Infantino sucumbe a la presión de Trump en el ‘caso Balogun’ y provoca el rechazo de la UEFA y Blatter: «Se ha superado un límite»

Donald Trump muestra una tarjeta roja en el Despacho Oval en presencia de Infantino. El principal responsable de la FIFA queda expuesto tras la decisión de anular la tarjeta roja al delantero estadounidense tras una llamada del presidente.

Más información: La FIFA revoca la expulsión de Balogun, el máximo goleador de Estados Unidos, tras la intervención telefónica de Trump a Infantino

Una llamada a la FIFA que modifica todo. Según confirmaron AFP y The New York Times, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se comunicó directamente con Gianni Infantino para influir en la revisión del castigo impuesto a Folarin Balogun, goleador del equipo anfitrión, tras ser expulsado en el partido contra Bosnia y Herzegovina en los octavos de final.

Pocas horas más tarde, la entidad rectora del fútbol mundial tomó una medida sin precedentes en cualquier Copa del Mundo desde Uruguay 1930: levantar la suspensión de un futbolista mientras el torneo está en marcha, permitiéndole disputar los octavos frente a Bélgica.

La expulsión de Balogun fue revisada y ratificada por el VAR en el minuto 64 del encuentro. El atacante del Mónaco pisó el tobillo del defensor bosnio Tarik Muharemović al disputar el balón, causando que quedara en el suelo retorciéndose de dolor.

El árbitro brasileño Raphael Claus, que inicialmente no sancionó la acción, corrigió su decisión tras revisar las imágenes y mostró la tarjeta roja directa. El reglamento disciplinario de la FIFA no permitía dudas: la tarjeta roja conlleva suspensión automática para el siguiente encuentro, sin opción de apelación para los equipos.

No obstante, el Comité Disciplinario de la FIFA invocó el artículo 27 de su código para suspender la sanción durante un periodo de prueba de un año. La institución indicó que si Balogun comete una infracción grave semejante dentro de ese plazo, la sanción se reactivará de inmediato.

La Federación Belga de Fútbol expresó su asombro mediante un comunicado oficial, recordando que el artículo 66.4 del mismo código especifica que una roja implica suspensión automática para el siguiente partido, como ha ocurrido con todas las expulsiones previas en este torneo.

Nunca antes se había observado una interpretación normativa tan inusual aplicada de esta forma, en este momento y a este destinatario.

UEFA toma postura contraria

La UEFA fue más allá y emitió un comunicado institucional de notable dureza. El organismo europeo señaló que la resolución «traspasó una línea roja» y aseguró que la suspensión automática mínima tras una expulsión «no es una facultad discrecional» ni «requiere la aprobación de un organismo competente», ya que se trata de «un principio fundamentado en el reglamento que no admite excepciones».

La UEFA también resaltó la falta de coherencia al aplicar un criterio diferente al de los demás jugadores expulsados en el mismo torneo, quienes cumplieron su sanción sin recibir ningún beneficio, y advirtió que esta decisión establece «un precedente en el torneo actual, donde situaciones similares deberán ahora recibir un trato igualitario, perjudicando la competencia».

El comunicado concluía con una frase contundente sin margen de interpretación: «Manifestamos nuestra incredulidad ante una decisión tan inédita, incomprensible e injustificable».

Infantino, en el palco durante un partido del Mundial de FIFA

Infantino, en el palco durante un partido del Mundial de FIFA Europa Press

Lo que intensificó el escándalo fue la reacción de Trump, quien publicó en Truth Social sin ofrecer interpretación alguna: «¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!».

El reconocimiento del presidente de la principal potencia mundial al organismo que acaba de favorecer a su selección en un torneo que él mismo hospeda resume todo lo que diversos sectores llevan meses denunciando: la FIFA ha sacrificado su independencia a cambio de una alianza política cada vez más evidente.

Una relación forjada paso a paso

El caso Balogun no es un incidente aislado. Representa el último eslabón de una serie de concesiones y favores que Infantino ha ido acumulando desde que el Mundial de 2026 se presentó como el proyecto político principal de la Administración Trump.

El proceso comenzó de forma llamativa en diciembre, cuando Infantino entregó a Trump el recién creado Premio de la Paz de la FIFA durante el sorteo del torneo, un galardón sin precedentes que el propio expresidente de la entidad calificó como incomprensible.

Previamente, en agosto, Infantino llevó la Copa del Mundo original a la Casa Blanca para que Trump la exhibiera ante las cámaras, un privilegio que, de acuerdo con el reglamento de la FIFA, solo está reservado a campeones, jefes de Estado y dirigentes de la organización, y que fue otorgado al mandatario antes de que su equipo hubiese ganado algún título.

La relación se institucionalizó aún más cuando, en julio, la FIFA estableció una oficina permanente en la Torre Trump de Nueva York, y quedó confirmada cuando Infantino anunció públicamente, en una entrevista con FoxNews, que entregaría el trofeo al campeón en la final del 19 de julio junto a Trump: «¡Por supuesto!, juntos, juntos todo el tiempo».

Blatter rompe su silencio

Quien más directamente ha denunciado esta deriva desde sus inicios es Joseph Blatter, el controvertido expresidente suizo que dirigió la FIFA entre 1998 y 2015 y que, pese a estar inhabilitado para ocupar cargos, nunca ha guardado silencio.

Este lunes, después de darse a conocer el caso Balogun, Blatter publicó en X un mensaje que sirve como titular: «¿Quo vadis, FIFA?». Esta expresión latina, cuyo significado original es «¿a dónde vas?», también actúa como una advertencia: el fútbol no puede ni debe transformarse en terreno de juego del poder político.

Joseph Blatter, expresidente de la FIFA.

Joseph Blatter, expresidente de la FIFA. Europa Press

No es la primera vez que el suizo lanza esta advertencia. Meses atrás, definió públicamente a Infantino como «el kaki de Trump», acusó a la FIFA de operar como una dictadura centrada en una sola persona y llegó a plantear en voz alta si el verdadero sucesor era el presidente de FIFA o el de Estados Unidos.

En enero, incluso recomendó a los seguidores que evitaran viajar a Estados Unidos para el Mundial.

Que sea precisamente Blatter, una figura cuya presidencia estuvo marcada por escándalos de corrupción que casi destruyeron la institución, quien hoy actúe como la voz crítica de la FIFA, revela mucho sobre la situación a la que ha llegado el organismo.

Cuando el hombre que tuvo que renunciar por corrupción es quien con mayor claridad habla sobre la integridad del fútbol, está claro que algo esencial se ha roto.

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