El equipo nacional estrenará su participación este lunes a las 18:00 (hora peninsular), enfrentándose a Cabo Verde, y afronta el Mundial de fútbol con el estatus de principal favorito.
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Jorge Pacheco Juan López Cachón Narrativas EE Publicada 15 junio 2026 03:00h
Al sonar el silbato que marcará el comienzo del España-Cabo Verde en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta -este lunes a las 18:00 hora peninsular-, arrancará de manera oficial la búsqueda de un objetivo que el fútbol español persigue desde hace dieciséis años: la segunda estrella sobre el pecho de su camiseta.
Desde aquel 11 de julio de 2010 en Johannesburgo, España ha conquistado dos Eurocopas -la más reciente, la de Alemania 2024, con una generación que en ese momento ni siquiera había debutado en el fútbol profesional- y una Liga de Naciones. Cuenta con una racha de 31 encuentros sin perder. Además, ocupa el primer puesto en el ranking FIFA.
Llega a la competición global más importante como la selección señalada por todos los modelos estadísticos como la favorita número uno.
No obstante, el fútbol suele desoír las predicciones. Por eso, este conjunto no sólo se presenta con calidad individual: lo hace acompañado de un planteamiento táctico sólido.
Luis de la Fuente lleva trece años desarrollando esta Selección, inicialmente en las categorías inferiores -con las que logró el Europeo Sub19 en 2015 y el Sub21 en 2019, además de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020– y después desde el banquillo principal.

El técnico de La Rioja ha convertido a una camada de talentos excepcionales en un engranaje colectivo complejo de descifrar y asume sin reservas la condición de favorito. No la evita ni la minimiza. Lo transforma en una exigencia, y esa exigencia en un método.
Un método que, antes del debut, desglosa EL ESPAÑOL: cómo funciona cada elemento, por qué encajan de la forma en que lo hacen y qué distingue a esta Selección cualitativamente entre los 48 países participantes en el Mundial de fútbol más extenso de la historia.
1. Un guardián que edifica
La salida de balón del combinado español no comienza en Rodri. Se inicia varios metros por detrás, en la estructura compuesta por el portero, los dos centrales y el propio pivote.
Cuando los laterales se abren hacia las bandas, Unai Simón adelanta su posición hasta quedar casi alineado con Cubarsí y Laporte, funcionando como un tercer central virtual que obliga al bloque rival a retroceder o a presionar con un jugador adicional. Ese adversario que sale deja un hueco en otra zona.
Simón ha recorrido un camino considerable hasta asentarse como la referencia que representa hoy. Sus primeros años con la selección estuvieron marcados por errores que hicieron cuestionar si era el portero ideal para el proyecto.

Esos fallos han perdido relevancia: ahora es un portero moderno que anticipa las líneas de pase antes de recibir y concibe su función no como último recurso defensivo, sino como la primera pieza en la construcción ofensiva.
Cubarsí, con 21 años, ya controla con la autoridad de un central experimentado en Europa. Maneja el balón sin titubear desde la salida, se desplaza entre líneas cuando el partido lo demanda y lanza pases considerados riesgosos para un defensa clásico.
Laporte aporta otro matiz: la zurda larga para efectuar cambios de orientación que desequilibran la defensa rival. Uno conduce, el otro distribuye. Acompañados de Simón, conforman la base sobre la que se sustenta todo lo demás.
2. La asimetría que genera desequilibrio
La asimetría está integrada en el diseño de España. No como un ajuste puntual, sino como una decisión estructural que afecta todo el planteamiento táctico antes de que el balón ruede.
Llorente, en la derecha, no es un lateral que sube ocasionalmente. Es un mediocampista que ocupa ese carril para generar la ambigüedad que más daño causa al adversario: el rival desconoce si debe vigilarlo como lateral o como interior, y esa duda, aunque sea breve, permite a España crear superioridad en la zona de creación.
La historia de esa transformación dice mucho: Llorente llegó al Atlético como centrocampista clásico, fue utilizado como segundo delantero durante la temporada de Liga de 2021 y luego migró a posiciones laterales con funciones de mediocampo.
En la Selección, ese recorrido se materializa claramente: De la Fuente no le exige que defienda como un lateral tradicional, sino que genere superioridad en las zonas interiores cuando España posee el balón.

En la banda opuesta, el funcionamiento es justo al revés. Cucurella no sube. Se mantiene retrasado, cubriendo el espacio que Nico Williams deja libre cada vez que avanza al ataque.
Ese papel fue malinterpretado en el Chelsea como una limitación, pero en la Selección se entiende como una responsabilidad táctica cumplida con disciplina. La asimetría no nace de las carencias de un lateral ni de las virtudes del otro: es la base de la superioridad española en el mediocampo.
3. El centro del campo más solvente
Algunas selecciones tienen un buen mediocampo, otras construyen a partir de él. España opta por la segunda opción. El triángulo que forman Rodri, Pedri y Fabián Ruiz combina tres perfiles que encajan con una precisión poco frecuente.
Rodri es el regulador: determina cuándo acelerar el juego, cuándo enlentecerlo, cuándo enviar el balón a la banda y cuándo filtrar hacia el interior. Cubre más terreno que cualquier otro jugador sin balón, y esa movilidad sutil es la que mantiene equilibradas las líneas.
Pedri es el conector. No destaca por velocidad en carrera sino por velocidad decisional: recibe bajo presión en espacios ajustados, se gira y filtra. Cuando juega entre líneas, el rival se enfrenta a una disyuntiva: presionarlo deja espacio para Fabián; dejarlo tranquilo le concede tiempo para jugar. Es una situación sin solución efectiva.

Fabián Ruiz es el más difícil de marcar en el mediocampo. Sus incursiones desde segunda línea hacia el área rival suelen pasar inadvertidas hasta que ya está dentro. En la Eurocopa 2024 fue el jugador de España con mayor impacto directo en el marcador: dos goles, dos asistencias y presencia constante en las jugadas de gol, lo que lo convirtió en el mediocampista más completo del torneo.
La UEFA otorgó a Rodri el premio MVP por regular, distribuir y equilibrar el juego. La interrogante que llega al Mundial es qué tanto crece el peligro cuando ambos están en su mejor nivel al mismo tiempo.
4. El dúo que intimida al mundo
Los dos extremos poseen estilos diferentes y no se les exige lo mismo. Lamine Yamal parte desde la derecha, pero su movimiento más peligroso es cortar hacia el interior con la zurda: al hacerlo, arrastra a su marcador y a un segundo defensor que sale a ayudar.
Esa doble atracción abre el carril externo para Llorente y libera espacios para las llegadas de Fabián Ruiz. El daño no lo provoca sólo Lamine, sino el espacio que genera al hacer que el bloque rival reaccione.
Nico Williams actúa en dirección contraria. No corta hacia dentro: ataca por fuera, en el uno contra uno, hasta la línea de fondo para centrar raso. Es un extremo puro, perfil casi extinguido en el fútbol europeo de élite, donde predominan los extremos que cortan hacia dentro.

Cucurella le brinda cobertura total para que ataque sin preocuparse por las transiciones. La banda izquierda es de uso exclusivo para el extremo del Athletic.
Lamine Yamal llega al Mundial como aspirante al Balón de Oro con 18 años, algo que en cualquier otro contexto resultaría exagerado. Ambos jugadores han arrastrado molestias musculares en las últimas fases de la temporada.
De la Fuente ya cuenta con sustitutos: Baena, más técnico y menos explosivo, para reemplazar a Nico; y Olmo por Lamine. La calidad de los suplentes refleja tanto el nivel del fútbol español como el de los titulares.
5. El goleador oculto
El gol más decisivo de la historia reciente de España lo anotó un jugador que había dedicado casi todo el partido a trabajar para que otro lo marcara.
En el minuto 86 de la final de la Eurocopa 2024 en Berlín: Oyarzabal llega sin marca al segundo palo, controla y define. No se esperaba su presencia allí porque durante ochenta y cinco minutos había cumplido otro rol, el que no aparece en los highlights pero que hace posible que ese espacio exista al llegar el momento.
Oyarzabal no es un ‘nueve’ tradicional. No fija a los centrales rivales con marcaje pegajoso; en cambio, los desorganiza bajando al espacio entre líneas, forzándolos a salir de su zona o permitir que reciba de espaldas con tiempo para jugar.
Si el central decide seguirlo, deja un hueco para las llegadas de Fabián y Pedri. Si no lo hace, Oyarzabal cuenta con espacio para combinar. Es una apuesta que siempre termina beneficiando a España.

Su conexión más fructífera es el triángulo con Pedri y Nico por la izquierda: Pedri sabe cuándo bajará Oyarzabal; Nico sabe cuándo llegará al segundo palo.
En los minutos finales, cuando los adversarios pierden concentración defensiva, Oyarzabal es el jugador más peligroso de España. No por azar, sino porque su juego alcanza una dimensión especial justo cuando los demás comienzan a fatigarse.
6. El freno de mano con inteligencia
No todos los partidos se desarrollan igual. Cuando el rival presiona alto, el partido se iguala físicamente o hay un resultado a gestionar, De la Fuente dispone de un sistema alternativo que no altera la identidad del juego pero modifica la disposición del mediocampo.
Zubimendi entra como segundo pivote junto a Rodri, y Pedri avanza a mediapunta. El doble pivote cubre los espacios interiores que en el 4-3-3 quedan expuestos cuando los laterales suben.
La inclusión de Zubimendi tiene un doble efecto. Por un lado cubre el carril central que Llorente deja vacío al subir, ofreciéndole mayor libertad para sumarse al ataque. Por otro, libera a Rodri para orientarse hacia la derecha, donde su vínculo con Llorente y Lamine Yamal genera problemas por la banda.

Zubimendi cierra la izquierda. Rodri avanza a la derecha. El equilibrio se mantiene aunque haya un jugador menos en ataque.
Como mediapunta, Pedri muestra la versión más genuina de su juego. Sin grandes obligaciones defensivas, conectado directamente con los tres atacantes, su rapidez combinativa es casi imposible de neutralizar.
Zubimendi aterrizó en el Arsenal avalado por su destacada trayectoria en el fútbol español, tras dar el salto desde la Real Sociedad. No sustituye a Rodri, sino que le permite ser más eficaz en su rol.
7. La España que arriesga
Los encuentros de eliminación directa tienen una dinámica propia, y De la Fuente la ha plasmado en un sistema para momentos donde la urgencia de anotar supera el miedo a recibir gol. Salen Nico Williams, Fabián Ruiz y Oyarzabal; entran Merino, Ferran Torres y Dani Olmo.
El sistema se transforma en un 4-4-2, con Lamine Yamal retrasado como extremo derecho en el mediocampo. Esta remodelación responde a una razón clara: maximizar la presencia en el área rival y multiplicar las amenazas en el juego aéreo.
Ferran Torres fija a los dos centrales rivales dentro del área, evitando que salgan a cortar el juego. Ese trabajo libera el espacio para Merino, que aparece desde el interior derecho sin marca y con recorrido para atacar.
Merino interpreta el área como destino final, no como zona de paso. Olmo retrocede para combinar con él y con Pedri, creando los triángulos necesarios para que el balón llegue rápido al área. Rodri se replega como ancla.

El sistema mejora de forma radical el desempeño en balón parado: Merino y Ferran representan amenazas aéreas reales en córners y faltas. Yamal, como única referencia en banda derecha, cuenta con libertad para desequilibrar en el mano a mano.
Es el sistema reservado para los últimos veinte minutos de una eliminatoria ajustada: no la primera opción, pero sí el que puede revertir un resultado cuando ya no caben cálculos.

