Impacto de jugar a 2.240 metros sin aclimatación en el Mundial: riesgo del mal de altura

Vista aérea del Estadio Azteca en Ciudad de México, a más de 2.200 metros de altitud. México alberga las sedes ubicadas a las mayores altitudes de toda la Copa del Mundo, y en especial destaca el Estadio Azteca, situado a una altura donde el organismo de los futbolistas sufre notables efectos.

Más información: México da inicio a la celebración de ‘su’ Mundial con un triunfo frente a una Sudáfrica inofensiva en el partido inaugural

Este Mundial, el más internacional hasta la fecha, presenta más complejidades que nunca. Lo deportivo casi queda en un segundo plano, dominado por el contexto social y político marcado por Donald Trump, aunque factores como el climático y el geográfico también condicionan esta Copa del Mundo que se disputa por primera vez en tres países.

En este aspecto geográfico, México toma gran protagonismo. Con tres sedes distribuidas en el territorio nacional –Azteca, Guadalajara y Monterrey-, dos de ellas son las que tienen mayor altitud de todo el torneo. El mal de altura será una realidad y las selecciones deberán adaptarse a esta condición.

El Estadio Azteca se ubica a aproximadamente 2.200 metros sobre el nivel del mar, altura en la que los efectos en el cuerpo se vuelven evidentes, mientras que Guadalajara está situada por encima de los 1.560 metros. Un factor diferencial que impactará a ocho equipos, incluyendo a España.

El mal de altura

El encuentro inaugural del Mundial marcó la introducción del mal de altura que se vivirá en esta Copa del Mundo. El Estadio Azteca, pionero por ser sede en tres Mundiales diferentes, albergó el partido inicial a más de 2.200 metros entre México y Sudáfrica.

Las sedes de Ciudad de México y Guadalajara eran las más temidas debido a su elevada altitud. La fisiología de cualquier individuo, incluyendo atletas de alto rendimiento, se ve afectada bajo estas condiciones, por ello varios equipos se prepararon específicamente para adaptarse a este desafío.

Imagen del cielo del Estadio Azteca de México.

Imagen del cielo del Estadio Azteca de México. REUTERS

Con el ascenso en altitud, la cantidad de oxígeno en el aire disminuye, lo que impacta inevitablemente en el cansancio del cuerpo. Si el organismo no está aclimatado, estas consecuencias aparecen rápidamente y sin aviso.

Por ello, en disciplinas como el ciclismo es común realizar entrenamientos en altura, lo que expone al cuerpo a hipoxia y aumenta los glóbulos rojos, ayudando a retrasar la fatiga.

Ocho equipos afectados y adaptación

Ocho selecciones disputarán encuentros de fase de grupos en las dos sedes con mayor altitud. El grupo A completo con México, Sudáfrica, República Checa y Corea del Sur; Colombia y República Democrática del Congo del grupo K; y España junto a Uruguay del grupo H.

Teóricamente, México, como país anfitrión, es la principal favorecida en este aspecto. Los jugadores locales, más habituados a estas condiciones fisiológicas, afrontan con normalidad estos tres partidos — dos en el Estadio Azteca y uno en Guadalajara — mientras que los demás equipos deben aclimatarse.

Precisamente, algunas de las selecciones afectadas han dedicado los últimos días a la adaptación a la altitud.

Brian Gutiérrez ejecuta un centro en el Estadio Azteca de Ciudad de México.

Brian Gutiérrez ejecuta un centro en el Estadio Azteca de Ciudad de México. REUTERS

Corea del Sur, que disputará dos encuentros en Guadalajara, ha tenido especial precaución en este tema. La selección asiática llegó la semana pasada a Guadalajara para iniciar su proceso de aclimatación, estableciendo allí su base de operaciones.

Además, días antes realizaron entrenamientos en Salt Lake City, Estados Unidos, ubicado a una altitud similar a la mexicana donde comenzarán sus primeros partidos. «Contamos con planes detallados no solo para el entrenamiento, sino también para la vida fuera del terreno de juego», declaró su entrenador Hong Myung-bo.

De manera parecida actuó Sudáfrica. Con la presión de afrontar el partido inaugural y con menos tiempo que otras selecciones para aclimatarse, eligieron la Universidad de Fútbol en Pachuca, situada a más de 2.400 metros de altitud, para que sus jugadores empiecen la adaptación.

Por su parte, República Checa optó por no realizar preparación especial: «Se necesitaría un mes para adaptarnos a ese entorno, pero no hay tiempo. No podemos enfrentarlo al 100%, eso es seguro», reconoció su seleccionador Miroslav Koubek.

España y Uruguay también jugarán en Guadalajara, a más de 1.500 metros, pero dado que será una experiencia puntual y fisiológicamente similares en este aspecto, ninguna hizo preparaciones específicas.

No obstante, el número de equipos afectados crecerá conforme avance la competición. El Estadio Azteca acogerá además partidos de dieciseisavos y octavos de final.

Mil metros, medio gol

La relevancia de la altitud es tan considerable que ha sido objeto de estudio científico detallado a lo largo de los años.

Un estudio realizado por la Universidad de Oxford en 2007 concluyó que cada 1.000 metros de diferencia en altitud entre dos equipos proporcionan medio gol de ventaja para aquel acostumbrado a las condiciones extremas.

Con estos parámetros, México debería partir con ventaja teórica en sus encuentros frente a Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa. De momento, se confirma el pronóstico con el triunfo ante Sudáfrica.

Además, el mismo estudio apuntaba que la altitud influye directamente en la probabilidad de victoria. Esta ventaja para el equipo adaptado a la altura se mantiene incluso cuando juega a nivel del mar, otorgando un doble beneficio. La altitud se convierte así en otro factor fundamental a considerar en este Mundial tan singular.

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