El impacto económico de la transición energética: el uso de vehículos eléctricos y bombas de calor ahorra a las familias más de 2.000 euros al año

Un monto que equivale a cubrir el costo de la recarga del coche eléctrico durante casi dos años o a disfrutar cinco meses de la cesta de la compra del supermercado

FOTO DE ARCHIVO. Un vehículo eléctrico Tesla se enchufa a un cargador Teia, al norte de Barcelona, Cataluña, España. 31 de octubre de 2023. REUTERS/Albert Gea

En la actualidad, en un contexto donde la inflación y el incremento generalizado del costo de vida afectan los presupuestos de millones de hogares, aliviar la carga económica se ha convertido en una prioridad fundamental. ¿Podría la solución a las facturas elevadas residir, además de en pequeños ajustes diarios, en la manera en que calentamos nuestras viviendas y nos desplazamos? Esta es la conclusión del informe reciente del laboratorio de ideas europeo Concito, Recuperando el control: Argumentos a favor de la electrificación en los hogares, que confirma que adoptar energía limpia en el hogar resulta rentable desde el punto de vista económico. Para una familia promedio en España, desvincularse de los combustibles fósiles significa obtener un ingreso adicional de alrededor de 2.000 euros anuales.

Este beneficio económico se basa en un análisis detallado de los patrones de consumo vigentes de una familia representativa del país, conocida en el informe como “familia García”. Uno de los principales costos para el presupuesto español está estacionado en el garaje. Cuando una persona que recorre aproximadamente 24.900 kilómetros al año cambia su vehículo de combustión por un coche eléctrico, el ahorro en gastos de movilidad se dispara. Solo en este ámbito, la reducción estimada en gastos anuales es de 1.810 euros.

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La calefacción, el segundo frente para el ahorro energético

El otro componente clave de esta transición se encuentra en la climatización doméstica, al reemplazar la antigua y contaminante caldera de gas por un sistema eficiente como la bomba de calor, basada en aerotermia. Sin embargo, España presenta una particular paradoja climática. Al contar con inviernos mucho más suaves que en el norte de Europa, la demanda energética para calentar una vivienda es baja, apenas alrededor de 6 megavatios hora (MWh) anuales, cifra pequeña frente a los 14 MWh promedio en Europa o los 22 MWh que consumen en Polonia. Por razones estrictamente climáticas, el ahorro directo en la factura de calefacción al adoptar la bomba de calor es modesto, estimado entre 190 y 225 euros anuales.

9 de cada 10 españoles que tienen intención de comprar coche optará por un eléctrico.

Al sumar ambos conceptos —el coche y la calefacción—, el ahorro anual alcanza los 2.000 euros. Según los cálculos del estudio, esta cantidad es equivalente a tener cubierta la factura de recarga del vehículo eléctrico durante 22 meses o a poder costear casi cinco meses de la cesta de compra en el supermercado sin gasto alguno.

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Aunque significa un ahorro significativo, en comparación con otros países europeos, España queda ligeramente por debajo de la media, que se sitúa en 2.200 euros. Los franceses son los más favorecidos en Europa, con un ahorro estimado de 3.070 euros anuales, seguidos por las familias alemanas (1.950 euros) y polacas (1.870 euros).

La guerra en Irán intensifica los beneficios de la electrificación

No obstante, el contexto internacional actual podría hacer que estas cifras se queden cortas. Estos cálculos se basan en un escenario de precios previo a la última gran crisis internacional. La reciente escalada del conflicto en Irán ha provocado que los precios del petróleo y del gas natural experimenten nuevos picos de volatilidad. Al depender menos de los mercados internacionales de hidrocarburos, las familias que han adoptado la electrificación se protegen mejor ante estos choques geopolíticos y económicos.

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Bajo un escenario de alta tensión en los precios, el informe señala que los beneficios económicos de abandonar el uso de combustibles fósiles no solo se mantienen, sino que podrían aumentar hasta un 77% más de lo previsto inicialmente. Para las familias en la Unión Europea en su conjunto, el ahorro promedio durante una crisis se incrementa un 59% en comparación con una situación normal.

Primer plano de una mano girando el regulador blanco de un radiador metálico de color claro, situado junto a una pared gris y un alféizar blanco

El coste inicial y los impuestos limitan la adopción

Entonces, si este cambio es tan rentable, ¿por qué no lo implementa más gente? La principal barrera que restringe esta transformación masiva es el elevado coste de entrada. Aunque el precio de los coches eléctricos se está acercando a los vehículos de gasolina y diésel, instalar una bomba de calor sigue siendo mucho más costoso para el presupuesto familiar en comparación con una caldera de gas nueva: la inversión supera los 12.800 euros, frente a unos 4.300 euros. En España, debido al clima benigno y al bajo ahorro en calefacción, las familias necesitan demasiados años para amortizar esa inversión inicial elevada.

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Para superar este obstáculo y lograr que la transición sea accesible para todos, el informe pone el foco en las administraciones públicas. Actualmente, el sistema fiscal español, al igual que gran parte del europeo, favorece tributariamente el gas natural sobre la electricidad, lo cual elimina el incentivo económico para los hogares. Reajustar esta fiscalidad para no penalizar el coste de la electricidad y ofrecer ayudas directas para la compra son medidas esenciales que no pueden demorarse.

Solo con este impulso institucional será posible acelerar un cambio estructural que devolverá el control total de las finanzas a las familias, protegiéndolas de las turbulencias internacionales.

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