Las iglesias adoptan el búlder como nueva actividad comunitaria alternativa a la oración

Following the deconsecration of the St Andreas parish church in Würzburg, the building is to be converted into a bouldering gym.

Un templo se transforma en centro de búlder: en Würzburg, un antiguo lugar de culto alojará actividades deportivas, una cafetería y encuentros. Aunque es un proceso difícil para la parroquia, ofrece al edificio una nueva oportunidad y refleja el dilema al que se enfrentan muchas iglesias en Alemania.

En Alemania existen aproximadamente entre 44.000 y 45.000 edificios religiosos, dependiendo de qué espacios sagrados se consideren. Muchas de estas construcciones definen el carácter de pueblos, barrios y paisajes. Sin embargo, con el descenso de las congregaciones y el aumento de los costos, la cuestión de cómo conservar estos edificios se plantea con mayor frecuencia.

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La iglesia parroquial de San Andrés, ubicada en el distrito de Sanderau en Würzburg, también atraviesa esta transformación. Su exterior se presenta como un testigo silencioso del modernismo de la posguerra. Sin embargo, su interior albergará pronto una función diferente: donde durante décadas se celebraron misas, ahora se podrá practicar búlder.

Consagrada en 1968 por el obispo Josef Stangl, la iglesia será desconsagrada, es decir, se le retirará el carácter sagrado según el derecho canónico. En abril de 2026, la Diócesis de Würzburg y los operadores del centro de búlder “Rock Inn” hicieron pública esta decisión (fuente en alemán). Se planea instalar muros de escalada, una sala de yoga, una cafetería y un área para niños. La apertura de esta instalación deportiva está prevista para el verano de 2027. Así, San Andrés podría convertirse en la primera “iglesia escalada” de Baviera.

“Simplemente ya no podemos gestionar”

Durante décadas, San Andrés fue el escenario de celebraciones religiosas y eventos comunitarios. No obstante, las cargas económicas y de personal se volvieron insostenibles. El padre Tobias Fuchs, responsable tanto de San Andrés como de la parroquia vecina de San Adalbero, menciona los elevados costos de mantenimiento y la falta de recursos humanos. “Por ejemplo, durante mucho tiempo contamos con un hombre que trabajaba voluntariamente como conserje, pero tuvo que dejarlo debido a su edad”, comenta Fuchs. Finalmente, la conclusión fue clara para todos: “Simplemente ya no podemos gestionar más”.

En febrero de 2026, el edificio fue declarado monumento histórico, lo que descarta su demolición. Para muchos feligreses, esto representa al menos la garantía de que la construcción emblemática se conservará, aunque se destine a un uso diferente.

The parish church of St Andrew in Würzburg, exterior view. Vista exterior de la iglesia parroquial de San Andrés en Würzburg. © Markus Hauck (POW)

Cuando las iglesias reciben el estatus “E”

San Andrés no es un caso aislado. La Diócesis de Würzburg ha revisado su patrimonio inmobiliario y ha catalogado internamente cerca de 80 iglesias con el código “E”, que indica que a largo plazo se contempla un cambio de uso para ellas. Gerald Düchs, director financiero y miembro del Ordinariato, subraya que cada iglesia recibe una solución adaptada y que las parroquias participan activamente en el proceso. Se busca minimizar el impacto negativo para la comunidad.

La diócesis ya cuenta con experiencia en la reconversión de iglesias: en los años 70, varios templos en Erbshausen se acondicionaron como viviendas, en Mespelbrunn se transformó una iglesia en un centro parroquial y en Hausen, cerca de Aschaffenburg, se adaptó un edificio religioso para uso como taller de artistas. En la propia Würzburg, el histórico Spitäle funciona actualmente como galería de arte, mientras que la Neubaukirche de la Universidad Antigua se utiliza como salón de banquetes.

La presión para estos procesos también se incrementa a nivel nacional. Desde el año 2000, el uso litúrgico ha cesado por completo en 611 iglesias católicas, según la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Alemana en respuesta a una consulta. Sólo 201 de ellas fueron vendidas fuera del patrimonio eclesiástico. Muchas otras permanecen bajo propiedad de la Iglesia y se destinan a usos distintos, como servicios sociales, cuidados, viviendas o archivos.

Lo permitido y lo prohibido

La Iglesia no tiene libertad absoluta para decidir qué usos pueden darle a estos espacios. La diócesis de Würzburg exige que el nuevo concepto sea compatible con los valores cristianos. Markus Hauck, del Ordinariato Episcopal de Würzburg, aclara que no se permitirá la utilización cultual por comunidades religiosas no cristianas, “en respeto a las creencias de los católicos”.

Esta directriz sigue las recomendaciones de la Conferencia Episcopal Alemana. Ya en 2003 se estableció que la demolición debería ser un último recurso y que las transformaciones debían ser reversibles, con el fin de que futuras generaciones pudieran, en teoría, volver a utilizar estos espacios con fines eclesiásticos. Además, la dignidad del lugar impone límites: no se permite usar símbolos litúrgicos u objetos sacros como meros elementos decorativos en proyectos comerciales.

Para la iglesia de San Andrés en Würzburg, el arquitecto Roland Breuning, del estudio Archicult, proyecta una intervención discreta. Las paredes de búlder estarán instaladas sobre una galería insertada. “El objetivo general es intervenir lo menos posible en los espacios existentes y diseñar las nuevas estructuras para que puedan ser desmontadas”, explicó el arquitecto en el comunicado de prensa de abril.

Del trámite a la misa final

Antes de que pueda iniciarse la escalada, la iglesia debe ser oficialmente desconsagrada. El obispo Franz Jung solicitará asesoramiento al Consejo de sacerdotes y al Consejo episcopal general; también la comisión diocesana de arte emitirá su opinión. Luego, el obispo puede ordenar la desconsagración.

Esta ceremonia se realiza al finalizar una misa solemne de despedida, a cargo de un miembro del capítulo catedralicio. “La misa concluye con la limpieza del interior del templo y la entrega del certificado de desconsagración”, explica Hauck. Si todos los involucrados están de acuerdo, este acto podría tener lugar en verano de 2026.

Para la parroquia, esta despedida representa mucho más que un trámite administrativo. La Conferencia Episcopal Alemana dispone de un rito litúrgico propio para estas ocasiones, orientado a expresar gratitud y a mirar hacia el futuro.

The Catholic church foundation and the operators of Rock Inn GmbH have agreed on a concept. La fundación católica y los operadores de Rock Inn GmbH acordaron un concepto. © Markus Hauck (POW)

Las iglesias de la posguerra bajo especial presión

San Andrés pertenece a un grupo de edificios actualmente en riesgo: iglesias construidas entre 1950 y principios de los años 70.

En un artículo (fuente en alemán) para la revista “Aus Politik und Zeitgeschichte”, la historiadora del arte Stefanie Lieb interpreta la reconversión de iglesias como una transformación estructural profunda. Los conservacionistas consideran las iglesias como elemento del paisaje urbano y comunidad edificada. Por su parte, los teólogos las miran desde su función litúrgica interna. Cuando una parroquia se traslada, el espacio pierde su núcleo desde la óptica eclesiástica. Esa tensión subyace en muchos debates sobre usos futuros.

Existen otros casos que demuestran que una nueva función puede implementarse con respeto. La antigua iglesia de Santa Úrsula en Hürth, cerca de Colonia, diseñada por Gottfried Böhm, fue convertida en galería de arte en 2010. La iglesia del Redentor en Aquisgrán fue transformada en 2016 en un columbario, un lugar para urnas funerarias que mantiene una atmósfera tranquila y espiritual.

Un desafío para toda la sociedad

No todos ven con buenos ojos la comercialización de estos espacios. Olaf Zimmermann, director del Consejo Cultural Alemán, expresó en una entrevista con la Agencia de Prensa Protestante en enero de 2025: “Las iglesias son bienes comunes”. Muchas personas sienten apego por estos edificios aunque hayan dejado de asistir a misa hace tiempo. Por ser referentes en las comunidades, su futuro no es solo una cuestión interna de la Iglesia.

La Iglesia Protestante también aborda este tema con atención. En la 31ª Jornada de Arquitectura Eclesiástica Protestante en Berlín en 2024, el futuro de los templos fue el foco principal. Klaus-Martin Bresgott, del Office Cultural del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD), recomendó involucrar desde temprano a múltiples actores: parroquias, municipios, organismos de patrimonio y posibles nuevos operadores. En su opinión, las congregaciones deben aprender a compartir responsabilidades.

La historiadora de arte Stefanie Lieb también aboga por una mirada amplia. La reconversión de las iglesias es un cambio estructural similar al que sufrieron antiguas áreas industriales en la región del Ruhr. Lo que antes se veía como una carga, ahora muchas veces se valora como patrimonio cultural. Por ende, la conservación de estos edificios necesita apoyo eclesiástico y social.

Escalar bajo la pirámide

Andreas Schmitt, codirector de Rock Inn y arquitecto, considera que el nuevo uso se adapta al espíritu del lugar. “Una iglesia es un espacio que une a la comunidad. Nosotros también nos vemos como una institución que acerca a las personas. Por eso este uso es muy congruente”. El nombre “Inn” en la empresa hace referencia a la hospitalidad.

El padre Fuchs lo califica como una suerte: “Estamos agradecidos porque se encontró rápidamente una solución adecuada para conservar la iglesia y el centro parroquial”. La residencia del clero permanecerá en manos de la parroquia, y un agente pastoral local coordinará el trabajo con niños y jóvenes. Así, la parroquia no pierde todo, sino que transmite un espacio.

Disminución de los feligreses

El caso de San Andrés debe entenderse también en el marco del descenso del número de miembros. A finales de 2025, el 43,8 % de la población seguía perteneciendo a la Iglesia Católica o Protestante. Según cifras provisionales (fuente en alemán) de la Conferencia Episcopal Alemana, la Iglesia Católica contaba con 19.219.601 miembros, mientras que la Iglesia Evangélica (fuente en alemán) tenía alrededor de 17,4 millones. La cifra de abandonos sigue siendo alta: en 2025, aproximadamente 307.000 personas dejaron la Iglesia Católica y cerca de 350.000 a la Evangélica.

Para muchas parroquias, esto tiene consecuencias reales. Menos miembros significa menos ingresos, menor personal y menos margen para mantener grandes edificios. El destino de estos inmuebles refleja también qué lugares una sociedad valora conservar para mantener un sentido de comunidad de maneras diferentes.

Esta texto fue traducido con ayuda de inteligencia artificial y publicado originalmente en alemán

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