El reconocido centrocampista creció en un escenario social sumamente complejo durante la Guerra de los Balcanes.
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El paso del tiempo parece no influir en la figura de Luka Modric. A sus 40 años, mientras este centrocampista croata continúa sorprendiendo al mundo con su constante energía física y su perpetua visión táctica, surgen interrogantes sobre cuál es el auténtico motivo detrás de su duradera forma física.
Alejado de dietas sofisticadas, cámaras hiperbáricas o laboratorios avanzados de rendimiento, el propio jugador ha revelado que la base de su resistencia inquebrantable se encuentra en las montañas de su niñez, en un tiempo marcado por labores agrícolas y una profunda conexión con su abuelo.
«Llevo su nombre con honor. De pequeño no iba a la guardería y lloraba constantemente, por lo que me llevaron a su casa», rememoró con cariño el Balón de Oro 2018 al hablar de sus primeros años en la aldea de Modrici.
En ese entorno rural riguroso, el joven Luka forjó la disciplina física que hoy destaca en el fútbol europeo. «Mi abuelo me instruyó en palear nieve, apilar heno y llevar al pastoreo a los animales. Crecí entre animales. Me divertía tirándoles de la cola a las cabras; creo que ahí aprendí a jugar al fútbol, entre las piedras y las ovejas», confesó el mediocampista legendario.
Estas declaraciones aportan una perspectiva inédita sobre el origen de su estilo de juego. La rapidez mental y la habilidad para cambiar de dirección que lo convirtieron en ícono del Real Madrid y que actualmente despliega con el Milan nacieron al recorrer terrenos abruptos desde una edad muy temprana.
Luka Modric aplaude a su afición. Reuters
Esas extenuantes jornadas en el campo, bajo el crudo invierno de los Balcanes, actuaron como un entrenamiento silencioso que le brindó una resistencia aeróbica y una fortaleza mental excepcionales.
No obstante, aquella etapa idílica en el campo terminó abruptamente debido a la violencia de la Guerra de los Balcanes en 1991. El asesinato de su abuelo a manos de milicianos forzó a su familia a huir y pasar años en un campamento de refugiados hostil ubicado en Zadar.
Fue en ese lugar donde aquel niño, que ya dominaba el equilibrio entre piedras y ganado, empleó el fútbol como un mecanismo de supervivencia psicológica frente al estruendo de las bombas.
Actualmente, consolidado entre los mejores centrocampistas en la historia del balompié, Modric encara la etapa final de su carrera manteniendo los mismos valores que aprendió en las montañas.

