El seleccionador de Catar busca desconectar en el pueblo donde vivió su infancia.
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El fútbol profesional demanda una desconexión completa cuando finalizan las temporadas. Para Julen Lopetegui, el entrenador, su refugio de calma no es una playa exclusiva en la costa, sino Asteasu, su lugar de origen ubicado en el centro de Guipúzcoa.
Este pequeño pueblo rural vasco, con menos de 1.500 habitantes, brinda el balance idóneo entre la serenidad familiar y un entorno natural salvaje. Más allá de ser la residencia natal del técnico, la zona oculta manantiales y un terreno accidentado que reta incluso a los senderistas más experimentados.
Asteasu está situado en un valle estrechamente vinculado con su naturaleza circundante. A lo largo de la historia, la localidad se hizo conocida por la calidad de sus aguas subterráneas, que provienen del macizo kárstico que domina la región.
En el siglo XIX, los manantiales locales impulsaron un auge turístico de salud con la apertura de balnearios minero-medicinales. Aunque esas elegantes construcciones desaparecieron durante el siglo XX, el caudal de agua pura en el área se mantiene sin alteraciones.
Actualmente, fuentes naturales como el emblemático manantial de Ibeltze emergen vigorosamente en la densa vegetación del cañón de Usarrabi. Aunque sus frías aguas están protegidas para suministrar a la población local y está prohibido bañarse, observar su origen en medio del bosque resulta una experiencia imprescindible para los admiradores de la naturaleza.
Julen Lopetegui, durante su etapa en el Real Madrid. EFE
Sin embargo, el verdadero atractivo para los caminantes avanzados surge al alzar la vista hacia el horizonte. Asteasu se encuentra a los pies del majestuoso monte Ernio, un pico emblemático que alcanza los 1.078 metros y que está profundamente entrelazado con la tradición vasca.
Desde el núcleo urbano, parten exigentes senderos largos con fuertes pendientes que desafían la resistencia física de cualquiera. La ruta principal es la gran circular que rodea el Ernio por el sendero oficial PR-GI 76.
Este recorrido, que supera los 1.000 metros de desnivel acumulado a lo largo de unos 20 kilómetros, atraviesa todo el valle antes de encarar una ascensión dura hacia las verdes laderas del collado de Zelatun.
Para quienes persiguen un reto superior, la senda de las tres cumbres conecta los picos Ubeltz, Ernio y Gazume en una jornada montañosa de 26 kilómetros. Este entorno de crestas calizas, bosques de haya y casas rurales forja el espíritu de Asteasu, un rincón de Guipúzcoa que alberga a figuras destacadas del deporte y pone a prueba a quienes se atreven a escalar sus alturas.

