La comunidad textil fundada en 1960 en Barcelona, ubicada cerca de la montaña de Montserrat y destacada por su exclusiva iglesia románico lombarda

Esta escapada interior desvela antiguos viñedos medievales, imponentes miradores hacia los Pirineos y la sorprendente historia de una comunidad que trasladó su capitalidad para abrazar el progreso de sus fábricas fluviales Foto: Iglesia románica de Sant Cugat Del Racó a las afueras de este pueblo barcelonés. (Foto: femturisme.cat) Seguir en Google Síguenos

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Descubrir Navàs, un encantador rincón barcelonés surgido bajo la influencia de la revolución industrial de 1960, implica sumergirse en un destino donde la modernidad urbana se fusiona con el misticismo de la cercana montaña de Montserrat y un destacado patrimonio románico catalán medieval.

A primera vista, muchos visitantes atraviesan la Cataluña central sin percibir la llanura reticular que se extiende en la margen derecha del río Llobregat. No obstante, este enclave, que hoy funciona como una verdadera ventana abierta hacia el Prepirineo, junto a Cardona y puerta de entrada al Berguedà, esconde un viaje singular para quien se detiene a explorarlo. Su evolución resulta curiosa: la localidad actual no aparecía en los registros oficiales de mediados del siglo XIX, pero con el tiempo se convirtió en el epicentro de un territorio sorprendente y repleto de contrastes históricos.

El crecimiento experimentado en esta zona modificó de manera completa su mapa administrativo. En sus orígenes, el municipio se conocía como Castelladral, que era el núcleo principal debido a su trayectoria agrícola. Fue en el año 1960 cuando se oficializó la reorganización territorial, trasladando la capitalidad a Navàs tras incorporar las antiguas estructuras. Así, un núcleo con vocación práctica y trazado cuadriculado pasó a custodiar un valioso legado de masías dispersas, viñedos tradicionales y monumentales templos medievales que desafían al paso del tiempo.

El origen de un motor fabril a orillas del Llobregat

La configuración urbana de este núcleo se entiende gracias a su pasado vinculado a la producción textil. El desarrollo local se gestó entre finales del siglo XIX y principios del XX, impulsado por el uso del agua de los ríos para alimentar las maquinarias. Un claro ejemplo de este auge es la antigua fábrica de Cal Forcada y su canal adyacente, emblemas de una industria donde la empresa familiar textil introdujo mejoras significativas como el alumbrado eléctrico y el suministro de agua potable para los habitantes de la región.

Este legado industrial se extiende a otros puntos del municipio que reflejan fielmente la vida obrera de aquellas décadas. En el sector sur se halla Palà de Torroella, una antigua colonia textil que mantiene intactos los elementos característicos de esa época: la gran fábrica, las viviendas de los trabajadores, la iglesia y la imponente residencia del propietario. Hoy en día, el espacio invita a los visitantes a pasear entre estructuras históricas y rememorar la cotidianidad industrial mientras disfrutan de una gastronomía local de calidad.

Recorrer hoy sus amplias calles y su plaza mayor porticada revela un diseño orientado a la funcionalidad y el confort de sus habitantes. Las fachadas secundarias del municipio se han convertido en lienzos artísticos gracias al proyecto Muralia, que aporta frescura a una trama reticular creada a principios del siglo XX.

Una joya medieval única en la Cataluña central

A poco más de seis kilómetros del casco urbano, entre campos de cultivo y espesos bosques del Bages, se alza el monumento más destacado del término municipal: la iglesia de Sant Cugat del Racó. Situada sobre un amplio altiplano que ofrece vistas espectaculares, este templo constituye un hito arquitectónico sin igual en la región. Existen documentos que mencionan este recinto religioso ya en el año 925, aunque la construcción actual se erigió en la segunda mitad del siglo XI.

La singularidad de Sant Cugat del Racó reside en el diseño plasmado sobre el terreno por sus creadores. Los maestros lombardos itinerantes que participaron en su edificación trazaron una planta de cruz griega coronada por un llamativo cimborrio cilíndrico, una solución estructural que no se encuentra en ningún otro lugar de la geografía catalana. El templo se levantó directamente sobre los cimientos de una antigua iglesia prerrománica, cuyos muros trapezoidales quedaron incorporados en la nueva construcción medieval.

La historia de este edificio singular está estrechamente vinculada a las dinámicas de poder eclesiástico de la Alta Edad Media. La construcción perteneció al influyente monasterio de Santa María de Ripoll hasta la Desamortización de 1835. Algunos expertos sugieren que la espectacularidad y singularidad del diseño de la iglesia respondían a una competencia simbólica con el monasterio de Sant Llorenç, cercano a Bagà, que ejercía control sobre la parroquia vecina de Santa Maria de les Esglésies.

Paisajes rurales, vides y tradiciones compartidas

Más allá de su patrimonio arquitectónico e industrial, el municipio ofrece un entorno natural idóneo para la desconexión a través de rutas de senderismo y recorridos en bicicleta de montaña. Zonas como Castelladral funcionan como excelentes miradores naturales desde los que se contemplan tanto la mágica silueta de Montserrat como las cumbres de los Pirineos. De igual forma, núcleos rurales como El Mujal abren paso a espacios boscosos y albergan áreas dedicadas a la educación ambiental y al conocimiento de la fauna local en familia.

Este paisaje interior conserva además las marcas de una estrecha relación con el cultivo de la vid y el olivo que se remonta a la época medieval, visible en tinas y prensas talladas directamente en las piedras de zonas como el Pla de Sant Pere. En los últimos años, el municipio ha apostado con fuerza por recuperar variedades de uva autóctonas como el sumoll o el mandón, integradas dentro de la DO Pla de Bages. Estos esfuerzos se reflejan en eventos populares anuales como la Muestra de Vinos celebrada en marzo.

Un viaje inolvidable donde las piedras medievales y el patrimonio industrial de la Cataluña central revelan sus secretos mejor guardados al viajero

La vitalidad de la comunidad se manifiesta también en un amplio calendario festivo que mantiene vivas las tradiciones de sus diversos núcleos a lo largo del año. Celebraciones como la cabalgata de Reyes, la distintiva caminata popular, las tonadas de las Caramelles o la Marxa Romànica de Resistència —que conecta más de veinte iglesias de la zona— consolidan la identidad de un territorio que supo integrar el progreso industrial sin olvidar su herencia medieval.

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