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- Autor, Paula Rosas
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 4 horas
- Tiempo de lectura: 12 min
Hace una década exacta, un contundente terremoto político, económico y social estremeció al Reino Unido cuando una mayoría ajustada votó a favor de la salida del país de la Unión Europea (UE), bajo la promesa de un mejor futuro en solitario.
Numerosos votantes que apoyaron el Brexit aspiraban a mayor soberanía para decidir asuntos políticos, comerciales y económicos sin la intervención de Bruselas, además de reducir la inmigración y ganar influencia en el tablero geopolítico mundial.
Después de diez años, la Unión Europea ya no dirige las decisiones británicas; sin embargo, muchas consecuencias del divorcio difieren de lo que los promotores del Brexit prometieron a sus electores.
El número 10 de Downing Street ha presenciado a seis primeros ministros en esta década, y espera la llegada del séptimo este verano tras el anuncio de dimisión de Keir Starmer, algo poco usual en las últimas décadas.
Salir del mayor mercado común mundial también tuvo impactos significativos para la economía y el comercio británico, además de no disminuir los flujos migratorios, sino incrementarlos y alterar su composición sustancialmente.
Esto provoca que muchos que hace diez años votaron a favor de dejar la UE ahora lamenten su decisión. Entre quienes no votaron, los jóvenes que vivieron el proceso y enfrentan las consecuencias del Brexit muestran un deseo abrumador de regresar a la unión, según encuestas.
La última década ha sido convulsa globalmente. La pandemia y el conflicto en Ucrania afectaron a las economías mundiales, no solo la británica. La fragmentación política y el auge del populismo tampoco son exclusivos del Reino Unido, sino una tendencia asentada en muchos países.
No obstante, los expertos advierten que en Reino Unido el Brexit ha intensificado los efectos negativos de esas tendencias globales.

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1. Inestabilidad política
Por décadas, Reino Unido fue un baluarte de estabilidad y previsibilidad. Conservadores y laboristas se alternaban en el poder en un sistema bipartidista sin grandes sobresaltos.
Los votantes de clase media tendían a apoyar a los conservadores, mientras que las clases trabajadoras se decantaban por los laboristas. El Brexit fracturó esta dicotomía al añadir una nueva línea divisoria: salir o quedarse en la UE.
Desde entonces, seis primeros ministros —con la expectativa del séptimo— han intentado guiar al país sin lograr durante más de dos años mantener el liderazgo.

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«El Brexit ha resultado altamente perjudicial para la política británica», afirma a BBC Mundo la profesora Jun Du, directora general del Instituto de la Productividad del Reino Unido.
Para esta economista, la salida de la UE ha profundizado las divisiones existentes previo al referéndum y «ha generado situaciones más caóticas, mayor polarización política y social, con un impacto contundente, persistente y estructural».
Siendo los referendos una fuente de problemas, nadie ejemplifica mejor esta afirmación que el ex primer ministro de hace diez años, David Cameron, la primera víctima política del Brexit.
Él convocó el referéndum con la esperanza de que la mayoría apoyara su posición de permanecer en la UE y silenciar así a la creciente corriente populista a la derecha de su partido, encabezada por Nigel Farage y algunos conservadores.
El resultado, sin embargo, no fue favorable.
Cameron renunció, y su sucesora, Theresa May, enfrentó una negociación muy compleja con la UE, un Parlamento dominado por diputados contrarios al Brexit, y un gobierno decidido a consumar la salida en una fecha límite, lo que terminó costándole el cargo también.
Luego llegó Boris Johnson, uno de los conservadores más fervientes defensores del Brexit, quien también renunció, aunque por los escándalos de las fiestas ocurridas en el gobierno durante la pandemia.
Su sucesora, Liz Truss, ostenta el récord de primer ministro británico con menor duración en el cargo: solo 45 días, después de que su propuesta económica generara nerviosismo en los mercados y provocara la caída de la libra.
Posteriormente, Rishi Sunak enfrentó las consecuencias de estos fracasos y condujo a su partido a la mayor derrota política desde la Segunda Guerra Mundial en las elecciones de 2024.
Los laboristas ganaron, llevando a la jefatura del gobierno a Keir Starmer, mientras que los conservadores sufrieron pérdidas debido a promesas incumplidas del Brexit, escándalos y una economía estancada.
Asimismo, la aparición del partido populista de derecha Reform UK, liderado por Nigel Farage y nutrido por el Brexit, drenó votos conservadores.
Recientemente, Starmer también anunció su dimisión tras dos años al frente del gobierno y dejará Downing Street al elegir su partido un sucesor.
Starmer prometió poner fin al «caos» en la política británica, pero el alza en el costo de vida, varios escándalos y la debacle electoral en elecciones locales, donde Reform UK triunfó, generaron una rebelión interna en el Partido Laborista, acentuando la presión sobre Starmer.
Para Jill Rutter, investigadora sénior del Institute for Government, «aunque no sea exclusivamente por el Brexit, es difícil negar que las transformaciones políticas en la última década hayan influido en este desenlace», según un informe sobre los diez años del Brexit.
2. Incremento de la derecha antiinmigrante
La fragmentación política y el auge de partidos populistas de derecha son fenómenos que se ven en varios países occidentales en el siglo XXI, y Reino Unido no es la excepción.
Sin embargo, argumenta Anand Menon, director del centro de análisis UK in a Changing Europe, el Brexit ha sido un factor que «posiblemente facilitó el crecimiento del apoyo a partidos populistas en la actualidad».

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En las elecciones de 2019, los dos partidos tradicionales dominantes captaron un 76 % del voto popular; esa cifra descendió a 58 % en 2024 y ha disminuido aún más en los comicios posteriores, debido al ascenso de Reform UK en la derecha y los Verdes en la izquierda, según Jill Rutter.
El partido liderado por Nigel Farage, nacido tras la crisis de 2008 como UK Independence Party con el objetivo primordial de sacar al Reino Unido de la UE, creció en popularidad hasta que Cameron convocó el referéndum para silenciarlo, pero lejos de desaparecer, sus ideas penetraron en el Partido Conservador.
El Brexit transformó las líneas políticas en el Reino Unido y, pese a consumarse la ruptura, el asunto que ahora genera polarización es la inmigración.
Para Sam Freedman, investigador del Institute for Government, «la inmigración ha reemplazado al Brexit como tema que divide a las mismas coaliciones electorales”.
Quienes anteriormente veían a la UE como la causa principal de los problemas ahora atribuyen la responsabilidad a los migrantes.
Actualmente, es probable que quienes sostienen que expulsar inmigrantes debería ser la prioridad gubernamental hayan votado a favor del Brexit, y que sean mayormente personas mayores, blancas, en su mayoría hombres y con un nivel educativo menor, según Freedman.
De hecho, Reform UK está ahora mucho más asociado a su promesa de expulsar migrantes de manera drástica, más que a la cuestión europea, un tema que pese a defender, ha dejado de ser central en su agenda.
3. Crecimiento de la inmigración (contrario al deseo de los promotores del Brexit)
El avance de Reform UK y la adopción de su agenda por otros partidos refuerzan una realidad que ya era clara en 2016: el control migratorio fue uno de los principales motivos para muchos votantes pro Brexit.
Abandonar la UE permitió al gobierno británico diseñar sus propias políticas migratorias, estableciendo un sistema de puntos que iguala las condiciones entre ciudadanos comunitarios y extracomunitarios.
Sin embargo, aunque el Reino Unido «recuperó el control» —como decía uno de los lemas del Brexit— para decidir quién entra y quién se queda, la realidad no cumplió con las expectativas, como explicó John Curtice en 2024 a BBC Mundo, investigador del National Centre for Social Research.

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«Los votantes claramente esperaban que al salir de la Unión Europea la inmigración disminuyera», afirmó Curtice, profesor de Políticas en la Universidad de Strathclyde y uno de los expertos en comportamiento electoral más reconocidos en Reino Unido.
La realidad fue completamente contraria.
Desde el referéndum de 2016 y tras la victoria conservadora en 2019, Reino Unido ha vivido el mayor aumento poblacional desde los años 60.
En 2022 se registró un récord de migración neta —la diferencia entre quienes ingresan y salen— con 764,000 personas más, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS). En 2023, esta cifra bajó ligeramente, pero se mantuvo alta con 685,000 migrantes adicionales.
Mientras que el flujo de migrantes de la Unión Europea, que fue mayoritario hasta ese momento, descendió drásticamente, los provenientes de países no comunitarios aumentaron notablemente.
Esto obligó al gobierno a endurecer los requisitos para obtener visados.
De acuerdo con datos de UK in a Changing Europe, el Brexit redujo para 2024 en unos 785,000 el número de trabajadores originarios de la UE, equivalente al 2.6 % de la fuerza laboral británica.
Sin embargo, para la misma fecha, la cantidad de empleados extracomunitarios aumentó en 992,000 respecto a cifras pre-Brexit.
En suma, el Brexit disminuyó notablemente el empleo de migrantes europeos y aumentó el de extranjeros de fuera de la UE, pero el total de trabajadores extranjeros «fue solo ligeramente, aunque significativamente, mayor al que habría existido si Reino Unido hubiera permanecido en la UE», afirman los analistas Jonathan Portes y John Springford.
Como subraya Jill Rutter, los gobiernos posteriores al Brexit implementaron nuevas normas migratorias y «ahora no pueden evadir la responsabilidad de sus efectos».
4. Notable impacto en economía y comercio
El Brexit se concretó el 1 de enero de 2021 tras un año de transición, en plena pandemia de covid y un año previo a la invasión rusa a Ucrania, que desató una crisis energética y afectó las finanzas globales.
En un contexto global tan convulso, muchos tuvieron dificultades para discernir qué parte de la crisis económica correspondía al Brexit.
No obstante, la pandemia ha terminado y aunque continúa la guerra en Ucrania, otras economías similares han recuperado terreno con mayor rapidez que Reino Unido.

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Para la profesora Jun Du, «el Brexit ha sido perjudicial para la economía británica».
Esta opinión es no solo avalada por la mayoría de economistas, sino por evidencias que respaldan el impacto. «Ya existe una completa colección de estudios que documentan y analizan estos efectos», señala.
El último, liderado por el profesor Nick Bloom de la Universidad de Stanford y usando datos del Banco de Inglaterra, indica que el Brexit redujo el Producto Interno Bruto (PIB) británico en un 6 %.
Algunas investigaciones elevan esta cifra hasta un 8 %.
El equipo de Bloom revisó las estadísticas empleadas por el Banco para fijar tasas de interés y reconstruyó cómo habría crecido el Reino Unido si no hubiera votado la salida de la UE.
Se concluyó que cerca de la mitad del impacto se debió a la incertidumbre posterior al referéndum, mientras que el resto corresponde al aumento de barreras comerciales tras la salida del Reino Unido de la unión aduanera y el mercado único europeos en 2021.
En comercio, «el efecto negativo es constante, persistente y muy severo», afirma Jun Du, quien ha profundizado en este tema.
«El promedio muestra que las exportaciones británicas hacia la UE cayeron cerca de un 23 %, y las importaciones alrededor de un 17 %. La situación comercial es verdaderamente crítica», concluye.
¿Regreso a la UE?
Esta última década ha sido compleja para Reino Unido y, diez años después del Brexit, una mayoría considera que fue un error, como refleja la encuesta más reciente del European Council on Foreign Relations (ECFR), que indica que el país «está abierto a una relación con Europa que antes parecía imposible».
El 52 % de los encuestados ahora votaría por unirse a la UE, porcentaje que sube al 70 % entre quienes eran demasiado jóvenes para votar en 2016. Asimismo, el 57 % percibe que dejarla fue un desacierto.

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Acercarse a Bruselas formaba parte del plan electoral de Keir Starmer, quien inició una progresiva reconciliación con sus antiguos socios que probablemente continúe su sucesor.
Aunque aún no se sabe quién será el próximo inquilino del número 10 de Downing Street, todo indica que podría ser Andy Burnham, ex alcalde de Mánchester, quien en el pasado ha manifestado su deseo de que Reino Unido vuelva a la UE «a largo plazo».
No obstante, como apunta Jun Du, el programa electoral laborista dejó claro que la línea roja es no regresar a la UE, mercado único ni a la unión aduanera.
«A menos que Andy Burnham decida romper el programa —lo cual parece improbable—, ese será el límite. Por lo tanto, lo que se podría lograr, o sea, ‘acercarse a la UE’, será probablemente una especie de alineación dinámica en ciertos sectores o ámbitos», explica la economista.
En un Reino Unido donde Reform UK lidera encuestas y los partidos que una vez lucharon por permanecer en la UE, como los laboristas, ya aceptan el divorcio y sólo buscan mejorar las relaciones, resulta paradójico que una mayoría desee reincorporarse a ese exclusivo club.
«El panorama caótico de 2026 es muy distinto al de 2016 y, en muchos aspectos, más sombrío e inquietante para un país como Reino Unido, frente a la amenaza persistente de figuras como Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping», comenta Mark Leonard, director del ECFR.
Hay un desfase entre «la imagen que los británicos tienen de sí mismos y la realidad», comenta Jun Du. En la percepción pública, «se ve a Reino Unido como un actor fuerte en política y economía internacional», pero «en verdad es una potencia media, dependiente del comercio y cada vez más aislada mundialmente».

