El aumento salarial de los menores de 35 años resulta insuficiente, con apenas un 30% en diez años frente al incremento del 65% en el precio de compra de una vivienda y del 82% en el alquiler

España se ha convertido en un entorno más adverso que hace diez años para los jóvenes que intentan comenzar su vida independiente. Ya no basta con completar los estudios, hallar empleo y recibir un salario mensual. La vivienda actúa como una barrera que ha alcanzado tal magnitud que incluso quienes cuentan con un trabajo estable deben continuar residiendo con sus padres. Un análisis publicado en la revista Información Comercial Española (ICE), elaborado con microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE), estima que en 2024 el déficit habitacional para la emancipación alcanzó los 311.403 hogares jóvenes, la cifra más alta registrada en una década, lo que equivale a más de 436.000 jóvenes empleados que podrían haber formado su propio hogar.
Esta carencia se refiere a la diferencia entre los jóvenes que, por sus condiciones laborales y sociales, estarían en posición de vivir de manera independiente y aquellos que efectivamente lo logran. El mensaje es claro: España ha generado empleo juvenil, pero no viviendas asequibles para esos trabajadores. El resultado es una generación atrapada con ingresos insuficientes frente a los elevados precios que presenta actualmente el mercado inmobiliario.
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El empleo ya no garantiza el acceso a una vivienda
La dificultad para la emancipación juvenil ya no se explica únicamente por la tasa de paro. El estudio de los economistas Diego Cagigas Castro e Iker Beraza Pérez destaca que el principal obstáculo ahora es la incapacidad de convertir los ingresos laborales en un acceso real a una vivienda. En 2024, solo el 31% de los jóvenes de entre 16 y 34 años residía fuera del hogar familiar, en contraste con el 42% observado en 2014. Esto implica que la tasa de emancipación ha descendido 11 puntos en diez años.
El deterioro también afecta a quienes, en teoría, tendrían mejores condiciones para independizarse. Entre los jóvenes con empleo estable a tiempo completo, la tasa de emancipación ha caído del 67% en 2014 al 54% en 2024, a pesar de que en ese año existían 3,3 millones de jóvenes con trabajo fijo.
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El problema habitacional impacta en todas las edades, aunque con especial intensidad en quienes están en una etapa clave para emprender un proyecto de vida. Entre los jóvenes de 25 a 29 años, la tasa de emancipación descendió del 47% al 36% de 2014 a 2024. Incluso entre el grupo de 30 a 34 años, que tradicionalmente ya habían consolidado su independencia residencial, el porcentaje se redujo del 76% al 69%.
La vivienda crece mucho más rápido que los salarios
Los ingresos de los jóvenes no se han mantenido estancados, pero su evolución ha sido mucho más lenta que la de los precios de la vivienda. El estudio señala que el salario medio neto anual de los jóvenes empleados pasó de 14.098 euros en 2014 a 18.338 euros en 2024, lo que representa un aumento del 30%. En el mismo periodo, el IPC experimentó una subida del 23%, por lo que los sueldos superaron la inflación general. El verdadero problema emerge al comparar con el Índice de Precios de la Vivienda, que creció un 65%, y el precio medio de los alquileres publicados en Idealista, que se disparó un 82%.
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Santiago Carbó, catedrático del Departamento de Economía en CUNEF Universidad, sostiene que el precio de la vivienda y del alquiler continuará en ascenso durante este año, salvo que España atraviese una crisis económica provocada por la guerra en Oriente Medio.
La diferencia es aún más pronunciada en las regiones con mayor presión inmobiliaria. El precio de la vivienda aumentó un 86% en la Comunidad de Madrid, un 77% en Cataluña y un 85% en Baleares entre 2014 y 2024. Esto genera un efecto embudo: comprar requiere un ahorro previo complicado de reunir, especialmente tras el endurecimiento de los requisitos hipotecarios por parte de las entidades financieras luego de la crisis inmobiliaria. Paralelamente, el alquiler consume una proporción creciente de los ingresos, dificultando la acumulación de fondos para una entrada.
El estudio denomina este fenómeno como una “trampa del alquiler”: quienes no pueden comprar se ven forzados a arrendar, aumentando la demanda de alquiler y, con ello, los precios, lo que reduce aún más la capacidad de ahorro.
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Más de 436.000 jóvenes impedidos para independizarse
Para estimar el déficit habitacional para la emancipación, los autores toman como referencia 2014 y calculan cuántos jóvenes con empleo no emancipados habría si no se hubiese producido un deterioro estructural en el acceso a la vivienda. Luego comparan esta evolución hipotética con la realidad observada en cada comunidad autónoma.
El resultado indica que, en 2024, existía un déficit equivalente a más de 436.000 jóvenes activos laboralmente. En términos de hogares, la cifra supera los 311.000. Por lo tanto, no es una medida basada en deseos abstractos de independencia, sino en personas con empleo que, bajo distintas condiciones de mercado, habrían podido constituir un hogar propio.
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La serie también muestra un agravamiento constante. El déficit empezó a crecer notablemente a partir de 2017, alcanzó cerca de 236.000 hogares en 2019, disminuyó durante los años de pandemia y volvió a aumentar después, llegando en 2024 al nivel más alto del periodo analizado.
Cataluña, Madrid y Andalucía concentran el mayor déficit habitacional
La dificultad no se distribuye de forma homogénea en todo el país. Cataluña encabeza el déficit, con más de 71.000 hogares jóvenes no constituidos en 2024. Le sigue la Comunidad de Madrid, con 57.000, y Andalucía, con 34.000. Estas tres regiones acumulan gran parte del problema, aunque no son las únicas afectadas. Castilla-La Mancha, la Comunitat Valenciana, la Región de Murcia y Castilla y León también muestran cifras relevantes.
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El mapa confirma que la crisis de emancipación tiene un fuerte componente urbano y relacionado con el mercado inmobiliario, pero no se limita solo a las grandes capitales. También afecta a zonas con menor dinamismo económico, donde la combinación de sueldos más bajos, escasa oferta y dificultades de acceso retrasa la salida del hogar familiar.
Una nueva brecha generacional
La vivienda se ha transformado en una frontera de desigualdad. En los últimos años, el camino parecía claro: formarse, conseguir empleo y construir una vida independiente. Para una gran parte de los jóvenes, esta secuencia se ha roto. El salario llega, pero no permite abrir la puerta de un hogar propio. El contrato laboral existe, pero resulta insuficiente para costear un alquiler o ahorrar para una hipoteca.
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El estudio advierte que esta situación pone en riesgo la movilidad social y el pacto generacional. Asimismo, tiene consecuencias que van más allá del sector inmobiliario: retrasa proyectos vitales, limita la natalidad, reduce la movilidad geográfica y condiciona la productividad. Su conclusión es que las ayudas para compra o alquiler tienen un impacto limitado si no se acompañan de un aumento sostenible de la vivienda asequible. Sin una expansión constante de la oferta, España seguirá siendo un país donde los jóvenes estudian, trabajan, cotizan y pagan impuestos, pero no alcanzan la vida que les prometieron.

