El conjunto mantiene sus licencias y aguarda un proyecto que permita retomar la actividad tras años cerrado

Un castillo medieval, con once suites equipadas con chimenea, jardines, piscina, licencia tanto hotelera como de restaurante, y una historia vinculada al turismo de lujo. En teoría, el Castell d’Orriols cumple casi todos los requisitos para transformarse en una de esas propiedades destacadas que atraen a inversores, cadenas hoteleras o compradores internacionales. Sin embargo, en la práctica el edificio lleva años sin actividad y regresa al mercado inmobiliario sin que hasta ahora ningún plan haya logrado devolverle vida.
Este inmueble, ubicado en Orriols, dentro del término municipal de Bàscara en la comarca del Alt Empordà, se ha puesto nuevamente a la venta mediante la inmobiliaria Lucas Fox, conforme a lo informado por la edición digital del Setmanari de l’Alt Empordà. No se trata de una propiedad común. El castillo está documentado desde 1265, conserva elementos originales medievales y añadidos renacentistas, y fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 1988.
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Durante varios años operó como hotel de cuatro estrellas y restaurante de alta gama bajo el nombre de L’Odissea de l’Empordà. No obstante, esa etapa concluyó. En 2016, el empresario Jaume Roures adquirió la totalidad de la propiedad, de la cual ya poseía una participación minoritaria, pero en esta década no se ha impulsado ningún plan estable para retomar su uso.
Un castillo con suites, piscina y licencia hotelera
El Castell d’Orriols conserva una estructura rectangular organizada alrededor de un patio central de los siglos XVI y XVII. La fachada mantiene rasgos renacentistas, exhibiendo aberturas geométricas regulares, y el edificio se distribuye en tres niveles. En el interior se encuentran amplios espacios comunes, cocina industrial, terrazas, un lounge bar, una bodega y varias salas multifuncionales.
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La propiedad ofrece actualmente once suites con chimenea y vistas al paisaje del Empordà. Además, cuenta con una casa anexa que permitiría expandir la capacidad hasta 23 habitaciones. En el exterior, el conjunto incluye jardines, terrazas y una piscina.
Uno de los principales atractivos para un posible comprador es que el inmueble mantiene la licencia de hotel y restaurante, lo que facilita retomar la actividad turística o desarrollar un proyecto nuevo vinculado a la hostelería premium. Su perfil también está alineado con una tendencia creciente en el mercado inmobiliario: la venta de edificios históricos como propiedades destacadas dirigidas a compradores con alto nivel adquisitivo.
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El alcalde de Bàscara, Narcís Saurina, sostiene que reactivar el castillo sería beneficioso tanto para Orriols como para toda la región. Según declaró a Empordà.info, cuando el edificio funcionaba como hotel, generaba actividad económica sin afectar la vida cotidiana del pueblo. “Era una clientela con alto poder adquisitivo, pero no había un impacto directo en el municipio”, comenta.

Para el Ayuntamiento, el problema no es exclusivamente económico. También existe preocupación por el deterioro que podría sufrir un inmueble de estas características si se mantiene cerrado durante años. “Es complicado conservar un edificio así sin uso, porque se deteriora con el paso del tiempo”, advierte Saurina al medio digital comarcal. El municipio ofrece poca oferta turística complementaria, más allá de alguna casa rural, por lo que la recuperación del castillo podría representar un impulso significativo para la zona.
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El precio de venta no se ha revelado, aunque el alcalde estima que se trata de una operación de gran valor económico. A su juicio, el mayor desafío para cualquier comprador no es solo el mantenimiento ordinario del edificio, sino la inversión necesaria para restaurar y adaptar una propiedad de esta envergadura.
El castillo también forma parte de la memoria reciente por un episodio trágico sucedido en 1994. El político Antonio de Senillosa asistió a una celebración en el Castell del Palau d’Orriols antes de sufrir un accidente mortal de tráfico en la carretera entre Orriols y l’Escala, en el cual fallecieron tres personas.
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Ahora, tres décadas después de aquel suceso y casi diez años tras la adquisición por parte de Roures, el edificio está nuevamente a la espera de un comprador. El Ayuntamiento recibe con agrado cualquier iniciativa que asegure su conservación y permita reactivar la actividad.

