El astro argentino, con siete tantos en el presente torneo, se reencuentra con Egipto tras 21 años de una cita especial para él.
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Existe una imagen que ningún aficionado argentino olvidará: un joven de 18 años con el dorsal 19 en la espalda, entrando al Parkstadion de Gelsenkirchen desde el banquillo, mientras Maradona lo observa desde la tribuna.
Era el 16 de junio de 2006, Argentina dominaba a Serbia y Montenegro y aquel muchacho de Rosario disponía de trece minutos para dejar su marca. Le bastaron doce para anotar su primer gol en un Mundial.
Dos décadas, 19 goles y un título mundial más tarde, Lionel Messi llega a los octavos del Mundial de 2026 con una cifra emblemática: 20 tantos en seis Copas del Mundo, superando a cualquier otro jugador en la historia del fútbol.
Y lo hace, nuevamente, frente a una selección africana con la que su historia inició mucho antes de Alemania: Egipto, el equipo al que el entonces adolescente le marcó su primer gol real en un Mundial, durante la Copa del Mundo Sub-20 en Países Bajos 2005.
Nadie en esta competición ha pedido tanto prestado el cielo como Argentina. Este martes, en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, la Albiceleste intentará avanzar otra ronda en su defensa del título de Qatar 2022, aunque el camino no se ve tan despejado como indican las estadísticas.
El sufrido 3-2 ante Cabo Verde en los octavos reveló la radiografía más preocupante del equipo de Lionel Scaloni: cuando Messi no soluciona, Argentina desaparece.
De los once goles que el conjunto albiceleste ha anotado en este torneo, siete llevan la firma del capitán, quien además asistió en otro. Una dependencia tan marcada que ya tiene nombre propio y provoca nervios en los analistas: ‘Messidependencia’.
Messi y Lautaro Martínez, en un partido de Argentina en el Mundial.
Lautaro Martínez y Julián Álvarez, los dos pilares ofensivos de Argentina, atraviesan el torneo como secundarios en un guion que tiene un solo protagonista. El Toro del Inter lleva un único gol en el Mundial, tras una fase de grupos donde sus arranques prometedores se diluyeron en el momento de enfrentar la portería.
La situación de Julián Álvarez es aún peor: el delantero del Atlético de Madrid cerró la primera fase sin convertir, registrando solo dos disparos a puerta en 143 minutos y desperdiciando incluso un mano a mano contra Austria.
Quien fuera el héroe de Qatar —con cuatro goles y un doblete en semifinales frente a Croacia— parece otro jugador, carente del ritmo que lo convirtió en una de las sensaciones del Mundial anterior y con la mente inquieta por su futuro en clubes.
Messi reconoció sus errores tras el susto ante Cabo Verde. «Lo más complicado fue conseguir el primer gol. Luego perdimos la pelota, nos encerramos y no pudimos presionar bien», afirmó en zona mixta.
El capitán fue franco: «Las líneas se nos separaron demasiado, nos descoordinamos y siempre ellos tenían un jugador extra, por eso mantenían la posesión y nos hacían correr». Además, lanzó una advertencia que más que discurso fue promesa: «Esta selección compite y competirá hasta el final».
La fábrica de récords
Mientras el equipo avanza con dificultades, su capitán sigue sumando récords. El gol ante Cabo Verde, el vigésimo de su carrera mundialista, fue también el octavo partido consecutivo en marcar durante Copas del Mundo.
Ni Just Fontaine ni Jairzinho, únicos jugadores que lograron seis partidos consecutivos con gol, lograron llegar tan lejos. Messi los superó en la fase de grupos primero con siete encuentros seguidos anotando contra Jordania y luego extendió la racha a ocho frente a Cabo Verde.
Messi, con la selección de Argentina.
Esta racha inició en octavos de Qatar 2022 frente a Australia y no se ha interrumpido: Países Bajos, Croacia, Francia en la final, y ahora Argelia, Austria, Jordania y Cabo Verde en 2026.
Con 20 goles en 30 partidos mundialistas —superando además el récord histórico de partidos de Lothar Matthäus—, Messi posee también el récord de ser el primer jugador en anotar en todas las fases posibles de una Copa del Mundo, culminando su logro con el gol en los dieciseisavos.
Además, es el máximo asistente en la historia del torneo, con 24 contribuciones directas a goles, superando las 21 de Pelé.
Mbappé y Haaland, al acecho
A nivel individual, la competencia es intensa. Messi llega a Atlanta con siete tantos en este Mundial, líder de la Bota de Oro, pero Kylian Mbappé y Erling Haaland no se quedan atrás, igualando esa cifra.
La imagen es reveladora: una estrella de 39 años en la recta final de su carrera frente a dos jóvenes predadores en sus veinte años que llevan años forjando sus trayectorias con numerosos récords.
Mbappé ya suma 19 goles en la historia de los Mundiales, cifra que habría parecido inalcanzable para cualquiera más que para el propio Messi. Haaland debuta en su primer Mundial mostrando una voracidad que remite al Ronaldo brasileño de hace 25 años.
La lucha por la Bota de Oro se ha convertido en un duelo generacional dentro del torneo: el último acto del mejor de la historia frente a sus posibles sucesores. Por ahora, Messi domina, habiendo disputado un partido menos.
El regreso a los orígenes
Resulta casi una cuestión de destino que sea Egipto el rival en esta eliminatoria. No en un sentido místico tradicional en Sudamérica, sino en uno estrictamente histórico.
En los cuartos de final del Mundial Sub-20 de 2005, el entrenador Francisco Ferraro alineó por primera vez como titular a un Messi que había empezado el torneo en el banco.
La recompensa fue inmediata: a los dos minutos del segundo tiempo, tras un centro desde la derecha, el rosarino llegó al segundo palo y colocó el balón en el fondo de la red con la zurda. Fue su primer gol en un Mundial en cualquier categoría.
Messi con el trofeo del Mundial Sub 20 conquistado en 2005.
Argentina ganó 2-0, avanzó a semifinales y terminó levantando la copa.
Veintiún años después, el mismo jugador —aunque con 20 goles mundialistas, un título mundial y ocho Balones de Oro en su vitrina— vuelve a medirse con los Faraones en una ronda eliminatoria.
El desafío ahora es doble: seguir ampliando sus propios récords y, sobre todo, liberar a un equipo que, sin su número 10, parece estar a la deriva. Messi lo sabe y por eso, en las horas previas al partido, transmitió un mensaje tan claro como lo que Argentina necesita de él: «Esto es mata-mata y nadie te regala nada».

