El PSOE considera improbable mejorar su posición en las encuestas en solo siete meses, aunque confía en que PP y Vox cometan errores en las comunidades autónomas.

Pedro Sánchez, en la presentación del Plan Estatal de Fertilizantes, este lunes en San Martín de la Vega (Madrid). Las claves

Las últimas encuestas pronostican una ventaja considerable para PP y Vox, colocando al PSOE en una situación muy complicada a siete meses de las elecciones.

El desgaste del PSOE se debe a escándalos de corrupción y a la fragilidad de la izquierda, mientras Pedro Sánchez lucha por activar el voto progresista y contrarrestar el impacto con políticas sociales.

La táctica socialista pretende oponer la estabilidad de sus gobiernos frente a la posible inestabilidad de los pactos PP-Vox en las comunidades autónomas, destacando los peligros de la ultraderecha en el poder.

Sánchez insiste en separar los casos de corrupción internos de aquellos relacionados con su entorno familiar, utilizando la narrativa de persecución judicial para incentivar a su base electoral.

Cuatro sondeos publicados recientemente reflejan el aumento del desgaste para el PSOE y coinciden en pronosticar una ventaja significativa para el bloque formado por PP y Vox.

En el sondeo de EL ESPAÑOL, la coalición de derecha y extrema derecha alcanza los 205 escaños; en el de El País, ambos partidos superan en 12 puntos al conjunto de la izquierda; en la encuesta de La Razón, los socialistas caen por debajo de los 100 diputados, y en la de La Vanguardia, el PSOE pierde cinco puntos en solo un mes.

Estos estudios coinciden en presentar un panorama muy negativo para Pedro Sánchez, según reconocen fuentes tanto de la Moncloa como del PSOE, expresando la creciente certeza de que será muy complicado revertir esta situación antes de febrero o marzo, cuando se esperan las elecciones generales.

Solo quedan siete meses para recuperarse, y, además, en condiciones muy desfavorables.

En el horizonte se esperan numerosas resoluciones judiciales sobre corrupción probablemente perjudiciales para el PSOE, los socialistas han mostrado debilidad en las recientes elecciones autonómicas y los partidos a su izquierda atraviesan un momento crítico.

El vigor del espacio izquierdista resulta esencial para que el PSOE alcance mayorías, dado que el panorama político se configura como una división entre dos bloques definidos.

Sánchez se esfuerza por atenuar el desastre y evitar su peor resultado histórico, aunque esto es siempre a costa de los partidos situados a su izquierda. Esta es la estrategia, según fuentes socialistas, ante la perspectiva de una izquierda débil, fragmentada y sin liderazgo.

Por ello, Moncloa impulsa medidas como la mejora excepcional en dependencia o el decreto sobre vivienda, entre otras iniciativas.

Además, los socialistas consideran que el acuerdo de Juanma Moreno con Vox en Andalucía consolida otra estrategia clave para las elecciones generales: la presencia de la ultraderecha.

La idea es que el PP se ha liberado de complejos y límites, dejando claro que su intención es pactar con la ultraderecha en todas las comunidades donde sea viable y, por ende, a nivel nacional tras las generales.

«Si había alguna duda, ahora se ha disipado: solo existen dos opciones claras: un Gobierno de Alberto Núñez Feijóo con Santiago Abascal como vicepresidente o un Gobierno encabezado por Sánchez. No quedan opciones intermedias«, aseguran fuentes socialistas.

Agrupar el voto

Ya carece de sentido que Feijóo mantenga ambigüedad cuando se le pregunta si gobernará con Vox o no.

En ese marco, Sánchez se presenta como la única alternativa para impedir un Gobierno con participación de la ultraderecha. Según explican los socialistas, esto permite activar a la izquierda y también concentrar el voto que teme a Vox alrededor del PSOE.

Con este enfoque, Sánchez podría lograr un resultado al menos digno, aunque sacrificando la relevancia de las formaciones situadas a su izquierda.

De hecho, el líder socialista no da señales de rendirse y continúa con el discurso de la recuperación.

El análisis dentro del PSOE reconoce que las elecciones autonómicas han demostrado que el temor a la ultraderecha es limitado entre los votantes, que la ola global ha llegado a España y que una mayoría clara acepta a Vox en un Gobierno.

No obstante, según indican, existe ahora la oportunidad de mostrar a los ciudadanos de forma práctica los inconvenientes de contar con Vox al frente de instituciones, particularmente en las comunidades autónomas.

Se parte de la premisa de que los seguidores de Abascal intentarán dejar su huella en esos gobiernos regionales de coalición recién formados. Ya han evidenciado su influencia y capacidad para condicionar al PP, incluso al centrista Moreno, y ahora se evaluará mediante las medidas concretas que propongan y aprueben.

Coste para el PP

«Se podrá observar su verdadera cara cuando tengan poder y responsabilidad en la gestión«, afirman. Añaden que, si esto ocurre, el coste no recaerá solo en Vox, sino también en el PP, como futuro aliado de Abascal en la Moncloa.

Por ello, una parte fundamental de la estrategia del Gobierno y el PSOE será intensificar la oposición a los gobiernos autonómicos, denunciando las decisiones que adopten en áreas como feminismo, ayudas económicas o inmigración, temas que movilizan y cohesionan a la izquierda.

Además, señalan que hasta ahora la experiencia con los gobiernos de coalición PP-Vox ha sido negativa en términos de estabilidad. Los grupos de Abascal han abandonado gobiernos regionales, dejándolos en una situación precaria, mientras que la izquierda probablemente mantendrá su estabilidad durante más de ocho años, primero con Unidas Podemos y luego con Sumar.

En este sentido, el mensaje socialista buscará contrastar la estabilidad de ambos bloques y enfatizar lo que Moreno definía como «el lío» antes de firmar pactos con Vox.

En cuanto a los casos de corrupción y escándalos judiciales, Sánchez sostiene la diferencia entre aquellos considerados incuestionables, como los de José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Leire Díez, y los relacionados con la esposa y el hermano del presidente, quienes defienden su inocencia.

Estos últimos casos además les permiten mantener la narrativa de persecución, que según explican, despierta la movilización del electorado de izquierdas, incluidos votantes de partidos distintos al PSOE.

Scroll al inicio