Las claves
Las estafas en criptomonedas se desarrollan en tres etapas: inversión fraudulenta, ficticia recuperación del capital y complicaciones fiscales para las víctimas.
Por lo general, el proceso inicia con la captación por un supuesto gestor personal, para después exigir pagos adicionales bajo el pretexto de impuestos o tasas.
Luego, los estafadores vuelven a contactar a las víctimas haciéndose pasar por bufetes legales, prometiendo recuperar el dinero a cambio de un pago por adelantado.
Las víctimas deben afrontar riesgos fiscales y penales al tener que justificar movimientos económicos ante Hacienda, sin poder distinguir entre ganancias reales y ficticias.
“Su capital está creciendo y puede retirarlo en cualquier momento”. “Hemos localizado el dinero; solo falta abonar una tasa”. “Debe justificar movimientos, ganancias, pérdidas o fondos recibidos”.
Los afectados por las criptoestafas atraviesan una triple victimización a lo largo de todo el proceso, desde la inversión fraudulenta, pasando por la falsa recuperación del capital invertido hasta llegar a las sanciones fiscales y penales.
El experto informático Jorge Coronado destaca esta victimización de los criptoestafados en el nuevo número de la revista Quantika 14, organización especializada en investigaciones informáticas para empresas.
El especialista en fraudes vinculados a criptoactivos detalla a EL ESPAÑOL el modelo expuesto en su publicación.
La supuesta inversión
En primer lugar, surge la inversión fraudulenta. La víctima observa un anuncio, frecuentemente respaldado por celebridades. Se registra y recibe llamada de un supuesto «gestor personal».
Se solicita un pago inicial que oscila entre 100 y 250 €. Posteriormente, mediante gráficos falsificados, se muestran ganancias inexistentes.
Engañado y cegado por un supuesto éxito, el damnificado intenta retirar el dinero, pero el estafador bloquea la cuenta solicitando el pago de una supuesta tasa o impuesto.
El timador puede llegar a ejercer presión telefónica, inclusive a través de Telegram o WhatsApp.
Además, en esta fase, dispone de numerosos datos de la víctima y evidencia de cierta solvencia, lo que facilita que exija sumas adicionales.
La falsa recuperación
La promesa de recuperar el dinero actúa como una estafa basada en pagos anticipados.
Según el estudio realizado, en al menos siete casos se identificaron supuestas empresas o profesionales que afirmaban ayudar a recuperar el dinero, cuando en realidad solo planeaban estafar nuevamente.
Los delincuentes se aprovecharon de la huella digital, donde estas personas solicitaban ayuda en foros y redes sociales afirmando haber sido víctimas de fraude, para perpetuar el engaño.
Los estafadores vuelven a contactarlos haciéndose pasar por bufetes internacionales. Aseguran que el dinero ha sido localizado y confiscado, y que podrían recuperarlo, pero exigen un adelanto económico.
Riesgo fiscal y penal
El riesgo fiscal y penal surge cuando la víctima debe justificar los movimientos económicos ante bancos, juzgados o la Agencia Tributaria.
El delito contra la Hacienda Pública se sanciona con pena de uno a cinco años de prisión si la cuota defraudada supera los 120.000 euros, considerando dicha cifra respecto a la supuesta inversión.
Las ganancias obtenidas deben ser declaradas siempre que superen el límite mencionado.
No obstante, las víctimas ignoran cuáles cantidades son realmente ganancias y cuáles solo aparentes.
Para evitar estas tres situaciones, el experto informático Coronado presenta un decálogo de acciones recomendadas, donde las primeras horas tras el fraude resultan determinantes.
El perito aconseja detener todos los pagos y comunicaciones financieras, contactar inmediatamente con el banco, cambiar contraseñas desde un dispositivo seguro y no formatear ni restaurar el teléfono.
Asimismo, para limitar daños mayores se recomienda exportar historiales completos, conservar chats, correos y documentos relacionados; presentar denuncia, solicitar análisis pericial, revisar la situación fiscal y alertar a familiares para prevenir futuros fraudes.

