No estuvieron presentes en la cita el expresidente Zapatero, el lehendakari Imanol Pradales ni los portavoces de varios grupos parlamentarios: únicamente asistieron PP, PSOE, Vox y UPN.

Cada detalle había sido planificado con precisión, aunque los ritmos humanos no siempre coinciden con los divinos. Quizá por eso la llegada de León XIV al Palacio Real sufrió un retraso de 17 minutos. El Santo Padre comenzó, junto a la Familia Real y representantes del Estado, su visita oficial a España.
Desde temprano en la mañana, numerosas personas aguardaban en las inmediaciones del Palacio. Provenientes de distintos lugares, se concentraban en las calles cercanas a pesar de las estrictas medidas de seguridad. El motivo era la posibilidad de observar de cerca al Papa León XIV tras su aterrizaje en el pabellón de autoridades del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas.
Su Santidad había arribado desde Fiumicino en un avión de Ita unos treinta minutos después de las diez de la mañana. Los Reyes Don Felipe y Doña Letizia le aguardaban en la plataforma aérea, acompañados por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y los ministros de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y de la Presidencia, Félix Bolaños, con cuyo equipo se coordinó toda la visita. Los Reyes respetaron el protocolo al besarle el anillo del pescador, gesto que también realizaron sus hijas.
A las 11:47 de la mañana, León XIV ingresó en la Plaza de la Armería del Palacio Real. Una formación de guardia de honor integrada por la Escuadra de Gastadores, la Unidad de Música, el Grupo de Honores, el Escuadrón de Escolta Real, la Batería Real y la Sección de Motos del Grupo de Escoltas estaba perfectamente alineada en la plaza, donde ya calentaba el sol pese a que el termómetro apenas había superado los 20 grados.
Al arribar, fue recibido junto al vehículo por Don Felipe y Doña Letizia, con quienes se dirigió a la tribuna de honor, donde aguardaban la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. Es el segundo Papa que conocen las hijas de los Reyes, después de haber tenido contacto en su infancia con Benedicto XVI. Ahora, como jóvenes adultas, siguieron el protocolo vaticano que exige vestir de negro a las mujeres y traje oscuro a los hombres. Coincidentemente, la presidenta de Cantabria eligió el mismo vestido negro que la Infanta Sofía. Todos estaban vestidos en ese color —a excepción de alguna ministra que optó por azul marino—. La única excepción fue la Reina, quien volvió a emplear el privilegio de vestir de blanco, una distinción exclusiva para reinas católicas.
Tras ubicarse en la tribuna de honor, la Batería Real efectuó la típica salva de 21 cañonazos, que constituye la máxima distinción militar destinada a jefes de Estado, mientras se interpretaban los himnos nacionales del Vaticano y de España. La formación combinada fue inspeccionada por el Papa y el Rey, tras lo cual se saludaron las delegaciones oficiales. Ambos se desplazaron luego al Zaguán de Embajadores junto a la Reina, la Princesa y la Infanta. Desde ese lugar, atravesaron un pasillo de honor formado por lanceros del Escuadrón de Escolta Real y subieron por la Escalera de Embajadores, escoltados por la Sección de Alabarderos.
Después de la ceremonia de bienvenida, la Familia Real procedió a entregar obsequios. Entregaron al Papa una reproducción facsímil de todos los documentos y heterógrafos de Isabel la Católica; el libro Mapas de América en los libros españoles de los Siglos XVI a XVIII; una colección de monedas correspondiente al «año Gaudí» y un conjunto de productos asturianos. Por su parte, Su Santidad entregó a los Reyes un mosaico del Cristo del Sol y una medalla conmemorativa del viaje apostólico a España.
Al concluir el encuentro privado en el salón Gasparini, la Familia Real y el Papa se dirigieron al Salón del Trono para saludar a las autoridades. Estaban presentes 250 invitados en el acto, pero el saludo se realizó en la medida de lo posible mientras el resto de asistentes —el cuerpo diplomático acreditado en España— aguardaba en el salón de Columnas.
No asistieron el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, imputado en la causa Plus Ultra, ni el lehendakari Imanol Pradales, junto con portavoces de varios grupos parlamentarios. Sólo acudieron PP, PSOE, Vox y UPN.
Al finalizar el acto, y antes de despedir al Papa, los Reyes y la Princesa de Asturias y la Infanta doña Sofía le mostraron la capilla Real, donde presenciaron la interpretación de Ave María, de Franz Biel, y Tu es Petrus, de Giovanni da Palestrina, interpretados por la Escolanía del Escorial, conformada por agustinos como el Papa. Asimismo, Patrimonio Nacional colgó en la Galería tapices del siglo XVI que narran los hechos de los Apóstoles, adquiridos por Felipe II.
El Papa León XIV abandonó el Palacio en uno de los papa móviles híbridos que empleará durante su estancia.

