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Información del artículo
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- Autor, Mark Piesing
- Título del autor, BBC Future
- Fecha de publicación 3 junio 2026
- Tiempo de lectura: 11 min
Bornholm es una isla aislada y de posición estratégica en el mar Báltico, conocido por su alto nivel de contaminación. Actualmente, esta isla danesa azotada por el viento se halla en el epicentro de una crisis ambiental y política.
La temporada turística en Bornholm dura poco. Al descender del autobús, el extenso puerto se presenta vacío, salvo unos pocos yates y un destacamento de soldados daneses.
La antigua planta de procesamiento de pescado situada en el muelle está silenciosa y da la impresión de abandono, y junto a ella se levantan nuevas viviendas vacías para turistas.
Sin embargo, la oficina del capitán del puerto permanece en funcionamiento; en una de sus paredes cuelgan fotografías antiguas en sepia que muestran el puerto en tiempos de prosperidad.
«He trabajado aquí cerca de 27 años», comenta Tom Nielsen, el capitán del puerto.
«Llegamos a tener simultáneamente 55 barcos, y hoy sólo queda uno… Se podía atravesar el puerto caminando desde un barco pesquero hasta otro. Estaba completamente lleno. Había gran cantidad de barcos y mucha actividad en la industria; mecánicos, electricistas, todos empleados. Por cada persona en el mar, había tres en tierra», recuerda.
«La desaparición de la pesca fue un duro golpe».
Desde 2019, la pesca comercial de bacalao alrededor de Bornholm está prohibida debido al colapso de las poblaciones locales.
En 2024, la asociación de pescadores de Bornholm cerró tras 141 años de actividad.
El ecosistema marino podría tardar más de 400 años en recuperarse de factores como la sobreexplotación pesquera, la carencia de oxígeno y el calentamiento del agua del mar.
Algunos consideran que esta recuperación quizás nunca suceda, ya que un enemigo invisible avanza bajo las aguas del mar Báltico.
Las áreas del fondo marino con escaso o nulo oxígeno, conocidas como «zonas muertas», parecen aproximarse cada vez más a las playas que rodean Bornholm.
Esta situación es causada por la contaminación humana derivada de fertilizantes y aguas residuales, que desencadena un crecimiento excesivo de algas.
Cuando estas algas mueren, se depositan sobre el fondo marino.
La descomposición consume todo el oxígeno disponible, eliminando a los organismos dependientes de este y generando las llamadas zonas muertas.

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Como si fuera poco, el mar Báltico enfrenta una amenaza adicional para su conservación.
La invasión rusa a Ucrania en 2022 originó una flota fantasma de barcos que evaden sanciones occidentales y el límite de precios impuestos sobre sus exportaciones petroleras.
Actualmente, aumentan los temores a un posible vertido masivo accidental de petróleo desde algunos de estos buques mercantes, que se presume están en mal estado. Este hecho podría arrasar aún más los ecosistemas vulnerables del mar Báltico, aunque las autoridades rusas lo niegan.
Hablar «en el agua»
Dominando el puerto, al final del muelle en Tejn, se levanta la alta fábrica de chapa ondulada que antes fabricaba hielo para la flota pesquera que operaba en la isla.
Actualmente, esa estructura alberga Ivandet, una organización local dedicada a la educación ambiental (el nombre significa «en el agua» en danés).
«Cuando la industria colapsó, nadie quería hablar de lo ocurrido», comenta Marie Helene Miller Birk, bióloga marina y cofundadora de Ivandet.
«Concluimos que lo más importante ahora era involucrar a la gente en el agua para que comenzara a dialogar».
Ivandet transformó la fábrica reemplazando la maquinaria con una cafetería, oficinas y un balcón desde donde se contempla una vista panorámica de 180 grados del mar Báltico.
Las paredes y tuberías originales permanecen como testigos de la época pesquera. Además, la organización creó una laguna artificial que se adentra en el mar.
«En verano, las familias visitan el lugar y pasan tiempo con nosotros», explica Birk.
«Contamos con un biólogo marino, generalmente yo, equipado con botas, redes y prismáticos acuáticos. Los niños despiertan interés, atraen a sus padres, y entonces comienzan las conversaciones», añade.
«Parece que los padres necesitan que alguien les haga preguntas sobre todo aquello que han escuchado en los medios acerca de la contaminación», señala.
Magnus Heide Andreasen, cofundador de Ivandet y doctorando en Ecología Marina en el Instituto Nacional de Recursos Acuáticos de Copenhague, ha creado la startup Redox.
Esta empresa se dedica a restaurar hábitats y trabaja en una tecnología comercial innovadora destinada a revertir la falta de oxígeno en el fondo marino y a recuperar sus sedimentos contaminados.
No obstante, guarda la mayoría de los detalles en secreto. «Sigue siendo confidencial».
Desde el balcón, observando el mar Báltico, resulta difícil imaginar su alto grado de contaminación.
«Ese es el problema más grande al que se enfrenta el mar», dice Birk. «Parece tan hermoso».
Pero bajo la superficie, la realidad cambia radicalmente.
Algas que matan
«El Báltico es un mar pequeño y casi cerrado, con condiciones únicas», explica Rüdiger Strempel, secretario ejecutivo de la Comisión para la Protección del Medio Marino del Báltico (Helcom), durante una llamada por videoconferencia.
«Se trata del mayor cuerpo de agua salobre del planeta y posee un intercambio limitado de agua con el cercano mar del Norte».

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Helcom es una entidad intergubernamental creada para preservar el medio ambiente del mar Báltico.
Está integrada por diez miembros, entre ellos Rusia, y se estableció en los años 70.
«El agua puede permanecer hasta treinta años en el Báltico. Además, es un mar poco profundo», señala Strempel.
La profundidad media del mar Báltico ronda los 54 metros, mientras que la del Mediterráneo, por ejemplo, llega a 1.500 metros.
«El mar alberga muchas especies que se han adaptado especialmente a este tipo de ambiente», detalla el experto de Helcom.
Al menos siete grandes ríos desembocan en el Báltico. Su cuenca hidrográfica es cuatro veces mayor que la superficie del mar en sí y alberga cerca de 90 millones de habitantes.
«Es una de las zonas marítimas con más tráfico del mundo», afirma Strempel.
«Hay un promedio de 1.500 grandes barcos navegando el mar en todo momento y alrededor de 55.000 embarcaciones entran o salen del Báltico a través de los estrechos daneses cada año.
«Se puede imaginar que el mar Báltico sufre muchas presiones para las que su ecosistema no está preparado».
Observo una de estas presiones: en mi pantalla aparece una imagen de hermosos remolinos coloridos que parecen danzar y brillar como auroras boreales, aunque no lo son.
Se trata de floraciones de algas verdeazuladas que contribuyen a la destrucción de amplias áreas del mar Báltico.
«El Báltico es uno de los mares más contaminados del mundo», confirma Annamari Arrakoski-Engardt, directora ejecutiva de la Fundación John Nurminen en Finlandia.
«El principal problema del mar Báltico es la eutrofización».
La eutrofización es un fenómeno natural, pero se intensifica cuando el mar recibe un exceso de nutrientes como fósforo y nitrógeno provenientes de la agricultura.
Estos nutrientes estimulan el crecimiento de algas que forman densa cobertura, bloqueando la entrada de luz solar. Pero ese es solo el inicio.
Cuando las algas mueren, se depositan en el fondo marino y comienzan a descomponerse.
Este proceso consume el oxígeno disuelto en el agua y deja poco o nada para los peces y otros organismos, creando así zonas muertas.

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Este proceso de eutrofización ocurre a gran escala en el Báltico.
«Actualmente, un 97% del mar Báltico presenta algún nivel de afectación por eutrofización», advierte Strempel.
«Las ‘zonas muertas’ fluctúan estacionalmente, abarcando desde un área aproximada al tamaño de Dinamarca hasta superar la extensión de Irlanda».
Los acantilados y rocas en la costa de Bornholm constituyen un refugio perfecto para la biodiversidad marina.
«Pero el fondo marino puede cubrirse con una capa blanca que los daneses llaman ‘sábana de cadáver’», explica Birk.
«Esta capa cubre áreas cada vez mayores y, en ciertas zonas, persiste durante todo el año.
«Antes esta capa solo se encontraba mar adentro», añade. «Ahora se acerca cada vez más a la costa, y eso es algo nuevo».
El mar Báltico enfrenta además otros problemas graves.
«Existen niveles preocupantes de sustancias peligrosas en el mar Báltico», comenta Strempel. «Ahora sabemos, gracias a datos recientes, que esto es tan urgente como la eutrofización».
Entre los contaminantes se encuentran químicos, plásticos, medicamentos, tráfico marítimo, municiones de la Segunda Guerra Mundial y armas químicas.
«Solo en aguas alemanas hay unas 300.000 toneladas de municiones convencionales, además de alrededor de 40.000 toneladas de municiones químicas en el fondo marino», añade Strempel.
Sumado a esto, el cambio climático impacta significativamente en el mar Báltico, elevando la temperatura del agua, ampliando las zonas muertas y reduciendo la biodiversidad.
Objetivo: salvar el mar
Diversas organizaciones comunitarias como Ivandet han emergido en la región.
En 2024, la expedición Save the Baltic Sea recorrió a pie 6.000 km durante nueve meses alrededor del mar Báltico para crear conciencia sobre su contaminación y fomentar acciones tanto en empresas como en gobiernos.
La Fundación John Nurminen colabora con el sector agrícola para reducir la cantidad de nitrógeno y fósforo que provoca la eutrofización en el mar Báltico.
«Trabajamos con agricultores en Finlandia para aplicar yeso en los campos», explica Arrakoski-Engardt.
«Este método mantiene el fósforo en el suelo durante cinco años, favorece el crecimiento vegetal y reduce la carga de fósforo en un 50%. Actualmente lo estamos implementando en toda la región del Báltico», añade.

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Antes de la invasión rusa a Ucrania, la fundación instaló equipos mejorados para la eliminación de fósforo en cinco ciudades de Bielorrusia.
«Esto incentivó a Lituania y Polonia a redoblar esfuerzos, ya que dejaron de recibir agua contaminada desde Bielorrusia», señala.
Helcom también ha jugado un papel clave en fomentar la cooperación esencial entre países de la región del mar Báltico a través de su plan de acción.
Los niveles de contaminación por nutrientes han disminuido notablemente. Gracias a la vigilancia aérea, los vertidos petrolíferos detectados pasaron de 763 en 1989 a solo 32 en 2023.
«En los 90 creamos un sistema para identificar puntos críticos de contaminación y, poco a poco, hemos logrado eliminarlos», explica Strempel.
«Recientemente descubrimos que, por ejemplo, Polonia ha erradicado su último punto crítico. Además, se han reducido las emisiones de azufre y óxidos de nitrógeno de los barcos que transitan el Báltico. Esto es otro avance importante», detalla.
La Organización Marítima Internacional (OMI) prohibió el vertido de aguas residuales humanas procedentes de cruceros y ferris en dichas aguas.
Pese a algunos avances, el tamaño del mar, la gravedad de la contaminación y los efectos crecientes del cambio climático hacen que una recuperación total parezca poco probable.
«No podría renunciar a la esperanza de restaurar el mar Báltico», dice Magnus Heide Andreasen. «Pero no será el mar que existía hace 150 años», reconoce.
La crisis política en el Báltico ha complicado cualquier proceso posible de recuperación.
Los temores generalizados sobre el daño ambiental que causan los buques mercantes de la llamada «flota en la sombra» rusa son probablemente la manifestación más evidente de esta crisis.
«Sería catastrófico si alguno de los petroleros de la flota fantasma rusa chocara contra rocas y generara un vertido masivo en el mar Báltico», advierte Arrakoski-Engardt.
«Esa es la mayor amenaza y nuestro principal desafío».
Anteriormente, grupos ecologistas han acusado a Rusia de encubrir su «agresión ambiental contra el Báltico», denuncia que Rusia niega, incluso en referencia al mayor vertido de fósforo desde tierra jamás registrado en el mar Báltico.
Las tensas relaciones con Rusia
Aunque Rusia sigue siendo miembro de Helcom tras la invasión a Ucrania, los otros nueve miembros (conocidos como H9) consideraron imposible «seguir como si nada».
En su lugar, optaron por una «pausa estratégica» que suspendió las reuniones oficiales con Moscú.

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«Ahora, los H9 se reúnen informalmente cuando es necesario tomar decisiones, las cuales transmiten por escrito a Rusia a través de la secretaría de Helcom, y Rusia puede responder de igual manera», explica.
«El contacto se ha vuelto más difícil y ha disminuido considerablemente», añade Strempel.
«No recibimos información de su parte y carecemos de mecanismos para supervisar sus actividades.»
En su reciente visita al Báltico, Oliver Moody constató el temor hacia Rusia. Moody es corresponsal en Berlín para The Times y autor de Baltic: The Future of Europe.
«Los gobiernos bálticos han sido profundamente afectados por la situación geopolítica de formas que no muestran abiertamente», afirma.
«Existe un miedo real a un gran vertido de petróleo provocado por los petroleros de la flota fantasma».
No obstante, asegura que no cree que los problemas ambientales «hayan perdido importancia».
Un conflicto bélico en el mar podría, sin embargo, complicar mucho los esfuerzos actuales.
«Incluso un enfrentamiento limitado en el Báltico podría paralizar la mayoría de las iniciativas de conservación en curso, y constituir un retroceso considerable», opina.
(Al día siguiente de mi regreso a Reino Unido, algunos aeropuertos de la región cerraron por drones posiblemente lanzados desde barcos rusos).
En respuesta, la embajada rusa en Londres declaró: «Rusia continúa cumpliendo sus obligaciones según la Convención de Helsinki y participa plenamente en Helcom. La suspensión de la cooperación formal por parte de los otros nueve miembros fue una decisión política y no resultado de supuestas infracciones medioambientales rusas».
Agregó: «Consideramos que los asuntos ambientales en el mar Báltico no deben politizarse. Las acusaciones occidentales sobre la llamada ‘flota en la sombra’ se basan en escenarios hipotéticos, mientras que los daños reales y documentados causados por otros incidentes han recibido menos atención».
Los desafíos que enfrenta el Báltico son tan grandes que a Birk le cuesta mantener su optimismo habitual.
«Pero siempre regreso a lo fundamental», dice. «Hay que seguir metiéndonos en el agua y mostrar a las personas la vida que aún perdura».
Concluye: «El mar Báltico no está muerto. Ha cambiado y no es el mismo de antes. Debemos ayudar a Bornholm a descubrir las oportunidades que el mar aún puede brindar».

