El emblemático barrio de Cáceres que vio nacer las primeras discotecas y sus noches inolvidables que definieron una era

Un rincón urbano de Cáceres conserva la memoria de aquellas noches que transformaron la manera de salir en la ciudad. Entre bares, música y madrugadas sin fin, su historia sigue vinculada al ocio que marcó a varias generaciones

Foto: El mítico barrio de Cáceres donde abrieron las primeras discotecas. (Wikipedia/Zarateman) Seguir en Google Síguenos

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En otro tiempo, la noche cacereña tenía un punto de encuentro casi ineludible, un barrio que pasó de ser un área residencial moderna a transformarse en el gran emblema del ocio nocturno cacereño. Allí emergieron algunas de las primeras discotecas de la ciudad, se aglutinaron bares de copas y se vivieron noches que aún permanecen en la memoria colectiva de varias generaciones.

Ese espacio fue La Madrila, ubicado en el distrito Oeste de Cáceres y vinculado desde finales de los años 70 a la vida nocturna local. Su evolución comenzó cuando esa zona, diseñada como un entorno residencial con bloques de apartamentos, locales comerciales y zonas verdes, empezó a atraer a jóvenes en busca de nuevas formas de ocio. En ese marco surgieron locales pioneros como Los Faunos y, posteriormente, Bols, dos establecimientos estrechamente ligados al nacimiento de la movida cacereña en una ciudad que también aspiraba a modernizar sus costumbres de entretenimiento.

De barrio moderno a epicentro de la noche cacereña

La Plaza de Albatros y sus alrededoresen La Madrila ganaron relevancia hasta consolidarse como la zona de ocio nocturno más emblemática de Cáceres. En diciembre de 1987, casi 2.000 firmas apoyaron que sus bares fueran reconocidos como uno de los espacios ideales para disfrutar la noche en la ciudad, un reflejo del peso social y festivo que ya ostentaba el barrio. Sin embargo, esa popularidad pronto convivió con una realidad más compleja: el ruido, la concentración de locales, los horarios de cierre y las quejas vecinales provocaron un debate que se mantuvo durante décadas en torno al principal foco nocturno de la capital extremeña.

A lo largo del tiempo, La Madrila dejó de ser solo un recuerdo juvenil para formar parte de la identidad urbana de Cáceres. Sus noches, recordadas por su duración y energía, se extendían hasta el amanecer y dejaron episodios de tensión, protestas y altercados, como los ocurridos en octubre de 1991 tras cierres de locales. Aunque actualmente la vida nocturna se ha desplazado en gran medida hacia el centro, especialmente en la calle Pizarro y alrededores, el antiguo barrio de copas mantiene su puesto en la memoria colectiva: el lugar donde Cáceres conoció las discotecas, nuevas músicas y una manera de salir que definió a varias generaciones.

En otro tiempo, la noche cacereña tenía un punto de encuentro casi ineludible, un barrio que pasó de ser un área residencial moderna a transformarse en el gran emblema del ocio nocturno cacereño. Allí emergieron algunas de las primeras discotecas de la ciudad, se aglutinaron bares de copas y se vivieron noches que aún permanecen en la memoria colectiva de varias generaciones.

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