El organismo que encabeza Gianni Infantino se ha manifestado sobre la controversia generada por las localidades vacías en los primeros encuentros del torneo.
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El jueves 11 de junio, Gianni Infantino apareció en el Estadio Azteca frente a más de 80.000 asistentes y mostró una sonrisa. Esa era la imagen que la FIFA había prometido al mundo: el Mundial de fútbol más grande de la historia con 48 selecciones, tres países anfitriones y estadios repletos.
Sin embargo, horas más tarde, las cámaras captaron una historia distinta. Las gradas de Guadalajara, sede del segundo partido, mostraban numerosos asientos libres, sorprendiendo a los espectadores que seguían el encuentro desde sus hogares.
La contradicción fue tan evidente que la propia FIFA tuvo que ofrecer una explicación. No obstante, su justificación generó aún más interrogantes que soluciones.
La versión oficial de la FIFA sobre el Mundial se basó en cifras impresionantes. Desde enero, Infantino había afirmado que se habían recibido más de 500 millones de solicitudes de entradas, una cifra diez veces superior a la de los dos Mundiales anteriores juntos.
«En los dos últimos Mundiales combinados tuvimos 50 millones de solicitudes. Aquí, 500 millones», declaró el presidente suizo durante el Congreso de la FIFA.
En mayo, llegó a afirmar que la organización había vendido el 100% del stock ofrecido hasta ese momento, cerca del 90% del total disponible. Según la versión oficial, el Mundial estaba agotado antes de comenzar.
Sin embargo, el mercado secundario mostraba otra realidad. Antes del inicio del torneo, alrededor de 180.000 localidades seguían disponibles en los canales oficiales de reventa.
Gianni Infantino, frente a aficionados mexicanos en el partido inaugural del Mundial. Reuters
En algunos partidos específicos, las cifras eran aún más expresivas: el encuentro entre Cabo Verde y Arabia Saudí registraba 13.215 entradas sin comprador, mientras que el duelo de Jordania frente a Argelia contaba con más de 3.000 asientos libres.
Incluso el estreno de la selección anfitriona, Estados Unidos, contra Paraguay evidenciaba cerca de 2.826 localidades disponibles antes del inicio. Que el país organizador no agotara su propio estreno ya era un indicio significativo.
El elevado precio constituía —y sigue siendo— el principal problema. La FIFA implementó para este torneo un sistema de precios dinámicos, lo que incrementó notablemente el costo de las entradas, alcanzando niveles sin precedentes en la historia del fútbol.
La entrada más económica para la final del 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey alcanzó un valor de 10.990 dólares, mientras que en la plataforma oficial de reventa— gestionada por FIFA con una comisión del 15% por transacción— se publicaron asientos por dos millones de dólares.
Los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey iniciaron una investigación formal citando a FIFA para que aclarara sus métodos de venta, denunciando una “escasez artificial” y precios “exorbitantes”.
La fiscal Jennifer Davenport lo expresó con dureza: «La FIFA ha convertido la compra de entradas para el Mundial en un laberinto lleno de confusión, escasez artificial y precios abusivos”.
Cuatro partidos, cuatro relatos
El inicio del campeonato exhibió cuatro situaciones diferentes que, globalmente, ejemplifican con precisión quirúrgica la paradoja.
El partido inaugural, México-Sudáfrica (2-0), fue la excepción que confirmó la regla. En el Estadio Azteca asistieron oficialmente 80.824 personas en un recinto con capacidad cercana a las 87.000 plazas.
El fervor del público mexicano, la atmósfera del templo de Coyoacán y la expectación propia del estreno se combinaron para reflejar la imagen que FIFA deseaba proyectar al mundo: un estadio lleno de colorido, intensidad y pasión.
El aforo en el estadio Azteca en el primer partido del Mundial 2026. Reuters
El contraste apareció horas más tarde con el partido Corea del Sur-República Checa (2-1) en el Estadio Akron de Guadalajara. Officialmente, FIFA reportó una asistencia de 44.985 personas sobre un aforo de 45.664, casi completo.
No obstante, las imágenes televisivas exhibieron grandes zonas de asientos vacíos, principalmente en áreas VIP y los sectores centrales de las tribunas laterales. Esta discrepancia entre el dato oficial y la realidad visual se viralizó mundialmente en redes sociales, presionando a FIFA para emitir un comunicado urgente.
Que este partido se celebrara en una ciudad de más de 5,6 millones de habitantes con amplia tradición futbolística y se mostrara esa imagen en televisión, aumentó las críticas.
El tercer partido de la primera jornada, Canadá-Bosnia-Herzegovina (1-1) en el Toronto Stadium —nombre durante el Mundial del BMO Field— fue el encuentro con menor capacidad, ampliado temporalmente hasta 45.736 espectadores para cumplir con los requisitos FIFA, constituyendo el estadio con menor capacidad en el torneo.
Aforo oficial en el estadio de Toronto durante el Canadá – Bosnia. Reuters
La asistencia oficial fue de 43.008 espectadores, es decir, casi el total del aforo. Fue el debut histórico del fútbol masculino mundialista en suelo canadiense, con un ambiente muy intenso.
No obstante, también se detectaron filas vacías en los sectores más caros durante los primeros minutos, con algunos asistentes llegando tarde o prefiriendo acercarse a las áreas de restauración.
Finalmente, el partido Estados Unidos-Paraguay (4-1) en el SoFi Stadium de Los Ángeles mostró la situación más paradójica. El recinto —denominado Los Angeles Stadium durante el Mundial— tiene capacidad para 70.000 espectadores, y FIFA declaró una asistencia oficial de 70.492, reportándolo como sold out.
Sin embargo, las imágenes previas mostraron un estadio aparentemente medio vacío durante la ceremonia inaugural antes del inicio. Diversas secciones en niveles intermedios y zonas premium junto a la línea de medio campo presentaban una notable desocupación.
Aforo oficial en el estadio de Los Ángeles en el Estados Unidos – Paraguay. Reuters
Aunque el estadio fue llenándose a medida que avanzaba el partido, este episodio reavivó la controversia sobre la discrepancia entre entradas vendidas y asientos efectivamente ocupados en cada momento.
La defensa de FIFA y sus limitaciones
Frente al aluvión de críticas, FIFA presentó una doble línea de argumento. En primer lugar, una explicación técnica: los datos oficiales de asistencia no reflejan la ocupación visual instantánea, sino el conteo de entradas escaneadas y de personas que ingresan al perímetro del estadio.
«Las cifras oficiales representan el número de boletos escaneados y espectadores dentro del perímetro del estadio, y no evaluaciones visuales de la ocupación de asientos en un instante particular durante el partido», señaló FIFA en su comunicado formal.
En segundo lugar, un argumento conductual: en el caso de Guadalajara, FIFA mencionó que algunos espectadores con boleto permanecieron de pie en pasillos y áreas de circulación en lugar de ocupar sus asientos asignados.
Esta explicación tiene sentido en contextos de alta demanda, donde los pasillos pueden saturarse en momentos clave. Sin embargo, resulta menos convincente cuando las zonas vacías más evidentes son precisamente las de mayor costo —gradas VIP, palcos y asientos de primera categoría— adquiridos, en muchos casos, por patrocinadores corporativos y socios de FIFA como espacios para hospitalidad empresarial.
Según reveló The Athletic, gran parte de estos asientos en los partidos de la fase inicial quedan sistemáticamente vacíos: las empresas los compran, los ofrecen como invitaciones a ejecutivos o clientes, quienes en muchos casos deciden no asistir a ver selecciones de menor nivel disputar la fase de grupos.
No obstante, el sistema contabiliza estos lugares como «asistencia oficial» dado que la entrada fue adquirida y escaneada.
Ceremonia de inauguración del Mundial en Estados Unidos (12 de junio). Reuters
El dato más revelador fue publicado por el portal especializado negocios.com: en los primeros 16 partidos del torneo, solo se ocuparon aproximadamente 556.369 de los 979.373 asientos disponibles.
Si la cifra es correcta, esto implicaría una tasa de ocupación real inferior al 57% en el inicio de un Mundial que FIFA había presentado como el evento deportivo con mayor demanda en la historia.
La trampa del precio
El origen del problema tiene nombre propio: precios que se elevaron hasta hacer del Mundial una experiencia inaccesible para el aficionado promedio. Durante meses, el precio medio de las entradas superó los 1.000 dólares.
FIFA introdujo en última instancia una categoría especial de 60 dólares para aficionados viajeros vinculados a las federaciones nacionales, pero las plazas ofertadas fueron unos pocos cientos, no miles.
Paralelamente, Arabia Saudí llegó a considerar regalar entradas a sus seguidores para asegurar la presencia visible de su afición. Cuatro países, en total, pensaron en distribuir entradas gratuitas con ese mismo fin: evitar que las cámaras de televisión mostraran la vergüenza de los asientos vacíos.
La paradoja del aforo en el Mundial 2026 no es una casualidad estadística ni un error entre datos operativos y percepciones visuales.
Es el desenlace esperado de una política de precios que alejaron al aficionado común, dejó los sectores más visibles en manos de corporaciones que frecuentemente no los utilizan, y transformó la mayor fiesta del fútbol mundial en un negocio exclusivo. Las cámaras no engañan.
Y la diferencia entre el Estadio Azteca lleno y los vacíos en Guadalajara, Toronto o Los Ángeles ya dibuja, más que cualquier gol, el retrato de este torneo.

