El entrenador de Argentina reside junto a su familia en un pequeño municipio mallorquín.
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Mientras la atención mundial se posa en Argentina cada vez que disputa un partido en el Mundial, Lionel Scaloni pasa el resto del año en un lugar que parece diseñado para lo contrario: una localidad con poco más de 7.000 habitantes ubicada en la ladera de la Serra de Tramuntana, apartado del bullicio y de las cámaras.
Este sitio es Bunyola, en Mallorca, un pueblo de montaña que combina ese carácter típico de las localidades mallorquinas tradicionales -casas construidas en piedra, calles estrechas y un ritmo de vida pausado- con un entorno natural tan valioso que la UNESCO lo ha declarado paisaje cultural protegido de la Tramuntana.
El mismo Scaloni contó en un pódcast argentino que su refugio se encuentra allí, a unos quince minutos en coche de Palma, y explicó que, tras dejar el fútbol profesional, escogió la isla para establecerse y que vive en un “pueblo” ubicado en la sierra, atraído por su tranquilidad.
No es casualidad que su refugio esté justo al pie de las montañas preferidas por ciclistas de todo el mundo: el seleccionador es un apasionado del ciclismo y se le ha visto participar en pruebas como la Mallorca 312, enfrentándose a puertos como Deià o Valldemossa, que conforman el paisaje que rodea a Bunyola.
Bunyola representa un ejemplo ideal de la Mallorca menos turística. Su casco urbano conserva la esencia de los pueblos del interior de la isla, con fachadas de marés, persianas verdes y bares donde el mallorquín aún predomina sobre otras lenguas.
Alrededor se extienden bosques de pinos y encinas, olivares en terrazas de piedra seca y senderos que conducen a posesiones históricas como Raixa y Alfàbia, dos fincas señoriales que son emblemas del patrimonio insular.
Este paisaje invita al anonimato: un campeón del mundo puede cruzar por la plaza sin que nadie interrumpa el momento de sobremesa.
Lionel Scaloni, en un entrenamiento de Argentina. Reuters
Para Scaloni, la diferencia entre la extrema presión que conlleva un banquillo como el de Argentina y la serenidad casi idílica de Bunyola permite entender su discreción. Allí ha construido una vida familiar alejada del constante exhibicionismo que rodea a otras figuras del fútbol.
Mientras en los estadios de Estados Unidos se analiza cada una de sus decisiones en las alineaciones, su día a día en Mallorca consiste en llevar a sus hijos al colegio, montar en bicicleta para disfrutar del paisaje montañoso y regresar a una vivienda que, más que una mansión, sirve como un lugar tranquilo desde el que planificar sus próximos desafíos.
En un Mundial donde los entrenadores están expuestos a una visibilidad casi agresiva, el hecho de que el técnico campeón mundial se resguarde el resto del año en un pueblo de casas de piedra, bosques y senderos con aromas a leña y tierra húmeda define mejor que cualquier palabra quién es Scaloni cuando las cámaras se apagan.
Bunyola, su pueblo de montaña, es su forma de mantenerse simplemente Lionel cuando deja de ser el seleccionador de Argentina.

