El exdefensa central del Arsenal posee raíces familiares en una pequeña localidad española, ya que su familia es de origen español.
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Se denomina Santiuste. Es un diminuto municipio situado en la Sierra Norte de Guadalajara, que representa mucho más que un simple dato estadístico dentro de la España despoblada.
Con apenas quince habitantes registrados en 2025, este apacible lugar situado a mil metros sobre el nivel del mar cautiva por su tranquilidad rural, sus paisajes abruptos y una notable vinculación con la élite del fútbol internacional: es la cuna familiar de Philippe Senderos, exdefensa del Arsenal y de la selección suiza.
La conexión que une a este remoto pueblo alcarreño con la Premier League inicia con Julián Senderos, padre del futbolista, nacido en Santiuste y que emigró a los diecisiete años en busca de nuevas oportunidades.
Su camino vital lo condujo primero a Madrid, luego a Londres, y finalmente a Ginebra, ciudad donde Philippe vio la luz en 1985. A pesar de la distancia y de su rotundo éxito deportivo, que incluyó su presencia en tres Mundiales y más de diez años destacando en Inglaterra bajo la dirección de Arsène Wenger, el defensa suizo jamás perdió sus lazos con sus raíces.
Al contrario, siempre ha mostrado orgullo por su procedencia, regresando con frecuencia al municipio durante sus veranos y refiriéndose públicamente a él como su segunda patria.
Más allá de este vínculo futbolístico, Santiuste representa un refugio excepcional para quienes buscan la naturaleza y el descanso absoluto. Su ubicación destacada en la histórica Ruta de la Lana, una antigua ruta comercial medieval, convierte al entorno en un destino ideal para senderismo y turismo sostenible.
Los caminos serpenteantes a lo largo de cursos de agua como el arroyo Sauco invitan a recorrer un paisaje donde el acelerado ritmo de la modernidad parece haberse detenido por completo.
La misma sensación de retroceso temporal se percibe al pasear por sus callejuelas empedradas, que albergan un valioso conjunto etnográfico con arquitectura tradicional.
El tesoro más destacado de su patrimonio es la Iglesia de la Transfiguración, conocida también como San Salvador, que custodia en su interior una pila bautismal románica del siglo XIII y pinturas al fresco originales impresionantes. Completan este entorno mural una fuente de 1884, el antiguo lavadero público y una pequeña ermita rural, conformando un enclave evocador con historia fortificada.
Sin embargo, Santiuste no solo se compone de piedras y silencio; también cuenta con vida, tradiciones y un fuerte sentido de comunidad. El momento más importante del año sucede entre la última semana de julio y el seis de agosto, con la esperada celebración de las fiestas patronales dedicadas a San Salvador.
Durante esos días festivos, el pueblo entero recupera su ritmo. Vecinos y visitantes regresan para acudir a la misa solemne y a la procesión, compartiendo después aperitivos comunitarios que fortalecen la cohesión en un lugar donde todos se conocen.
El cierre de las celebraciones siempre incluye el tradicional desayuno dominical, que nunca falta con chocolate caliente acompañado de churros y dulces caseros preparados para los concursos vecinales. En suma, Santiuste se alza como un encantador refugio de memoria viva, fusionando la esencia más auténtica de las costumbres castellanas con un fragmento imborrable del fútbol europeo.

