Su creciente protagonismo le posiciona como posible líder del nuevo Sumar, aunque el ministro descarta postularse como candidato.

En la política, los espacios disponibles se ocupan rápidamente o los ocupan otros. Desde hace más de 100 días, Sumar enfrenta este desafío. Tras el anuncio de Yolanda Díaz de no repetir como candidata en las próximas elecciones generales, condicionado por fuertes presiones en su coalición.
Durante este periodo sin un líder definido, se han producido tres hechos clave en el ámbito político. Primero, que el nuevo cabeza de lista aún no ha emergido, provocando incertidumbre y cierta ansiedad. Segundo, que Gabriel Rufián aparece en diversos escenarios —como el pasado viernes junto a Mónica Oltra en Valencia— y actúa como referente político y moral de la izquierda alternativa al PSOE, como un candidato sin alianza clara para encabezar. Y tercero, que Yolanda Díaz ha decidido retirarse a un segundo plano, renunciando no solo a su papel futuro, sino también a una presencia más visible en el presente de Sumar. Actualmente, centra su atención en su ministerio y en su agenda internacional —la oposición señala que prepara su candidatura para dirigir la Organización Internacional del Trabajo—.
Este conjunto de circunstancias ha obligado a Sumar a reajustar sus roles, apoyándose más en Ernest Urtasun para cubrir el vacío político existente. El ministro de Cultura ha intensificado su visibilidad y presencia en primera línea. Por ejemplo, es la cara y voz de Sumar frente a la opinión pública ante los casos de corrupción que afectan al PSOE y generan incertidumbre en el Gobierno. Además, participa activamente en la presentación de iniciativas de gran relevancia para Sumar, incluso en el ámbito parlamentario, aunque no sea diputado en el Congreso.
Resultó llamativo verlo presentando un acuerdo entre PSOE y Sumar en la Comisión de Justicia del Congreso para reformar el Código Penal, eliminando delitos vinculados a la libertad de expresión y opinión —como injurias a la Corona o delitos relacionados con sentimientos religiosos—. Similarmente, anteriormente intervino en la ley que regula el estatuto de los expresidentes.
Asimismo, ha estado presente en las campañas autonómicas, en todas las presentaciones del nuevo Sumar, y concede más entrevistas en medios, en contraste con la vicepresidenta segunda del Gobierno, que ha reducido notablemente su presencia mediática y su relación con la prensa, limitándose desde febrero a evitar interlocuciones y retirarse apresuradamente.
El aumento del protagonismo de Urtasun no ha pasado desapercibido y ha generado especulaciones sobre si su papel es temporal o si compite en la sucesión. De hecho, existen voces dentro de la nueva alianza que lo consideran un posible candidato debido a su experiencia y capacidad para afrontar un momento complejo, en el que no sirve cualquier perfil.
Desde el entorno del ministro de Cultura se ofrece una respuesta firme y terminante. Nada ha cambiado desde que descartó postularse en febrero; por lo tanto, mantiene la misma postura: será el apoyo del próximo líder y desempeñará un papel complementario. Esto implica que Urtasun no se considera para encabezar el nuevo Sumar y solo estaría presente en las listas electorales para el Congreso.
Mientras tanto, Urtasun actúa actualmente como principal negociador del sector Sumar dentro del Gobierno con el PSOE. De hecho, ha ocupado este papel a lo largo de toda la legislatura, mientras que Díaz interviene en las negociaciones directas con Pedro Sánchez.
Fuentes de Sumar confirman que esta dinámica no se ha modificado, al igual que la coordinación entre ministros, que siguen reuniéndose los lunes en el Ministerio de Trabajo con Díaz. Urtasun, en calidad de nexo con el PSOE, gestiona todas las cuestiones pendientes y presiona en privado para que el PSOE pase a la ofensiva, garantizando que la legislatura «valga la pena».

