Los socialistas insisten en establecer una graduación que diferencia claramente entre «cafés» y «reuniones».

Un pasaje bíblico narra que Juan Bautista se enfrentó a la relación entre Herodes y Herodías, tras la separación de esta última con Filipo (hermano de Herodes). Durante un banquete en honor al rey, Salomé, hija de Herodías, realizó un baile que cautivó tanto a Herodes que le prometió concederle cualquier deseo. Tras consultar con su madre, ella solicitó la cabeza de Juan Bautista en una bandeja. Este episodio ha sido inmortalizado por grandes pintores. Pedro Sánchez entregó en bandeja de plata las cabezas de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, pero no está dispuesto a realizar más sacrificios. La orden es resistir, sin más ofrendas, aun cuando haya imputaciones judiciales o presión de la oposición o los socios de gobierno. Así se explica que el presidente mantenga a Mercedes González, directora general de la Guardia Civil, en su cargo, pese a que el juez Santiago Pedraz la haya imputado en la causa que investiga las cloacas del PSOE.
Desde La Moncloa, la estrategia seguida es similar a la aplicada con el ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz: sostenerlo en el puesto y respaldar su inocencia durante todo el proceso judicial hasta que exista una condena o se descarte su culpabilidad. «Se mantiene la máxima calma ante esta imputación», aseguran desde el complejo presidencial. «Se confía en que Mercedes ofrecerá las aclaraciones necesarias ante la Justicia, tal y como ha hecho desde el principio y ya demostró en el Senado. No hay nada que ocultar».
Los miembros del círculo cercano al llamado sanchismo opinan que no debe entregarse la cabeza de González, y aún menos la del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien, a pesar de cargar con varias polémicas, conserva la «confianza plena» del presidente. Marlaska y González han protagonizado versiones contradictorias y rectificaciones respecto a las reuniones de la directora de la Guardia Civil con Leire Díez, conocida como fontanera del PSOE, hechos que finalmente han tenido que admitir. Sin embargo, los socialistas se aferran a la distinción entre «cafés» y «reuniones» como una graduación esencial.
Esta postura emanada del propio Sánchez se aplica no solo a González, sino también a la presidenta de la Sepi, Belén Gualda, imputada en la investigación relacionada con la actividad de la fontanera del PSOE en el caso Sepi, y a la gerente del partido, Ana María Fuentes, igualmente imputada en el caso de las cloacas. La nueva línea roja se establece ahora en actuar únicamente si existen fundamentos legales y pruebas claras, es decir, en caso de condena.
«La orden es resistir. Si cedemos ahora, sería aceptar que todo es verdad, que los jueces tienen razón desde el comienzo y, por tanto, nos atacarán», resumen desde la base del PSOE. Por ello, Sánchez no modifica su posición y mantiene «plena confianza» en González, al igual que en Gualda. Dos mujeres lideran dos organismos clave, aunque su imagen se haya visto afectada. «Vivimos en una sociedad donde las instituciones pueden estar resentidas, pero también ocurre con la Justicia», replican los socialistas.
Así, González y el director adjunto operativo, el teniente general Manuel Llamas, «continuarán desempeñando sus funciones como hasta ahora y mostrando la máxima colaboración con la justicia en todo lo que se les requiera», indican desde el Ejecutivo.
González mantiene una relación muy cercana con Sánchez. Se conocen desde hace muchos años, cuando el actual presidente comenzó su carrera política, y ella fue una sanchista de primera hora. Él la ha colocado en cargos de responsabilidad política, como delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid y directora general de la Guardia Civil.

