La joven promesa del Atlético de Madrid ha supuesto uno de los descubrimientos más destacados al cierre de esta temporada.
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Ortigosa del Monte, un remanso segoviano situado a los pies de la sierra de Guadarrama, marca los orígenes de la última joya del Atlético de Madrid. Entre asados tradicionales, aguas cristalinas y una tranquilidad absoluta, Miguel Cubo, el delantero de 18 años, asimila su impacto fulgurante en la Primera División.
El fútbol profesional puede convertirse en un torbellino intenso. Pasar de la calma del filial a anotar un gol en Mestalla con asistencia de Antoine Griezmann, y debutar poco después ante la ovación del Metropolitano, es una experiencia que transformaría la vida de cualquiera.
No obstante, para Miguel Llorente Cubo, la prometedora figura emergente de la cantera del Atlético de Madrid, el refugio frente al brillo mediático tiene un nombre y lugar: Ortigosa del Monte.
Este pequeño municipio segoviano, con una población que apenas supera los 600 habitantes, se ha convertido en el santuario personal del delantero de 18 años.
Lejos completamente del bullicio y la presión de la capital española, Ortigosa del Monte se ubica majestuoso al pie de la Sierra de Guadarrama, ofreciendo un entorno rural donde el tiempo parece fluir de manera distinta.
Es allí donde Cubo vuelve siempre que puede para reposar y no perder contacto con la realidad, arropado por su comunidad, justo mientras su carrera despega respaldada por Diego Pablo Simeone y Fernando Torres.
El secreto del manantial
El ambiente natural que rodea la localidad invita a una desconexión completa. Uno de sus parajes más emblemáticos es El Berrocal, un espacio impresionante caracterizado por enormes bloques de granito moldeados por la erosión, rodeados por densos bosques de encinas.
Por esas rutas de montaña es fácil imaginar al joven delantero caminando o entrenando durante su infancia, mucho antes de que sus registros goleadores (35 goles en 32 partidos con el Juvenil B) llamaran la atención de los buscatalentos rojiblancos.
Pero si algo simboliza la pureza de este rincón segoviano es su agua. Desde las profundidades de la sierra de Ortigosa nace el manantial subterráneo de la reconocida marca Bezoya. La planta embotelladora local no solo impulsa la economía regional, sino que también representa la frescura que Cubo transmite en el campo: un juego natural, claro y directo.
Monteresma y asados de leña
La relación de Miguel Cubo con el balón inició muy cerca de casa, defendiendo la camiseta del Monteresma CF en el fútbol base provinciano.
En 2016, con solo ocho años, la Academia del Atlético de Madrid se fijó en él. A pesar de la distancia y el traslado a la residencia del club, el delantero nunca cortó sus vínculos con sus orígenes.
En Ortigosa, la joya arquitectónica que representa la Iglesia de San Julián Mártir, de origen medieval y con esencia románica, convive hoy con el orgullo local al ver a uno de sus vecinos destacar en televisión.
La identidad del pueblo se aprecia también a través de una cocina sólida y tradicional. El aroma del cochinillo asado crujiente y el cordero lechal, elaborados con dedicación en hornos de leña, inunda el área, especialmente en templos gastronómicos locales como el asador La Venta Vieja, una parada imprescindible junto a la carretera.
Platos de cuchara típicos, como los judiones de La Granja o la sopa castellana, completan una mesa diseñada para afrontar los inviernos serranos.
En las festividades tradicionales —San Julián en enero o las celebraciones principales de la Virgen del Rosario en agosto—, el pueblo se convierte en una gran familia. Para Miguel Cubo, Ortigosa del Monte no es solo el lugar donde nació; es su escudo protector, el sitio que le recuerda su esencia antes de calzarse las botas y salir a conquistar el mundo.

