Seis años desde la desaparición de Rosalía, conocida como la ‘otra Manuela Chavero’ en Cáceres

Durante la pandemia de covid, salió a caminar por un área que conocía muy bien en Bohonal de Ibor y nunca regresó. Sus hijos solicitan la participación de la UCO para avanzar en la investigación, la cual permanece cerrada por un juzgado debido a la falta de evidencias.

Despliegue en localidad cacereña de Bohonal de Ibor, el pasado 8 de mayo, para intentar localizar a Rosalía Cáceres, desaparecida el 25 de mayo de 2020.

«Existe una clara semejanza entre los casos de Manuela Chavero, Francisca Cadenas y Rosalía Cáceres». Así lo afirma Salvador Serrano, portavoz de la familia de esta mujer de 74 años desaparecida en Bohonal de Ibor (Cáceres) hace seis años, en plena crisis sanitaria, sin dejar ningún rastro. Tres desapariciones en tres zonas rurales, que no avanzaron durante bastante tiempo en sus investigaciones: la de Chavero se resolvió tras cuatro años; la de Cadenas, en un plazo similar; mientras que la de Rosalía, desde el 25 de mayo de 2020, sigue estancada.

Ese día, la mujer —viuda desde 2012 y madre de cinco hijos— salió temprano, alrededor de las 8:00 horas, para pasear por los alrededores del pueblo, que cuenta con cerca de 500 habitantes. Había comentado previamente a sus hijas que ese día pensaba alargar su ruta habitual para recuperar algo de peso, pues durante las restricciones por la pandemia había aumentado algo. De complexión delgada (50 kilos y 1,55 metros), estaba habituada a realizar excursiones sola por la zona, formando parte de su rutina diaria.

Residente habitual en Madrid, el estado de alarma la sorprendió de visita en el pueblo cacereño, lugar de origen de su marido y de varias generaciones familiares. Sus hijos consideraron que lo más aconsejable era que permaneciera en Bohonal de Ibor durante toda la pandemia antes que en su apartamento, confinada «entre cuatro paredes» en la capital.

Durante la mañana de su desaparición, Rosalía mantuvo varias conversaciones telefónicas. Las dos últimas fueron con su prima y con su hijo Enrique. Su recorrido se prolongó hasta casi el mediodía y estos la instaron a regresar. Ella conocía bien el entorno —que incluye un pantano, las aguas del río Tajo y las vías—, además del paraje de El Pibor, un sitio poco frecuentado y habitual para cazadores. “Me estoy refrescando los pies, ya vuelvo”, fue su última respuesta vía móvil, cuando descansaba unos minutos a las 13:55 horas. Fue la última vez que contestó, molesta por la insistencia de sus familiares para que regresara. Después de eso, no respondió más llamadas. Esa misma tarde comenzaron las primeras búsquedas por parte de los vecinos, pero sin resultados hasta hoy.

Rosalía Cáceres

El caso judicial está sobreseído provisionalmente al no encontrar la Guardia Civil «señales de criminalidad». La hipótesis principal apunta a que pudo haber sufrido un accidente tras perderse en el campo, aunque no se descartan otras posibilidades. Los investigadores creen que se separó de la ruta habitual para adentrarse en una zona desafiante de aproximadamente cuatro kilómetros, con terreno escarpado, rocoso y con senderos inclinados, donde existen incluso dólmenes históricos, dentro de la comarca del Campo Arañuelo.

El pasado 8 de mayo se realizó una nueva gran búsqueda en el área de la desaparición con un dispositivo extenso, sin éxito. Se emplearon drones, un equipo cinológico con perro especializado en localización de personas, agentes del Seprona en motocicletas, varias unidades de Seguridad Ciudadana, la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia de Cáceres, el Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña y otros recursos especializados, como un Puesto de Mando Avanzado con conexiones satelitales. No se hallaron pistas, ni restos del cuerpo, ropa o teléfono. A lo largo de los años, el lugar y el pantano han sido inspeccionados repetidamente. Nada se encontró.

«Queremos una oportunidad para conocer la verdad; por eso solicitamos un cambio en la investigación, la incorporación de otros agentes, sean de la UCO o de cualquier otro cuerpo, que aporten una perspectiva diferente», señala el portavoz familiar, que expresa una sensación de «impotencia y abandono». No obstante, Serrano aclara que no critican el trabajo de los agentes actuales: «Pero no comprendemos que existan casos de primera y segunda categoría; ignoramos si la respuesta fue distinta por la alarma social en ciertos casos y en otros no». «Simplemente pedimos una oportunidad porque nos sentimos desamparados y deseamos saber qué ocurrió realmente», concluyen.

La familia («y la comunidad entera») descarta que Rosalía se perdiese confundida («conocía perfectamente el terreno, incluso las tres puertas de la zona cercada donde estaba») o que sufriera alguna dolencia súbita (como un infarto o un ictus). «Era una mujer muy activa y saludable, y para nosotros existe claramente la posibilidad de que hayan intervenido terceras personas, alguien con quien se cruzó mientras regresaba, pero debe investigarse», comenta su yerno, quien agrega que durante la pesquisa «se interrogó a cuatro o cinco personas», todas con coartadas, «aunque no suficientemente verificadas», critica.

En este sentido, subraya que este caso “está muy vinculado con la desaparición de las otras dos mujeres en Extremadura en los últimos años”. La implicación de la UCO en la investigación de los sucesos de Manuela Chavero y Francisca Cadenas, tras un largo tiempo, fue clave para esclarecer el paradero de ambas, quienes fueron encontradas asesinadas. «No estamos en contra de nadie, pero exigimos respuestas», concluyen.

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