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- Autor, James Landale
- Título del autor, BBC News
- Fecha de publicación 19 mayo 2026, 03:58 GMT
- Tiempo de lectura: 12 min
La crónica de la política británica reciente puede resumirse en cifras. Cinco primeros ministros en siete años, ninguno de los cuales completó su mandato.
Durante ese mismo lapso, se han sucedido siete ministros de Asuntos Exteriores, seis titulares de Hacienda y cuatro secretarios del gabinete.
Se trata de un relato de fragilidad y desconcierto, y existe la probabilidad de que el Partido Laborista añada un nuevo episodio si reemplaza a Keir Starmer, el actual primer ministro con una mayoría parlamentaria sólida.
¿Qué está sucediendo? ¿Por qué el Reino Unido cambia de liderazgo casi con la misma rapidez que lo hacía Italia en su momento? ¿Por qué el electorado y los parlamentarios otorgan y retiran su respaldo con semejante facilidad?
En pocas palabras, ¿se ha vuelto el Reino Unido ingobernable?
Para Starmer, la respuesta es contundente. En una conferencia de prensa reciente, el primer ministro afirmó: "No, no considero que Gran Bretaña sea ingobernable".
La líder conservadora Kemi Badenoch coincidió con él y expresó ante la Cámara de los Comunes: "Reino Unido no es ingobernable".

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Sin embargo, Starmer y Badenoch encabezan grupos parlamentarios que últimamente han mostrado una marcada inclinación hacia la destitución de sus líderes.
Ambos se ven obligados a gobernar dentro de un entramado administrativo, regulatorio y judicial complejo que dificulta la puesta en marcha de políticas y pone a prueba la paciencia de votantes cada vez más impacientes por obtener resultados y poco dispuestos a aceptar que la política conlleva concesiones.
¿Nos hallamos ante un momento especialmente agitado en la historia británica que ha dejado a los dirigentes a merced de las circunstancias? ¿O esta agitación en Westminster refleja problemas profundos y sistémicos en la política?
Los eventos
Una respuesta inicial podría ser, simplemente, que la clase política atraviesa un periodo complicado.
Este tramo histórico ha puesto a prueba a cualquier generación: la crisis financiera global de 2008, el tumulto político del Brexit, el severo impacto económico de la covid-19, la guerra en Ucrania junto con la consiguiente crisis energética, y, por supuesto, la inestabilidad sistémica generada por el presidente estadounidense Donald Trump.
Estos retos no son exclusivos del Reino Unido. Otros líderes internacionales también enfrentan estas dificultades y batallan por encontrar soluciones.
En toda Europa, los gobiernos en funciones se han visto tambalearse frente a los problemas económicos y la impaciencia de la ciudadanía.

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¿Han estado a la altura de estos desafíos los líderes políticos en el Reino Unido? Hannah White, directora ejecutiva del grupo de expertos Institute for Government (IFG), tiene sus reservas.
"El Reino Unido no es ingobernable, pero sus partidos políticos han designado a una serie de primeros ministros que carecen de habilidades cruciales de liderazgo en un momento donde las crisis son consecutivas y varias tendencias complican sustancialmente la gobernabilidad".
El profesor Anand Menon, líder del grupo de expertos Changing Europe en Reino Unido, comparte esa opinión. "Nuestro sistema concede un poder considerable a un gobierno con mayoría", comenta.
"Que esta mayoría no se haya empleado [para impulsar cambios] hasta ahora es un fracaso en el liderazgo, más que una señal de una tendencia sistemática hacia la ingobernabilidad".
Anthony Seldon, historiador y biógrafo de varios primeros ministros, sostiene que algunos de los últimos titulares —como Boris Johnson, Liz Truss y Keir Starmer— no poseían las destrezas políticas necesarias para el cargo ni la humildad para solicitar apoyo.
"Carecían de las habilidades imprescindibles y no estaban dispuestos a integrar a sus colaboradores", asegura.
"Los primeros ministros del pasado contaban con mentores. Incluso Margaret Thatcher tuvo a Willie Whitelaw, quien fue viceprimer ministro y secretario del Interior durante su mandato".
La clase política perdió la destreza para gobernar
No obstante, si los primeros ministros que acceden al número 10 de Downing Street—residencia oficial y centro de trabajo principal del primer ministro británico— poseen menos experiencia que antes, algunos parlamentarios sostienen que la administración pública tampoco les provee el soporte necesario.
La baronesa Cavendish, exdirectora del departamento de políticas de David Cameron, comentó en el programa PM de BBC Radio 4: "Da la impresión de que cada gobierno llega y se sorprende al descubrir la dificultad que implica llevar a cabo las labores. Muchos ministros laboristas me han confesado que, en realidad, podrían coincidir con lo que Dominic Cummings [exasesor de Boris Johnson] señaló sobre la urgencia de reformar ciertos sectores de la administración pública".
En una franca declaración ante la Comisión de Enlace de la Cámara de los Comunes en diciembre pasado, Starmer lamentó que incluso él enfrentaba impedimentos para cumplir sus metas.
"Mi experiencia como primer ministro está marcada por la frustración: cada vez que intento tomar una decisión, me topo con una multitud de regulaciones, consultas y organismos autónomos que prolongan excesivamente el proceso desde la decisión hasta su ejecución", señaló.
Los funcionarios, que no pueden hablar públicamente, expresan sus críticas en privado, algunos culpando a los ministros por no proporcionar instrucciones y directrices claras. Se preguntan si acaso la clase política ha olvidado cómo gobernar.

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Un parlamentario veterano expresó: "El mutuo desprecio hacia la administración pública ha dejado a los políticos temerosos y desconfiados respecto a quienes deben implementar sus políticas".
Añadió que los políticos "actúan cada vez más como niños. Emocionados y abrumados por alcanzar un cargo, pero demasiado atemorizados para actuar una vez dentro".
Algunos funcionarios y asesores apuntan a Downing Street (nombre que designa al conjunto del gobierno por la calle donde están sus oficinas principales) como una institución lamentablemente mal dotada y con escasa plantilla para administrar un gobierno contemporáneo.
Sin embargo, los gobiernos sucesivos han concentrado aún más autoridad en ese edificio, situación que, según algunos, provoca acumulación de decisiones pendientes y una pérdida de poder entre los ministros.
Lord Hill, secretario político de John Major en los años 90, opinó que "la centralización del poder en el número 10 y la Oficina del Gabinete —sumada a la obsesión por el manejo de la información— ha reducido significativamente la relevancia y poder de un ministro. Es sorprendente que todavía haya quienes decidan dedicarse a la política y llegar a ser ministros".
Pero, ¿bastan los sucesos actuales, el liderazgo deficiente y una administración pública obsoleta como explicación del desorden político vigente?
Fascinación por el drama
Algunos atribuyen a las redes sociales la aceleración del proceso político hasta límites prácticamente imposibles de controlar.
Theo Bertram, exasesor de los anteriores primeros ministros Tony Blair y Gordon Brown, y actual director de la Social Market Foundation, declaró en el programa PM de la BBC: "Hay un problema estructural: todo lo que se necesita para arreglar el país tomará al menos diez años. Pero si uno es primer ministro, no dispone de esa cantidad de tiempo. En la era digital, lo que domina es la visión a corto plazo".
Las redes sociales, junto con las aplicaciones de mensajería personal, facilitan la rebelión en Westminster y complican el diálogo político.
Steve Baker, exdiputado conservador y figura central del Brexit, escribió: "Los líderes parlamentarios y ministros intervienen demasiado tarde en conversaciones que las redes sociales cerraron hace horas".
"Actualmente, vemos mecanismos similares en el Partido Laborista: pequeños focos de poder organizándose en torno a listas de WhatsApp, conspirando contra su propio líder en días, no en meses", añadió.

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Otros responsabilizan en parte a los medios de comunicación.
Nick Bryant, comentarista político y excolega de la BBC, considera que la "exaltación de los periodistas" es "parte del problema", argumentando que la "obsesión por el drama en políticos y periodistas que los cubren alimenta el ciclo incesante de caos e incertidumbre que desestabiliza la democracia".
Sin dudas, la política en torno al Brexit fue tan polarizante que algunos opinan que envenenó el ambiente político, propiciando una cultura de agitación y rebelión constante.
Los diputados conservadores se acostumbraron a cambiar a sus líderes. ¿Podría ser que la generación actual de parlamentarios laboristas haya adoptado esa cultura como algo habitual, aunque históricamente no lo era?
Diversos estudios sugieren que los diputados de base se vuelven menos sumisos. Las rebeliones eran poco frecuentes en los parlamentos posteriores a la guerra, pero aumentaron durante los gobiernos de Major, Blair y la coalición, a medida que los diputados ganaban confianza y la dirección partidaria perdía fuerza.

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No obstante, ¿es esta toda la explicación? Algunos sostienen que la naturaleza de la política está cambiando. Señalan el auge de partidos menores que desafían el predominio del Partido Laborista y el Partido Conservador.
Esto ha dejado al gobierno actual con una mayoría parlamentaria considerable, pero con un porcentaje bajo de votos y, por ende, con un mandato más débil. Probablemente esta tendencia persista con el aumento del respaldo a Reform UK y a los Verdes.
Lord Wood, exasesor de Gordon Brown, comenta: "Los dos grandes partidos han enfrentado dificultades en el gobierno debido a crisis internas. Los problemas del Partido Conservador estuvieron ligados mayormente al Brexit, que fracturó al partido y dificultó su gestión".
"El Partido Laborista fue perjudicado de manera extraña tras su victoria rotunda en 2024, al carecer de una agenda clara para unir al partido y definir el rumbo del gobierno", explicó.

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Algunos sostienen que el problema es más profundo y que la ruptura de las tradicionales líneas partidistas revela el fracaso de la clase política para abordar la magnitud de los problemas que enfrenta el Reino Unido: una estructura económica débil, altos niveles persistentes de inmigración, deterioro de los vínculos con aliados históricos en Europa y Estados Unidos, y dependencia energética de una región de Oriente Medio inestable.
Manejo de expectativas
Esto conduce a un problema más amplio: el liderazgo político. ¿Acaso los primeros ministros han olvidado cómo argumentar, cómo presentar a sus partidos y electores opciones políticas sinceras o disyuntivas?
Donde antes planteaban sacrificios inmediatos para obtener beneficios futuros, ahora ofrecen gratificaciones instantáneas que rara vez se materializan.
Esto puede alimentar la frustración y la desconfianza. En las últimas elecciones, ninguno de los principales partidos fue transparente respecto a la posibilidad de subidas impositivas o recortes presupuestarios.
Lord Hill señala que mucha gente en Westminster ha olvidado que la política consiste en definir objetivos, defenderlos y persuadir al máximo número de personas para que los apoyen en las urnas.
"En cambio, creen que su función es descubrir qué quiere cada grupo, esquivar posturas y reunir votos suficientes para alcanzar su meta", argumenta. "Hemos pasado de un gobierno y parlamento como mecanismos transmisores a un sistema que solo recibe mensajes como una enorme máquina de presión".
Theo Bertram, de la Social Market Foundation, añade: "Algo que apenas hemos visto en los últimos primeros ministros es la capacidad de enfrentar a sus propios diputados, a la ciudadanía, y decirles realidades difíciles".

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Algunos sostienen que los políticos aún no han sido sinceros con el electorado acerca de la necesidad de recortar presupuestos de bienestar, aumentar el gasto en defensa, reformar el NHS y mejorar la productividad económica. Esto implicaría dificultades a corto plazo y, según algunos, un reajuste del apoyo estatal, priorizando a los jóvenes por sobre los mayores.
La política se basa en convencer e incluso en seducir, y los primeros ministros parecen haber olvidado que este es un proceso casi constante de cortejo a votantes, diputados y funcionarios para impulsar su agenda.
¿Acaso la ciudadanía se ha vuelto demasiado impaciente? En un contexto de compras en línea con entregas inmediatas, ¿exigimos cambios políticos a una velocidad que ningún gobierno puede ofrecer?
El incremento en el apoyo a partidos antisistema como Reform UK y los Verdes refleja la frustración de votantes con los partidos tradicionales, percibidos como incapaces de afrontar los problemas británicos.
John Major, ex primer ministro, coincidió en un programa de la BBC Radio 5 Live con Matt Chorley en que el electorado busca respuestas rápidas y simples a problemas complejos.
"Temo que sí, y es porque nadie nos dice que no es posible tenerlo todo", afirmó.
"Los gobiernos parecen haber perdido la capacidad de decir que no. Parte del trabajo de la política es precisamente decir que no", añadió.
Aquí podría estar el meollo del asunto: la brecha entre las expectativas del público y quienes aspiran a gobernar. En épocas anteriores, los primeros ministros frecuentemente resolvían crisis mediante gasto público.
Gobiernos con altos niveles de endeudamiento
Los líderes conservadores podían recortar impuestos; los laboristas aumentaban gasto social. Hoy ambas opciones resultan más difíciles. Las promesas conservadoras de recortes fiscales sin respaldo financiero —y las sugerencias laboristas de flexibilizar reglas fiscales para mayor deuda— preocupan por igual a los mercados.
No obstante, la economía parece atrapada en bajo crecimiento, elevada deuda y estancamiento de ingresos reales, mientras los votantes enfrentan el duro impacto de la crisis del costo de vida.
Los conservadores prometieron prosperidad tras el Brexit, los laboristas aseguraron crecimiento; pero ninguno cumplió. Esto genera la percepción general de que el gobierno incumple, dificultando la gobernabilidad.

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"La presión sobre los servicios públicos está en aumento", indica Hannah White, del Institute for Government.
"Las expectativas ciudadanas son elevadas, pero el margen de maniobra gubernamental es estrecho. La ciudadanía, poco acostumbrada a las disyuntivas, se ha habituado a la intervención gubernamental radical que vimos durante la pandemia y la crisis energética por Ucrania, y le cuesta entender por qué las presiones actuales sobre el costo de vida permanecen fuera de control. Sin embargo, la falta de recursos limita severamente las opciones de política".
Anthony Seldon advierte que el panorama podría empeorar. "Lo realmente peligroso sería una crisis económica y política simultáneas", señala. "En el pasado, enfrentamos crisis financieras sin que hubiese inestabilidad política. Si ocurren ambas, la situación se torna crítica".
Verdades complejas
¿Cuál podría ser la solución a este ciclo de tumulto? Lord Wood plantea que nuestros dirigentes deben estar "dispuestos a comunicar al país verdades incómodas, especialmente sobre la realidad fiscal, la defensa y la seguridad, y guiar a la población para afrontar el dolor que implican las respuestas".
"También fomentar una agenda basada en una visión clara del mundo, valores definidos y un optimismo sustentado para unir al partido y reavivar la inspiración en los votantes".
El ex primer ministro John Major apoyó esta llamada a la honestidad: "Hay millones de personas que desearían que un político se levante y exponga con claridad, honestidad y sin ambigüedades la magnitud de los problemas que afrontamos y las medidas necesarias para protegernos".

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Quizás, pero eso exigiría electores dispuestos a aceptar sacrificios difíciles y a conceder a sus políticos el tiempo para solucionarlos.
También requeriría partidos políticos preparados para enfrentar esas incómodas realidades, con el respaldo de sus votantes.
Sobre todo, dependería de un liderazgo competente y de primeros ministros que permanezcan en sus cargos el tiempo suficiente para cumplir sus promesas.
En la actualidad, quien más tiempo ha estado en Downing Street probablemente sea Larry el gato, y eso representa un problema para todos, no solo para los ratones.
Fotografía de apertura: Bloomberg / AFP / Getty Images

