Las claves
Juanma Moreno continuará con la ‘vía andaluza’, gobernando para la mayoría y manteniendo su enfoque moderado a pesar de la incorporación de Vox en el Ejecutivo andaluz.
Vox solo administrará el 2,3% del Presupuesto andaluz, asumiendo la vicepresidencia con competencias en Turismo, Justicia y Desregulación.
El acuerdo entre PP y Vox restringe las concesiones materiales a Vox, en comparación con otros pactos regionales, y busca estabilidad junto con una responsabilidad compartida durante la legislatura.
Moreno cedió parcialmente en puntos como la ‘prioridad nacional’, pero evitó otorgar carteras clave como Agricultura o Familia a Vox, manteniéndolas bajo control popular.
El nuevo Ejecutivo andaluz mantendrá la «vía andaluza» que Juanma Moreno promovió –tanto en su título de campaña como en su libro lanzado a finales del pasado año. Esta obra sirvió como base para su tercera reelección y para consolidar la histórica mayoría absoluta alcanzada en 2022.
No obstante, ahora esta vía andaluza se recorrerá junto a José Antonio Gavira, líder de Vox en la región y único representante del partido de derecha radical en este Gobierno.
Gavira ocupará la vicepresidencia, y en su departamento se fusionan (en buena medida) dos carteras anteriores. Sin embargo, las funciones de Función Pública han sido separadas y permanecerán bajo la gestión del Partido Popular.
El nivel de poder de Vox no superará el 2,3% en el Ejecutivo, si se evalúa según la capacidad presupuestaria.
«Vox mostró gran interés en áreas como Agricultura, políticas de Familia, Agua y Medio Ambiente«, indicó Moreno este viernes en Cope. Finalmente, el partido se quedó con Turismo, Justicia y Desregulación, que representan aproximadamente 1.200 millones anuales en un Presupuesto superior a 51.000 millones.
«Hasta el final»
Desde Génova reconocen abiertamente que las encuestas condicionan las decisiones.
Aunque «es factible reunir una mayoría suficiente» para ejecutar la idea planteada hace un año por Alberto Núñez Feijóo —un Gobierno en solitario tras las próximas elecciones generales—, las cuatro últimas convocatorias autonómicas revelan que «la población quiere gobiernos del PP» estabilizados «gracias a Vox».
«La lucha será hasta el último momento», pero si el sector «moderado» dentro de los barones del PP puede acordar con los de Santiago Abascal, y sigue asegurando que mantendrá «su identidad» y que, pese a las inquietudes generadas por la izquierda, gobernará «para todos», podría decirse que Moreno está favoreciendo al líder nacional.
En este contexto, se comprende el esfuerzo del PP andaluz por presentar el pacto como la versión más moderada del modelo de coalición.
De este modo, se envía una doble señal: para que los votantes perciban que Moreno conserva su perfil moderado y para comunicar que la integración necesaria —aunque limitada— de Vox es compatible con un discurso mayoritario.
Por un lado, la vicepresidencia de Gavira concentra áreas simbólicas para la agenda de Vox, como Justicia y Desregulación. Por otro, compensa con Turismo, que no lograron obtener.
Además, está lejos del peso político y financiero (presupuestario) que Abascal y su partido han alcanzado en otras comunidades, donde disponen de tres puestos en el consejo de Gobierno, incluyendo Agricultura y Familia, que manejan partidas de mayor volumen.
Estabilidad y responsabilidad
Paralelamente, el relato del PP busca consolidar la llamada vía andaluza como una fórmula propia dentro del marco de pactos de la derecha.
El objetivo es que el aliado radical participe en el Consejo de Gobierno, pero con menos concesiones materiales y un énfasis claro en la estabilidad y responsabilidad común durante la legislatura.
Destaca, no obstante, el notable giro en el discurso que dio el presidente el jueves antes de ser investido.
Durante la campaña electoral, afirmaba que era «imposible» gobernar con Vox. Sin embargo, tras la firma del pacto, cambió su postura mostrando normalidad ante la inclusión de Vox en el Consejo de Gobierno.
En las semanas previas al 17-M, Moreno recordaba que la experiencia de su primera legislatura con Vox como aliado parlamentario le sirvió para aprender la lección, recordando que adelantó elecciones porque Vox vetó «los Presupuestos, la Ley de Ordenación del Territorio y tres decretos».
Después de las elecciones, y ante el resultado, el presidente evitó mencionar directamente a Vox en sus primeras declaraciones públicas.
Centró su discurso en manifestar su intención de «gobernar en solitario» y subrayar que el PP había conseguido casi 30 puntos más que Vox, más votos y mayor porcentaje que en 2022, y más apoyos que la suma del segundo y tercer partido, quedándose a dos escaños de la mayoría absoluta debido al sistema electoral.
Este planteamiento «sensato» se reflejó en la defensa de acuerdos puntuales sin formar gobierno conjunto.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la apelación a los resultados fue perdiendo peso público y se fue instalando la idea de que la entrada de Vox sería inevitable, aunque con un pacto más ligero que los firmados en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Líneas rojas
Vox ejercía presión con la consigna de «o gobernamos juntos o no hay Gobierno», fijando como límites la «prioridad nacional» y la lucha contra el «fanatismo climático».
Moreno, ante esta situación, empezó a reinterpretar su rechazo absoluto a la «prioridad nacional», definiéndola como un «arraigo ya presente en la administración». Incluso adelantó que esta prioridad se «fortalecería» en políticas de vivienda y servicios públicos.
El cambio definitivo en su discurso se concretó cuando afirmó que «también es cierto que la presencia de un representante de esa formación en el Ejecutivo permite una mejor coordinación y complicidad. Esto lo hace corresponsable de los objetivos para los próximos cuatro años».
En todo caso, los populares insisten en que no contaban con otra alternativa.
Era pactar o convocar elecciones, lo que significaría «ocho meses completos de parálisis que Andalucía no puede permitirse», según la versión difundida desde San Telmo y Génova.
Además, ponen de relieve que las concesiones en este acuerdo son menores comparadas con las de otras Comunidades donde gobiernan conjuntamente.
Teniendo presente que los de Abascal habían intentado hasta casi el último momento gestionar las carteras de Agricultura y Familia, cerrar en una única vicepresidencia se considera un límite aceptable.
«Interpretar la demoscopia»
Desde una visión nacional, el movimiento en Andalucía se interpreta en función del calendario electoral.
Según fuentes consultadas por EL ESPAÑOL en Moncloa, Pedro Sánchez planea acortar la legislatura unos meses y adelantar las generales a febrero o marzo, sin más elecciones intermedias.
En este escenario, las encuestas que desde hace un año colocan a las derechas cerca de los 200 escaños, con un PP firme alrededor de 145 diputados y Vox ascendiendo sobre 50, influyen en la estrategia de Génova.
La dirección popular considera que el «miedo a Vox» que intenta propagar Moncloa ya no moviliza tanto como en ciclos electorales previos.
Por eso, el pragmatismo de Juanma Moreno al «interpretar la demoscopia» se asume como un adelanto de lo que podrían dictar las urnas generales.
Aunque la consigna nacional siga siendo «luchar hasta el final» para gobernar en solitario, como intentó el barón andaluz, su ejemplo refuerza la idea de que la gobernabilidad depende de la voluntad de los votantes. Y la satisfacción en Génova, tras Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, es prácticamente completa.

