El césped del estadio durante el encuentro entre la Selección y Argentina se mostró seco y lento desde el inicio.
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El terreno de juego del MetLife Stadium se convirtió en un protagonista clave de la final del Mundial… pero para perjuicio de España y su estilo de juego basado en movimientos rápidos con el balón.
A pesar de la fuerte lluvia caída el sábado sobre Nueva York-Nueva Jersey, las elevadas temperaturas dejaron un césped seco y lento, donde el balón no avanzaba con la velocidad habitual. Esto provocó, por ejemplo, pases que se quedaban cortos.
Se trató de un fallo de la FIFA, que priorizó las actuaciones previas y durante el descanso, dejando un terreno de juego inapropiado para el partido más importante.
Rodri Hernández disputando la posesión con Messi.
Los encargados apenas contaron con unos minutos para preparar el césped antes del comienzo del partido. Tras el acto inaugural, el campo quedó expuesto al calor sin recibir el riego necesario.
Durante el descanso sucedió algo similar. El montaje y desmontaje del espectáculo redujo aún más el tiempo para el mantenimiento del césped. Lo que estaba previsto durar 17 minutos, terminó extendiéndose a casi 30.
Shakira durante su actuación en el descanso de la gran final del Mundial de Fútbol.
Las consecuencias se hicieron patentes desde el principio del encuentro, con la pelota frenándose en cada circulación y obligando a los jugadores a aplicar más fuerza en cada pase.
A simple vista parece un detalle menor, pero impacta directamente en el ritmo de un equipo como España, que basa su juego en mover rápido el balón para encontrar espacios entre líneas y desordenar a sus adversarios.
El estado del césped también complicó las variaciones de orientación y las combinaciones a uno o dos toques, dos características fundamentales del estilo español. De hecho, cuando logró combinar de esta forma, pudo generar espacios para que Oyarzabal disparara y pusiera en aprietos al Dibu.
En lugar de facilitar un fútbol rápido y fluido, el césped convirtió muchas jugadas en acciones más lentas y previsibles, favoreciendo la labor defensiva del equipo rival.
Esta situación resulta aún más notable al tratarse de una final de Mundial, la escena más destacada del fútbol. La FIFA había preparado durante semanas un gran espectáculo con música, efectos visuales y una presentación cuidada.
No obstante, esta apuesta por el entretenimiento terminó afectando uno de los aspectos más decisivos en cualquier encuentro: el estado del terreno de juego.
En un partido donde los detalles más pequeños pueden marcar la diferencia, este aspecto podría influir en el resultado final, que se espera favorable para el equipo de Luis de la Fuente.

