Ex ministra de Asuntos Exteriores bajo el mandato de Sánchez y actualmente decana de la Paris School of International Affairs de Sciences Po, examina en su obra Solos en el mundo (Arpa) la pérdida de influencia que atraviesa la Unión Europea.

Arancha González Laya fue titular de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Pedro Sánchez desde enero de 2020 hasta julio de 2021. Durante esos dieciocho meses gestionó la respuesta comunitaria frente al Covid-19, cerró el primer acuerdo marco sobre Gibraltar post-Brexit y estableció la estrategia España-África. Además, recibió al líder del Frente Polisario en España, lo que originó una seria crisis con Marruecos que comenzó a resolverse tras la demanda marroquí de su relevo. En su papel actual como decana de la Paris School of International Affairs de Sciences Po, presenta Solos en el mundo (Arpa), donde desmenuza el dilema que vive la Unión Europea ante el cambio de paradigma en las relaciones internacionales.
En el prólogo sostiene que el propósito del libro es comprender cómo se ha llegado a esta situación y de qué manera Europa puede afrontar esta nueva etapa del orden mundialLas certezas que sustentan la Unión Europea se han desvanecido. El actual orden internacional se caracteriza por una profunda desorganización. Por ello, la Unión Europea debe plantearse cuál es el rumbo que desea seguir. Se presenta una encrucijada: permanecer estancados, lo que nos convertiría en subordinados, o bien optar por ser un actor con influencia real en el mundo y definir nuestro destino. Hoy se vive un momento complejo para elegir la vía correcta, en un contexto donde existe un déficit significativo en la reflexión sobre el futuro deseado.Habla de la ausencia de debate, y en el texto indica que «si queremos persistir en sociedades abiertas, prósperas y libres, debemos aceptar que es necesario financiar su seguridad». ¿Considera que el Gobierno deberá sensibilizar a la población respecto a esta necesidad?Sin duda, y me preocupa la falta de un debate colectivo sobre este tema, ya que no se trata de qué partido está al mando. Es imprescindible incrementar el gasto militar, algo que ya se ha hecho, pero sin un diálogo abierto con la ciudadanía al respecto.¿Por qué cree que no se desarrolla ese debate?Ni el Ejecutivo ni la oposición lo promueven porque en España prevalece una cultura del «quítate tú, que quiero ponerme yo», y no se aborda de forma seria la esencia del asunto. En lugar de ello, se intercambian reproches que frustran a la población y dificultan que cumplamos plenamente la función que nos corresponde para construir la vía futura de la Unión Europea.Menciona en su libro sobre África: «Quien controla sus rutas, puertos y campos no necesita lanzar misiles hacia Europa».Una de las primeras iniciativas que impulsé al asumir el Gobierno fue una estrategia para la relación entre España y África. Este continente es el más próximo geográficamente a España, ya que existe menos distancia entre España y África que entre Madrid y París. Es necesario contemplar este continente con la intención de establecer una relación duradera, no desde la perspectiva de una simple fortificación defensiva.Nuestra frontera es con Marruecos. ¿Cómo valora esa relación?Prefiero centrarme en cómo debe ser esa relación. Debe ser lo más positiva posible, manteniendo la firmeza y la defensa de los intereses nacionales, tal como Marruecos defiende los suyos. Desde esta postura, se deben cultivar las mejores relaciones posibles. Estamos obligados a entendernos, y cuanto más se asuma esta realidad, mejor funcionará la convivencia. Intentar influir en el otro de forma desleal resulta un camino de corta duración.¿Considera que España debería mostrar una mayor firmeza en la defensa de sus intereses ante Marruecos?Prefiero no juzgar lo que se ha hecho, pero sí expresar con claridad mi visión: debemos actuar sin complejos, tal como hace Marruecos en defensa de sus intereses. Es esencial defender los propios sin complejos, buscando los puntos de coincidencia que son numerosos entre ambos países.¿Fue una medida en defensa de nuestros intereses estratégicos acoger al líder del Frente Polisario en España?El líder del Frente Polisario poseía pasaporte español, y negar a un ciudadano español el acceso a territorio nacional constituye un delito.¿Se arrepiente de esa decisión?No, ¿cómo podría arrepentirme de no haber cometido un delito? Acoger a un español en España es una obligación legal, y vulnerar la ley no está en mi cometido.Meses después ocurrió lo que se denominó «incidente fronterizo» en el paso del Tarajal, y dos meses más tarde fue cesada.Ese relevo ocurrió en un cambio de Gobierno en el que salieron otros ocho ministros; lo tomé con total normalidad. Un ministro sirve conforme a la voluntad presidencial, y cesa según esa misma voluntad, lo que debe entenderse antes de asumir el cargo.Despues de su salida, para reconstruir las relaciones con Marruecos se implementó una nueva hoja de ruta por la cual España abandonó su tradicional neutralidad en el Sáhara. ¿Qué opinión le merece esa medida?Considero que el conflicto del Sáhara debe resolverse mediante negociación entre las partes implicadas, ya que esa es la vía para lograr una solución sólida a largo plazo. Veo una oportunidad relevante para avanzar en este sentido con la mediación del representante del secretario general de Naciones Unidas, quien está profundamente comprometido en este proceso. A la larga, la solución pasa por un acuerdo pactado.Pero, ¿qué opina sobre el hecho de que España haya roto su neutralidad?Como exministra de Exteriores, procuro no emitir opiniones públicas al respecto, para no condicionar el debate y evitar posicionamientos que puedan influir.Una semana después de su toma de posesión, Delcy Rodríguez llegó a España. ¿Recibió alguna instrucción? ¿Fue informada?No, en ese momento estaba en Bruselas participando en un consejo de Asuntos Exteriores y no estuve involucrada en la coordinación de esa operación. Otros gestionaron su llegada a territorio español.¿Sabía que ella tenía prohibido pisar suelo español?Mi equipo me informó que esta persona estaba sancionada por la Unión Europea cuando se anunció su llegada.P. Aunque usted estaba fuera, no estuvo en el dispositivo y le avisaron que no podía entrar a España. ¿Qué cree que ocultaba ese vuelo?R. No tengo ni la menor idea, desconozco el motivo.
Y aunque usted estaba fuera, no formó parte del dispositivo y le comunicaron que no podía pisar España, ¿qué cree que había detrás de aquel vuelo?Pues no tengo ni la menor idea, no lo sé.Cuando fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores, ¿recibió alguna directriz sobre la influencia del expresidente Zapatero en Venezuela?No recibí ninguna instrucción al respecto, y mi política hacia Venezuela se basó exclusivamente en los intereses nacionales, sin influencias personales. Todas las decisiones fueron discutidas y acordadas dentro del Gobierno.Mantuvo contacto con el expresidente Zapatero para abordar la situación en Venezuela, dado su vínculo cercano con ese régimen?El Gobierno mantiene canales diplomáticos con las autoridades venezolanas; hay embajadores en ambos países y existen normas y procedimientos habituales en las relaciones internacionales, que me permiten interactuar directamente sin necesidad de contar con la intervención de terceros.Para dejar claro, ¿el expresidente Zapatero intervino como mediador en nombre suyo en las relaciones con Venezuela?Él no actuó como mediador en mi representación. Cualquier gestión que realizara fue en su propio nombre, y continúa haciéndolo de esa forma.Usted formaba parte del Gobierno cuando se llevó a cabo el rescate de Plus Ultra.Lo único que puedo confirmar es que hubo una decisión del Consejo de Ministros para aprobar un paquete de apoyo a todas las aerolíneas españolas que operaban rutas, tras un proceso regulado por Bruselas.¿Se discutió el caso de Plus Ultra en el Consejo de Ministros? ¿Se conocía la compañía?No puedo revelar los detalles de los debates internos, pero sí afirmo que la decisión española fue supervisada y aprobada por las autoridades de la Comisión Europea, que revisan siempre todo apoyo estatal.Cambiando de escenario, en su libro habla de China, un país que ha visitado en diversas ocasiones. ¿Cuál es su opinión sobre el acercamiento de los países europeos, pese a considerarlo un «rival sistémico»? ¿Cómo se equilibra esa relación?Es un tema complejo, actualmente en discusión en el Consejo Europeo. Los líderes han debatido recientemente cómo debe gestionarse esta relación, que genera debate por dos motivos principales, y es necesario abordar estos puntos con las autoridades chinas. Primero, el respaldo que China ofrece a Rusia en la guerra contra Ucrania, un asunto crucial para Europa. En segundo lugar, un desequilibrio estructural en la economía china, que representa un tercio de la capacidad productiva mundial, pero cuyo mercado interno no absorbe totalmente esa producción, que en gran medida termina en el mercado europeo. La cuestión es cómo manejar ambos aspectos: mantener una relación estructurada y positiva con China, y al mismo tiempo tener la firmeza necesaria para afrontar problemas que nos afectan directamente.¿De qué modo se gestiona?Primero, es esencial dialogar con las autoridades chinas. Ellos perciben que Europa se queja demasiado. Para ser tomados en serio, debemos actuar con firmeza, pero con argumentos sólidos, y estar preparados para responder si las negociaciones no avanzan de manera equilibrada. Además, es necesario contar con herramientas para proteger nuestros intereses económicos e industriales. Lo fundamental es comunicar a China que no pretendemos frenar su crecimiento, pero tampoco podemos ser la variable de ajuste de sus desequilibrios internos.Menciona el apoyo de China a Rusia en la guerra contra Ucrania. En el libro expresa que no permitirá que Rusia pierda. ¿Cómo interpreta el conflicto?No esperamos que China se alinee con Europa en esta guerra, pero bastaría con que no incite a Rusia a continuar su ofensiva contra Ucrania. Ese sería nuestro objetivo. A pesar del apoyo recibido, Rusia no ha logrado doblegar a Ucrania, que ha mostrado una resistencia nacionalista sólida y una respuesta europea firme. Actualmente, parece que Ucrania también envía un mensaje a Rusia sobre la necesidad de sentarse a negociar y que lo que no consiga en el campo de batalla no se logrará en la mesa. A mi juicio, Ucrania se encuentra en una posición de fuerza respaldada por Europa, intentando abrir una vía de diálogo con Putin, quien hasta ahora no ha accedido.

