Eric García vive en un municipio de 30.000 habitantes con restos medievales y un parque forestal de 30 hectáreas

El refugio de Eric García. El futbolista del FC Barcelona y de la Selección nació y se formó en Martorell, muy próximo al Parc Forestal de Can Cases.

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Mientras Eric García se encuentra estas semanas concentrado con la selección durante el Mundial, su refugio sigue ubicado a pocos kilómetros de Barcelona, en un municipio que no se puede encasillar bajo el cliché de ‘ciudad dormitorio’.

Martorell, con una población cercana a los 30.000 habitantes, es la localidad donde nació y se desarrolló el defensa, un entorno que combina fábricas, ríos y vestigios medievales en un área compacta y reconocible para él.

Este municipio se halla en un cruce estratégico: allí confluyen los ríos Llobregat y Anoia, así como autopistas y vías ferroviarias, lo que posiciona a Martorell como una entrada clave al interior de Cataluña y un importante centro industrial.

Dicha condición de enclave obrero y punto de tránsito ha moldeado durante décadas el carácter del lugar y, por ende, el ambiente en el que creció García: calles con un claro perfil laborioso, una cotidianidad vinculada a la fábrica y una vida marcada por los desplazamientos hacia Barcelona.

Sin embargo, el refugio del central no se limita únicamente al entorno urbano y sus carreteras. Muy cerca del casco urbano está el Martorell menos esperado, aquel que muestra restos medievales y paisajes fluviales.

El Pont del Diable, legado de una antigua calzada romana, sigue dominando la entrada al núcleo histórico como emblema de un pasado que convive con las chimeneas y las luces de la planta automovilística.

En medio de calles angostas, edificios con siglos de antigüedad y pequeños museos, el futbolista encuentra un ambiente completamente distinto al de las grandes urbes donde suele estar durante la temporada.

Eric García, durante un partido con el Barça.

Eric García, durante un partido con el Barça. EFE

Otro de los grandes pulmones del municipio es el Parc Forestal de Can Cases, que abarca unas 30 hectáreas de bosque y zonas recreativas al noroeste del término.

En este lugar, el paisaje se transforma por completo: pinos, encinas, senderos entre claros y áreas de picnic donde han aprendido a disfrutar de un día de campo varias generaciones sin salir del pueblo.

Para alguien que actualmente vive entre hoteles de concentración, vuelos largos y centros de entrenamiento de alto nivel, tener su ‘hogar’ asociado a un espacio así aporta una nueva dimensión a la noción de regreso al origen.

En ese entorno, el defensa ha combinado desde niño la imagen del puente romano y las ruinas elevadas con la de los campos de entrenamiento y la gran fábrica de coches que se vislumbra en el horizonte.

Este contraste permite comprender mejor su vínculo con Martorell: cuando regresa durante los descansos de la temporada, no solo vuelve al barrio de su infancia, sino que también accede a la posibilidad de perderse por unas horas entre ríos y bosques, lejos de cámaras y focos.

Ahora, con el Mundial en juego y la atención puesta en Estados Unidos, su refugio está a un océano de distancia.

Pero para Eric García, Martorell continúa siendo ese lugar específico al que regresar una vez todo termine: una población de 30.000 habitantes donde conviven restos medievales, un extenso parque forestal y la rutina diaria que lo impulsó hacia la élite.

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