Los pasajeros del MV Hondius comienzan hoy su retorno a sus países tras haber fondeado en Tenerife. La UME se encargará de los traslados al aeropuerto, con varios ministros presentes en las primeras filas durante el desembarco.

La isla de Tenerife, y por extensión España, e incluso podría decirse que el mundo entero, aguardaban ayer expectantes la llegada a tierras isleñas, después de un trayecto de cuatro días por el Atlántico y considerable preocupación global, del crucero de lujo holandés MV Hondius. En este barco se ha detectado un brote de hantavirus de los Andes que ya ha causado tres fallecimientos, ha infectado a otros seis pasajeros, y ha renovado el temor mundial a una pandemia similar a la del covid-19.
La operación resultó compleja, y el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, reconoció ayer el esfuerzo de España para sincronizar la llegada del barco con los 147 pasajeros restantes, además del cuerpo sin vida de otro pasajero, y su desplazamiento a sus países «lo más rápido posible», como declaró el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Los vuelos comenzaron a aterrizar la tarde pasada en el aeropuerto internacional Tenerife Sur, situado a unos 10 minutos del puerto de Granadilla. Este traslado, complicado pero coordinado, se esperaba que se estuviera realizando en el momento en que el lector accede a este texto, siendo domingo y según fuentes del operativo a las que tuvo acceso EL MUNDO, que ya habían preparado el embarque de hasta 96 pasajeros extranjeros del MV Hondius, mientras que los 14 españoles permanecerán en cuarentena en el Hospital Militar Gómez Ulla, en Madrid.
Hacia media tarde, siete aviones de la flota internacional, involucrando a 22 países además de España, se dirigían a Tenerife para recoger a sus ciudadanos, tal y como confirmó este medio.
«Este operativo sin precedentes incluye a 23 países y se ejecutará con estrictas medidas de seguridad», expresó la ministra de Sanidad, Mónica García, desde el puerto a las 21:30 hora local. Marlaska añadió que todos los vuelos llegarían entre hoy y mañana por la mañana para proceder a la evacuación, mientras que García comentó que falta recibir solo dos aeronaves en la lista de arribos programados. Marlaska también precisó que el operativo cuenta con 358 efectivos de seguridad. Además, intervino Ángel Víctor Torres, quien confirmó la coordinación con las seis comunidades autónomas para atender a los 14 españoles a bordo, a quienes la ministra denominó «compatriotas» en dos oportunidades. «Hemos hablado con ellos y están expectantes por regresar», indicó.
La colaboración entre distintos organismos ha sido uno de los factores críticos desde que el Gobierno español autorizó el atraque del crucero, donde posiblemente un pasajero contagiado del hantavirus de los Andes —la única variante transmisible entre humanos— se embarcó en Argentina. Tras los primeros momentos de tensión, siguió una cooperación estrecha entre el Ejecutivo central y la administración canaria, materializada en la presencia de ministros en primera línea durante el desembarco.
Siguiendo la línea habitual, el Gobierno de Sánchez aplicó la idea de que toda crisis puede aprovecharse para generar resultados positivos. Mientras varios expertos anticipaban que el puerto de Granadilla sería acordonado —como sucedió con las carreteras— para maximizar la seguridad en la operación, y pese al temor social ante un posible brote epidémico (algunos estibadores incluso amenazaron con impedir el desembarco), el Ejecutivo decidió colocar ministros y periodistas en primera fila, muy cerca del puerto, en un puesto de mando avanzado a solo un kilómetro del muelle.
La estrategia elegida para la maniobra tuvo su complejidad. Por un lado, el presidente canario, Fernando Clavijo, logró que el Ministerio de Sanidad aceptara que el barco no atraque, sino que fondee fuera del puerto, es decir, que se ancle y se mantenga detenido. Sin embargo, numerosas complicaciones surgieron con esta decisión. Los expertos locales advirtieron que la rada de Granadilla, poco utilizada, ofrece una superficie limitada para fondeo: una vez que el barco sale de la bocana hacia mar abierto, el fondo marino desciende abruptamente a más de 1.000 metros, un punto demasiado profundo para que anclas normales puedan agarrar, imposibilitando que cualquier barco fondee.
También señalaron que el mar, durante aquella madrugada y en esas horas, no suele presentar condiciones tranquilas para realizar una evacuación que implica un elevado riesgo epidemiológico, mientras el mundo observaba cada movimiento y las consecuencias que cualquier fallo podría acarrear, a pesar de que, hasta el cierre de esta edición, fuentes de la OMS confirmaban que no se habían detectado síntomas de la enfermedad en ningún pasajero.
Además, el viento en Granadilla suele ser tan intenso que los estibadores explican que no se apilan contenedores en el muelle «porque el viento los derriba». Bajo estas condiciones complicadas, debía operar el proceso de evacuación.
Finalmente, se optó por una solución políticamente equilibrada: el crucero no atracaría, evitando así que tocara tierra —y las «ratas» no podrían bajar del barco, bromeó el presidente del puerto, Pedro Suárez, recordando que el virus se transmite por roedores—, pero tampoco se realizaría el desembarco desde mar abierto, aumentando la complejidad del operativo. El MV Hondius fondearía dentro de la rada, protegido de los vientos, y se transferiría a los pasajeros en grupos de cinco mediante zodiacs, siempre que sus aeroplanos estuvieran listos para partir, en una operación precisa que requería la máxima coordinación para garantizar su éxito.
Mientras las autoridades se reunían a las 19:00 horas para ultimar detalles del dispositivo, que incluía escolta de la Unidad Militar de Emergencias para los autobuses que el operador del MV Hondius debía facilitar para trasladar a los posibles infectados —un detalle singular en una emergencia de esta naturaleza—, los ministros volaban desde Madrid hacia Tenerife para llegar poco antes de las 21:00 horas y supervisar la operación.
Simultáneamente, otro operativo, liderado por la Comunidad Canaria, se activaba en el ámbito sanitario para prever la posibilidad de que algún pasajero llegara enfermo, o con suficiente gravedad para que no pudiera volar de regreso a su país y requiriera atención médica in situ. Esta realidad aumentó el temor entre la población canaria, más aún tras la negativa de Cabo Verde y Marruecos a permitir el aterrizaje de un avión que transportaba a uno de los enfermos.

