El Boletín Hidrológico Peninsular informa sobre el estado actual de los embalses en España

De los 56.043 hm3 de capacidad total que poseen los embalses de agua en España, actualmente el 78,43 % está lleno, según la última actualización del Boletín Hidrológico Peninsular difundida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Democrático (Miteco) este martes 7 de julio.
Los datos oficiales muestran que la captación de agua disminuyó en comparación con los valores registrados la semana previa.
España cuenta con una red de embalses con un papel fundamental en la regulación y almacenamiento del agua, por lo que su seguimiento constante es esencial debido a la influencia que tiene este recurso desde la vida diaria hasta diversas industrias.
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Evolución del agua almacenada en los embalses de España
Fecha: martes 7 de julio de 2026.
Capacidad total: 56.043 hm3.
Volumen total embalsado: 43.955 hm3.
Porcentaje actual de agua almacenada: 78,43 %.
Variación respecto a la semana anterior: -960 hm3.
Cambio porcentual semanal: -1,71 %.
Volumen de agua embalsada hace un año: 40.869 hm3.
Porcentaje de agua embalsada hace un año: 72,92 %.
Situación actual de los embalses peninsulares

Andalucía: 82,15%.
Aragón: 79,32%.
Asturias: 83,99%.
C. Valenciana: 54,45%.
Cantabria P. Vasco La Rioja: 82,38%.
Castilla-La Mancha: 67,72%.
Cataluña: 89,54%.
Comunidad de Castilla y León: 82,76%.
Extremadura: 78,89%.
Galicia: 77,17%.
Murcia: 32,43%.
Navarra: 76,64%.
Consejos para reducir el consumo de agua en el jardín
Sin importar la capacidad de los embalses en España, es imprescindible hacer un uso responsable del agua. Por esta razón, el Miteco compartió una serie de recomendaciones para economizar el agua en el hogar, especialmente en los jardines.
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En España, las casas unifamiliares con jardín consumen entre 2 y 5 veces más agua que los departamentos. Debido a esto, el jardín suele ser uno de los mayores consumidores del recurso. Sin embargo, existen estrategias para minimizar este consumo.
Una medida clave para reducir el gasto de agua en el jardín es optar por plantas con bajas necesidades de riego o plantas que, una vez establecidas, requieran poco o ningún aporte adicional. Esto no implica necesariamente llenar el jardín con cactus o chumberas.
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De hecho, muchas de las especies tradicionalmente presentes en nuestros jardines (árboles, arbustos y matas mediterráneas) presentan exigencias mínimas en cuanto a riego.
Generalmente, más de dos tercios del agua consumida en un jardín se destina al mantenimiento del césped. Por esto, es acertado afirmar que el césped representa el mayor consumidor de agua en los jardines modernos, y reducir su extensión es la manera más efectiva de disminuir el gasto hídrico.
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Usar materiales naturales como piedras, gravilla o corteza de árbol para cubrir zonas del jardín ayuda a ahorrar significativas cantidades de agua, además de proporcionar atractivos efectos visuales. Estos recubrimientos evitan el calentamiento excesivo del suelo, protegen contra el viento y la erosión, impiden la proliferación de malas hierbas y facilitan ocultar los sistemas de riego.
Los sistemas de riego localizado distribuyen el agua mediante “goteros” que funcionan a baja presión, ofreciendo a cada planta la cantidad precisa que necesita y protegiendo el recurso frente a la evaporación. Así, estos sistemas utilizan entre un 25% y un 50% menos de agua que los riegos por aspersión.
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El agua pluvial que cae sobre tejados y patios puede ser recogida para regar el jardín. A través de canalones o sistemas de drenaje, el agua se conduce a un depósito pequeño donde se almacena para su posterior uso.
Un depósito semienterrado es una solución ideal para almacenar el agua de lluvia, aunque también pueden emplearse recipientes improvisados como toneles, bidones o incluso bañeras antiguas. Se recomienda situar el depósito en un punto alto del terreno para que el riego se realice por gravedad.
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Se sugiere regar en las horas más frescas del día para minimizar la evaporación y evitar daños en las plantas. Además, es importante tener en cuenta que el riego excesivo reduce la resistencia de las plantas a la sequía y aumenta su vulnerabilidad a enfermedades.
