El futbolista del Arsenal está destacando en el Mundial y disputará los octavos de final frente a Brasil.
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Martin Odegaard se ha consolidado hoy como el líder indiscutible del Arsenal y es uno de los mediocampistas más imaginativos de Europa. No obstante, mucho antes de brillar en la Premier League y enfrentar la intensa presión mediática tras fichar por el Real Madrid a los 16 años, existía un niño en el pueblo noruego de Drammen cuya única meta era tener un balón entre los pies.
Los primeros pasos del mediapunta escandinavo estuvieron definidos por una infancia tranquila, pero impregnada con una disciplina casi extrema hacia el fútbol. Al rememorar esos años, el propio futbolista describe ese ambiente con una mezcla de nostalgia y claridad: «Contaba con una familia sólida, buenos amigos y una vida sencilla. Era solo un niño que amaba el fútbol. De verdad, de verdad me encantaba. Estaba obsesionado», señaló en una carta publicada en The Players’ Tribune.
Esa pasión se manifestaba en interminables horas de juego en canchas de asfalto y césped artificial en su barrio. Para Odegaard, disputar partidos no era simplemente un entretenimiento, sino una lucha intensa que moldeó su carácter.
De hecho, su nivel de autoexigencia desde la infancia era tan elevado que hoy observa a los niños actuales con cierta incredulidad: «A veces, cuando regreso a casa, veo a niños en esa misma cancha charlando y pateando el balón con calma y pienso: ¿Esto qué es? Mis amigos y yo no jugábamos así».
Curiosamente, mientras perfeccionaba su técnica con la zurda al aire libre en Noruega, dentro de él ya surgía un vínculo silencioso con el club que se convertiría en su casa futbolística definitiva.
No fue una pasión heredada de su padre, sino algo completamente instintivo. «Siempre he sentido una conexión especial con el Arsenal. Comenzó mucho antes de que firmara con ellos. Ni siquiera sé bien cómo explicarlo, salvo con una pequeña historia», comparte el actual capitán gunner.
Ese relato muestra a un chico que, aunque vivía en las calles, encontró en una pantalla el inicio de su carrera. «Nunca fui muy aficionado a los videojuegos. Soy de esa generación que siempre prefería jugar afuera, pero la única excepción era FIFA. Jugaba sobre todo al modo Carrera. ¿Sabes?, donde te conviertes en el entrenador». En ese mundo virtual, el equipo elegido para dirigir y llevar al triunfo era, precisamente, el Arsenal.
Después de alcanzar la fama mundial siendo apenas un adolescente, el talento noruego tuvo que formarse a través de cesiones en Holanda y España. La transición del modo Carrera a la vida profesional le enseñó que el éxito demanda paciencia y resistencia.
Como reflexiona ahora, con madurez: «Ha sido un camino muy diferente al que esperaba en FIFA. En la vida real, no puedes simplemente decidir a dónde quieres ir y esperar que todo sea perfecto».
El niño obsesionado de Drammen debió tomar numerosos desvíos, pero finalmente halló en el norte de Londres aquella perfección que soñaba en el videojuego.

