PP y Vox modifican estrategias: Feijóo reconoce la necesidad de apoyo y Abascal apuesta por la vía institucional

El acuerdo de Gobierno en Andalucía constituye el cuarto pacto de la temporada electoral, tras los de Extremadura, Aragón y Castilla y León.

PP y Vox cambian a la fuerza: Feijóo admite que no puede solo y Abascal abraza la institucionalidad

«Durante el último año, especialmente a lo largo de estos seis meses consecutivos de elecciones, hemos tenido enfrentamientos, reflexiones conjuntas, muchas conversaciones, desacuerdos, incluso momentos en los que casi rompemos, y llegamos a pactar nuestras diferencias. Gracias a este proceso, hemos edificado un espacio de confianza que antes no existía. No diremos que la relación es perfecta, pues persisten diferencias entre ambos partidos, y la sintonía es mejor entre los presidentes autonómicos y Vox que entre Génova y el equipo de Santiago Abascal. Sin embargo, por encima de todo, ambos partidos coinciden en que el objetivo principal es desalojar a Sánchez, subordinando a ello cualquier otra cuestión».

Así describen fuentes del PP y Vox el ambiente que prevalece después de firmar el reciente acuerdo para un Gobierno de coalición en Andalucía, sumándose a Extremadura, Aragón y Castilla y León. Juanma Moreno representaba el último obstáculo que Vox tenía que superar, y lo ha hecho. El PP ha pagado un precio elevado por los dos escaños que faltaban para asegurar la investidura de Moreno.

Una investidura con sabor amargo y expresión triste. Moreno —que hoy ha asumido el cargo por tercera vez— no ocultó su estado de ánimo, ya que su relato político habitual no contemplaba gobernar con Vox. El líder andaluz se convirtió en el principal reto para Abascal, y Vox mantuvo su firmeza en la negociación. Le exigieron asumir la «prioridad nacional» y cederle una vicepresidencia, con Turismo como la pieza clave, además de dos consejerías. Durante la campaña, Moreno planteó elegir entre estabilidad o caos, y los andaluces optaron por el caos. «Juanma se expuso mucho y por eso le costó alcanzar un acuerdo; sabía que Vox exigiría lo mismo que a otros presidentes, pero pretendía hacer valer un resultado cercano a la mayoría absoluta. Está algo tocado, porque muchos veían en él una alternativa al liderazgo nacional del PP. Moreno esperaba seguir gobernando con mayoría absoluta y aspiraba a ser tratado de manera diferente al resto de presidentes tras las elecciones. Vox siempre mostró una postura uniforme, y él ha tenido que aceptarlo», explican fuentes del PP.

El éxito de la estrategia diseñada por la dirección de Vox resulta indudable. Esta es muy distinta a la aplicada en los primeros gobiernos de coalición tras las elecciones en Castilla y León y las autonómicas de 2023. «La postura de Vox ha cambiado. Ahora están claramente en un tono pacífico. Antes de abandonar los gobiernos el año pasado, generaban conflictos diarios y no se ajustaban a su rol institucional. Ahora evitan cualquier problema, se enfocan en la gestión y están dispuestos a colaborar plenamente», indican fuentes de gobiernos autonómicos de coalición.

«Nos hemos institucionalizado», afirman desde Vox. Esto implica, agregan, que podrían afrontar costes políticos y electorales. «Algunos miembros preferirían un cuestionamiento total de las reglas del sistema político, lo sabemos, pero en medio de graves escándalos de corrupción y considerando que Pedro Sánchez puede hacer cualquier cosa, la prioridad única es desalojarlo. PP y Vox no deben desperdiciar el esfuerzo discutiendo», añaden colaboradores de Santiago Abascal. La dirección de Vox fue la primera en advertir hace meses sobre la posible ampliación del censo electoral con la inclusión de los nietos de exiliados en países latinoamericanos principalmente. Esta denuncia también ha sido recogida por la dirección del PP, aunque con cierta controversia, porque Feijóo apoyó en su momento la nacionalización de los descendientes del exilio.

Recientemente, José María Aznar celebró junto a algunos compañeros de aquella época el trigésimo aniversario de su toma de posesión como presidente del Gobierno en mayo de 1996. Fue un cambio histórico que puso fin a los trece años de mandato de Felipe González. Más allá de las evidentes similitudes entre la legislatura 93-96 y la actual, marcada por la corrupción y una agenda judicial que no da respiro al Gobierno, el PP de Feijóo dista mucho del PP de Aznar, que firmó un acuerdo de legislatura con los nacionalistas catalanes y vascos.

El sueño de Feijóo hace un año era idéntico: obtener un resultado cercano a los 156 escaños del PP de Aznar y completar la mayoría con los nacionalistas. Sin embargo, las expectativas, la media de los sondeos —casi idéntica al resultado de julio de 2023— y la realidad de que Vox no ha cedido espacio en las elecciones autonómicas del primer trimestre han convencido a Feijóo de que deberá gobernar con Vox. El PP reconoce la destreza de su socio para imponer el relato de la prioridad nacional. «La prioridad nacional es un lema que ya se aplica, ellos supieron venderlo». El PP no tuvo más opción que aceptarlo.

Pradales pide tender puentes

El lehendakari Imanol Pradales, poco dado a manifestarse públicamente, participó esta semana en un desayuno organizado por RVTE y la Agencia Efe. El líder del PNV lamentó «la descomposición de la legislatura», criticó a Pedro Sánchez por «no ser capaz de dotar de orden y coherencia a la legislatura», y también reprochó a Feijóo su actitud «dilatando» la presentación de una posible moción de censura: «el PP tiene suficientes votos para plantearla». Pradales denunció además el clima de máxima tensión en la política nacional. «Esta atmósfera tendrá consecuencias negativas para las nuevas generaciones; no se construyen puentes, la virulencia, la actitud y los insultos son preocupantes. Tenemos la responsabilidad de preservar las formas y respetar a las personas, evitando las descalificaciones y dignificando el significado de la política. No se puede creer en la democracia únicamente cuando ganan los propios», expresó el lehendakari.

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