Tras igualar con Nueva Zelanda, el entrenador iraní describió a su equipo como «la delegación más oprimida de toda la Copa del Mundo».
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La presentación de Irán en el Mundial, con un empate frente a Nueva Zelanda (2-2) en territorio estadounidense, dejó un conjunto de imágenes políticas que trascendieron el ámbito futbolístico y posicionaron a la selección como protagonista de una contienda simbólica a nivel mundial.
Desde abucheos al himno nacional, tributos a las 168 niñas fallecidas y conflictos relacionados con sus jugadores, el debut frente al equipo oceánico constituyó, principalmente, una narrativa sobre poder, memoria y control territorial.
El ambiente en los alrededores del SoFi Stadium anticipaba que el encuentro representaría algo más que un simple 2-2 en el marcador del Mundial.
A la entrada, miembros de la diáspora iraní exhibían banderas previas a la revolución, imágenes de víctimas de la represión interna y consignas críticas contra el régimen, mientras otros grupos se acercaban para respaldar al equipo como último símbolo común de un país dividido.
Al sonar el himno iraní, esa división se manifestó claramente. La música oficial de la República Islámica fue recibida con una mezcla de aplausos y abucheos prolongados; partes del público mostraban carteles a favor de las protestas internas, mientras otros entonaban el nombre de la selección.
La escena rememoraba lo visto en Qatar 2022, aunque esta vez el acto tuvo lugar en la nación considerada el principal adversario geopolítico de Teherán.
El número 168
Antes del Mundial, la delegación iraní había elaborado una narrativa centrada en las 168 niñas que murieron en un ataque contra una escuela en Minab, atribuido a misiles estadounidenses.
Desde el primer día, este número se hizo visible mediante broches dorados en las solapas de la delegación iraní en Tijuana, comunicados oficiales que explicaban su significado y un discurso que presenta al equipo como portavoz de las víctimas civiles del conflicto bélico.
Exhibición de la pancarta en memoria de las 168 niñas asesinadas en Minab. Reuters
Esta campaña tomó forma durante el debut mundialista. En el partido, la afición iraní desplegó una bandera dedicada a las 168 niñas asesinadas el 28 de febrero en la Escuela Primaria Shajare Tayebé.
Incidencias en la frontera
La cuestión política no concluyó con el partido: se extendió hasta los controles migratorios. Tras el encuentro, la delegación iraní viajaba hacia el aeropuerto de Los Ángeles con destino a su base en Tijuana, pero el capitán Mehdi Taremi y el mediocampista Saeed Al-Hawie fueron retenidos durante los trámites de salida.
De acuerdo con la federación, mientras el resto del equipo aguardaba a bordo del avión, estos dos jugadores permanecieron aislados y sometidos a controles adicionales que retrasaron la salida del grupo.
El entrenador Amir Ghalenoei había señalado previamente que Estados Unidos no les permitió pasar una noche más en el país después del debut, forzando a la delegación a volar inmediatamente y reforzando la narrativa de que Irán es «la selección más oprimida del Mundial».
El propio Taremi, quien ya había enfrentado cierres del espacio aéreo y problemas de visado relacionados con el conflicto, advirtió que estas dificultades «minan el mensaje de paz que promueve la FIFA».
Contexto de confrontación
La relación entre Irán y Estados Unidos ya estaba tensionada antes del pitido inicial: se negaron visas a dirigentes, se boicoteó el sorteo en Washington y se presionó para trasladar partidos a México, mientras desde Washington también se llegó a plantear la exclusión de Irán del torneo.
Banderas contra el régimen iraní durante el debut mundialista. Reuters
En este contexto, la imagen de una pancarta por las 168 niñas, un himno silbado y la retención de dos jugadores en un aeropuerto californiano predominan sobre cualquier tabla de posiciones.
En Estados Unidos, el estreno de Irán dejó una conclusión incómoda para los organizadores: aunque las reglas intenten aislar al fútbol de los conflictos políticos, cuando la guerra se refleja en pasaportes, pines en señal de luto y pancartas tras un gol, el Mundial termina siendo inevitablemente un escaparate para estos factores.

