delegan a otros la responsabilidad de sus malas acciones. Personas que han perdido totalmente la voluntad y cuya única justificación de vida es obedecer a alguien más, con lo que sea y por lo que sea, sin que nunca por algo, o por nada, sea suya la culpa. Un mundo sin consecuencias. Un robot, o un animal, o ambas cosas al mismo tiempo.

De esta enseñanza alguna vez encontré mi propia definición de un militante del PRI. Sabía, y conforme pasa el tiempo lo reitero, que quienes viven anclados a los intereses creados de ese partido político son personas con sonrisas de cartón. Seres vertebrados que amanecen y duermen cada día según la ley de la alienación. Malos para mentir, pero buenos para insistir, creen sus propias mentiras por decirlas una y otra vez.

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