Esta impresionante fortaleza neomedieval domina los acantilados de Gipuzkoa con su singular silueta arquitectónica. Un tesoro histórico que combina senderismo, misterio y leyendas fascinantes junto a la bahía de Pasaia
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La costa de Gipuzkoa guarda uno de los misterios más cautivadores del litoral cantábrico, donde la naturaleza y la intervención humana se entrelazan de forma sorprendente. Conocido como el ‘fiordo vasco’, el Faro de la Plata es una construcción impactante que rompe radicalmente con la imagen habitual de los faros y se ha convertido en un punto de interés para quienes disfrutan del senderismo, la historia y la fotografía de paisajes impresionantes.
Situada en el majestuoso monte Ulía, esta joya arquitectónica protege una estrecha y apenas visible brecha de unos doscientos metros entre dos macizos montañosos. En el pasado, la entrada al puerto de Pasajes (Pasaia) suponía una trampa mortal para los barcos que regresaban de Terranova, América o el Mediterráneo, dado que cualquier error mínimo en la navegación podía causar desastres en el Mar Cantábrico. Para evitar estas tragedias, la señalización comenzó en la Edad Media con hogueras en los acantilados de Jaizkibel y Ulía, estableciéndose definitivamente a mediados del siglo XIX.
El renombrado escritor romántico Víctor Hugo quedó deslumbrado por la belleza sublime de este lugar al llegar a pie desde Santander en agosto de 1843. Durante su estancia, el autor de Los miserables exploró minuciosamente la zona tras ser trasladado en una barca por mujeres locales, fascinándose con una cortina de montañas verdes elevadas que recortaban su perfil contra un cielo brillante. Curiosamente, el escritor francés visitó la bahía doce años antes de que se inaugurara esta singular construcción que hoy corona el acantilado, aportando un aura medieval a la costa.
Un faro con espíritu de fortaleza medieval
El Faro de la Plata comenzó a operar oficialmente el 1 de octubre de 1855, cambiando para siempre la navegación en el puerto más relevante de Gipuzkoa. Un estudio de la Universidad del País Vasco confirmó que el ingeniero Carlos Campuzano fue el autor original del proyecto, disipando dudas previas sobre su creador. Campuzano optó por un diseño rompedor que se acerca más a la fantasía que a la funcionalidad estricta de un faro tradicional.
En lugar de una torre típica, el ingeniero construyó sobre un promontorio un imponente castillo neomedieval con almenas, flanqueado por dos torres cilíndricas de diez metros y vigilado en sus esquinas por garitas. La estructura parece surgir directamente de la roca viva, posicionada estratégicamente en una grieta para protegerse contra los fuertes vientos del Cantábrico norteño. El contraste lo aporta su linterna superior, que permanece moderna, funcional y completamente operativa para guiar a las embarcaciones junto al cercano faro de Senekozuloa.
El misticismo de este lugar también está presente en las diversas teorías sobre el origen de su nombre brillante. La primera sugiere que proviene de una característica geológica local, ya que las rocas de pizarra mojadas por el mar relucen como plata cuando reflejan la luz solar directa. La segunda teoría tiene una base histórica, señalando que el puerto de Pasaia fue clave para la entrada y salida de grandes riquezas con América en el siglo XVIII, y más tarde sirvió como base minera para los materiales extraídos en las minas de Arditurri.
Senderismo entre acantilados y leyendas de la costa
Para explorar activamente este entorno, la ruta de senderismo por la cresta de los acantilados de Ulía es una de las propuestas más recomendadas en el País Vasco. Este camino, integrado en el histórico Camino de Santiago costero, comienza cerca de la playa de la Zurriola en San Sebastián y se extiende entre cinco y siete kilómetros hasta conectar con Pasaia. A lo largo del tramo, el caminante encuentra puntos de gran interés como el Mirador de Iradi, situado a unos 120 metros de altura, que ofrece vistas espléndidas del barrio de Gros y los cubos de Moneo.
La senda continúa por la Calzada de Josetxo Mayor, nombrada en honor a un apreciado donostiarra que dedicó su vida al cuidado voluntario del Monte Ulía, recibiendo la Medalla al Mérito Ciudadano en 1995. Avanzando por el sendero, el mar queda a la izquierda y la montaña a la derecha, permitiendo disfrutar de lugares como la Cala Ilurgita, famosa por sus formaciones geológicas de piedras multicolores, además de antiguos acueductos que abastecían de agua a San Sebastián. También se pasa cerca de la Fuente del Inglés, un merendero tradicional donde personas mayores solían recoger agua por sus propiedades medicinales.
Las leyendas envuelven todo el recorrido mediante relatos sobre la Peña de las Brujas (Sorginarri), un saliente desde el que supuestamente se lanzaban hechizos y piedras a los barcos de marineros supersticiosos. Estos antiguos temores contrastan con la historia real de Maritxu Guller, conocida como «la bruja buena de Ulía«, una parapsicóloga que residió en este monte hasta su fallecimiento en 1993 a los 81 años. Para alejar estos supuestos peligros y los riesgos reales de las guerras del siglo XIX, en la cima se levantó también el Fuerte del Almirante durante la última Guerra Carlista.
Pasaia, el destino final con tradición marinera
Al finalizar el descenso por la escalinata empinada del monte Ulía, el visitante se adentra en el pintoresco barrio de San Pedro. En esta orilla de la bahía es indispensable conocer el Museo Albaola, un astillero convertido en espacio cultural donde se reconstruye la nao San Juan, un ballenero hundido en Red Bay en 1565 y declarado símbolo de la UNESCO. Muy cerca está atracado el Mater Museoa, el último atunero vasco de madera preservado del desguace, que hoy exhibe las artes pesqueras tradicionales y promueve conciencia ambiental sobre el Cantábrico.
Para cruzar al barrio de San Juan cómodamente y de manera tradicional, los visitantes usan la conocida motora verde que realiza el trayecto recto de apenas 200 metros sin interrupción. Al desembarcar, la arquitectura local llama la atención, mostrando una única calle estrecha encajada entre la pared vertical de la montaña y el mar, salpicada por túneles y viviendas de pescadores. Allí se puede visitar gratuitamente la Casa Gaviria, edificio en el que se alojó Víctor Hugo durante su verano en el siglo XIX y que conserva su mobiliario original.
La caminata hacia este faro fortificado es una de las experiencias más impactantes y mágicas de todo el litoral cantábrico
Subiendo las escaleras que parten desde el embarcadero se alcanza la Ermita de Santa Ana, antiguo hospital para peregrinos que ofrece vistas excepcionales de Pasajes Antxo, Lezo y Rentería. Siguiendo el paseo marítimo de Bonanza, el sendero bordea el Castillo de Santa Isabel y avanza hasta el mirador de Puntas, un lugar ideal para degustar sardinas y sidra mientras se contempla la entrada del puerto. Desde allí se puede observar con tranquilidad el peñasco del Faro de la Plata y los entrenamientos de las tradicionales traineras de remo, cerrando así una visita verdaderamente inolvidable.
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La costa de Gipuzkoa guarda uno de los misterios más cautivadores del litoral cantábrico, donde la naturaleza y la intervención humana se entrelazan de forma sorprendente. Conocido como el ‘fiordo vasco’, el Faro de la Plata es una construcción impactante que rompe radicalmente con la imagen habitual de los faros y se ha convertido en un punto de interés para quienes disfrutan del senderismo, la historia y la fotografía de paisajes impresionantes.

