El momento en que Bildu recibió de pie el himno nacional español: la influencia inesperada del Papa

El Papa León XIV. Las claves

El poder simbólico del Papa permitió que los diputados de EH Bildu permanecieran erguidos durante el himno nacional en el Congreso, hecho sin precedentes.

La presencia del Papa en España provocó una ovación conjunta de partidos como PSOE, PP y Vox, incluso a pesar de divergencias con sus propuestas políticas.

El artículo examina la influencia simbólica de figuras históricas y cómo el Papa mantiene esa autoridad en una sociedad plural y fragmentada.

Manifestar abiertamente la fe católica ha dejado de ser mal visto entre la juventud española, como ejemplifica un artista que interpretó para el Papa.

En junio de 1940, se avecinaban los bombardeos de Hitler sobre Londres. Jorge VI enfrentó presiones para abandonar la ciudad.

Era imprescindible proteger la Corona, salvaguardar al Rey y a su familia. A pesar de carecer de gran carisma, aquel monarca decidió quedarse en Buckingham, ganándose un poder simbólico duradero sobre la nación.

Desde ese momento, la radio lideró una campaña propagandística que alimentó la esperanza de una nación y de toda una civilización: «Hay que imitar al rey».

Se trataba de definir el momento clave en la vida de un héroe, forjando el mito de un soberano en el ático del palacio bajo el estruendo nazi.

Así emergió el poder simbólico de Jorge VI, retratado en dos grandes películas: El discurso del Rey y La hora más oscura.

Un caso similar ocurrió con Unamuno en la Universidad de Salamanca. Aunque no está claro qué pasó exactamente, aquella frase le concedió al rector un poder simbólico que perdurará siglos: «venceréis, pero no convenceréis».

Este concepto del «poder simbólico» me fue explicado por Luis María Anson cuando le pregunté sobre la utilidad de la monarquía. Fue una consulta complicada, pues pasé mucho calor en su despacho sin poder salir.

En España, el Gobierno ejerce el poder Ejecutivo, el Parlamento el legislativo y los tribunales el judicial. ¿Y el Rey? Él representa el poder simbólico, una influencia intangible en momentos críticos para la nación.

Este fenómeno no solo afecta a monarcas, también se extiende a emperadores.

El emperador de Japón, después de Hiroshima y Nagasaki, instó a la rendición frente a Estados Unidos. Si esa declaración la hubiera hecho un general, habría sido fusilado. Sin embargo, la autoridad simbólica del emperador hizo posible ese llamamiento.

También De Gaulle en Francia, a quien acudieron en abril de 1958 por el conflicto en Argelia. Aunque no ocupaba cargos gubernamentales, Francia reconocía que solo él podría resolver la crisis, lo que condujo al nacimiento de la V República.

León XIV ha ejercido su poder simbólico con gran fuerza durante su visita a España. En un país que, con los años, se ha distanciado de su herencia nacionalcatólica, el Papa conserva esa influencia sobre una vasta mayoría de ciudadanos, incluidos agnósticos y ateos.

Reconozco que usar un ejemplo así es pobre; no iguala en magnitud a Jorge VI y sus bombas ni a De Gaulle en Argelia. Pero desde la tribuna del Congreso, al comenzar a sonar el himno español y sabiendo que el Papa iba a entrar, todos los diputados estaban de pie tras la pieza del Vaticano.

Cuando se interpretó el himno nacional, miré a los diputados independentistas, esperando que su postura ideológica les llevara a sentarse de inmediato, siguiendo la costumbre. Sin embargo, los diputados de EH Bildu permanecieron de pie.

Solo observé a Josep Maria Cruset, de Junts, sentado. No pude ver a Míriam Nogueras desde mi posición.

No recuerdo haber visto antes esa escena: la izquierda abertzale respetando el himno nacional de pie. Tampoco sé si volverá a repetirse. No lo hicieron por respeto a la Cámara ni siquiera al himno de un país que no reconocen como propio.

Fue el poder simbólico del Papa, que los fascinó como si fuera una autoridad de origen divino.

Situación similar ocurrió con el Partido Popular y Vox, así como con el PSOE y sus aliados. Aplaudieron durante siete minutos, ¡incluso gritaron «viva el Papa»!, a alguien que había desafiado sus programas electorales.

¿Cuántas personas en el mundo aplaudirían al PSOE tras escucharlos oponerse en el Congreso a la ley del aborto y la eutanasia?

¿Cuántas aplaudirían al PP luego de oponerse a la prioridad nacional?

En la etapa de mayor polarización política desde 1978, el poder simbólico del Papa causa aún más sorpresa. Lo curioso es que, en lugar de criticar las partes del discurso que no les gustaban, los diputados se centraron en destacar lo que les resultaba cercano.

Todos se esforzaron por apropiarse de dichas palabras, lo que constituye un acto inusual. Más aún cuando en el Congreso es difícil que alguien hable bien de un rival político.

Sánchez, ateo que no acudió a la misa por las víctimas de Adamuz, sí participó en una eucaristía presidida por el Papa. A pesar de sus problemas de agenda para eventos públicos, ha seguido a León XIV durante toda su visita.

Por su parte, el padre Feijóo, sin cargo oficial, hizo todo lo posible para obtener una foto con el Papa, incluso regalándole una camiseta firmada por Rafael Nadal.

Durante la semana, la influencia del Papa se extendió en cada etapa de su visita. Ni siquiera en Cataluña prosperó el intento de Puigdemont y sus seguidores —quienes profesan la religión más cerrada— de transformar un evento global en una reivindicación regional.

Excepto en el discurso del Congreso, que mostró profundidad reflexiva, las frases del Papa en España, aisladas, no aportan novedades. Se asemejan a mensajes de Mr. Wonderful. Aun así, ocuparon portadas durante días.

Lo verdaderamente importante, como siempre, no es lo que se dice, sino quién lo dice.

Este es un momento para reflexionar sobre el poder simbólico de la Iglesia, transmitido de generación en generación, sin importar qué Papa elija el Vaticano. También es una advertencia sobre lo que puede lograr un Papa cuando la sociedad que lo recibe es extremadamente católica. Los Borgia.

Además, la visita del Papa ha evidenciado un cambio, un signo de un nuevo tiempo. Mostrar abiertamente la fe católica ha dejado de ser considerado poco atractivo para un joven español en sus veintitantos.

Inazio, uno de los artistas que cantó para el Papa en un acto en Madrid, publicó un vídeo en sus redes sociales hablando de sus dudas iniciales: le preocupaba la opinión pública y su público habitual. Quizá hace diez años hubiera rechazado la invitación.

Sin embargo, aceptó y luego difundió una buena noticia.

La geopolítica moldea una nueva realidad mundial, dentro de un contexto de guerra fría. Los bloques están definidos: Estados Unidos, China y una Europa en retroceso.

Debe sumarse el Papa, quien desafió a Trump y posee la capacidad de influir en el discurso de cualquier país que visita.

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