Elecciones en Perú: Keiko Fujimori mantiene ligera ventaja sobre Roberto Sánchez con menos de 1.000 votos en la contienda presidencial

Roberto Sánchez, candidato presidencial del partido Juntos por el Perú (izquierda), y Keiko Fujimori, candidata presidencial del partido Fuerza Popular, durante un debate.

Fuente de la imagen, Getty Images

    • Autor,
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 11 junio 2026Actualizado 8 horas
  • Tiempo de lectura: 6 min

La postulante conservadora Keiko Fujimori ha recuperado ligeramente la delantera frente a su rival progresista Roberto Sánchez en la fase final del competido escrutinio de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, que tuvo lugar el domingo pasado.

Fujimori, representante del partido Fuerza Popular y candidata por cuarta ocasión, aventaja a Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, por cerca de 800 votos con un 98,2% de actas procesadas, conforme a la información proporcionada por la Oficina Nacional de Procesos Electorales de Perú.

El estrecho conteo refleja ahora un 50,002% para Fujimori y un 49,998% para Sánchez.

Dada la extrema paridad, aún no se ha designado a un ganador, que sería el noveno presidente de Perú en diez años. Se anticipa que la revisión de votos continuará durante varios días, o incluso semanas.

Estos comicios siguieron rigurosamente a la primera vuelta de abril, la cual estuvo marcada por dificultades logísticas y denuncias de fraude, cuyos resultados se demoraron un mes en ser divulgados.

En esta oportunidad, el 1,76% de las actas electorales, equivalentes a aproximadamente 400.000 votos, han sido impugnadas para su revisión, lo que extenderá el procedimiento.

Esta elección podría ser la tercera consecutiva en Perú en la que el margen de diferencia es inferior al 1%.

Un votante revisa una lista de registro en un centro de votación durante la segunda vuelta de las elecciones en Lima, Perú, el domingo 7 de junio de 2026

Fuente de la imagen, Getty Images

Controversias en ambos bandos

Fujimori ha intentado alcanzar la presidencia sin éxito en tres oportunidades previas. Es hija del expresidente Alberto Fujimori, quien fue encarcelado por violaciones a los derechos humanos.

Por su parte, Sánchez se presenta como el sucesor político del expresidente Pedro Castillo, habiendo sido ministro de Comercio Exterior y Turismo bajo su mandato.

Castillo fue condenado el año pasado a 11 años y medio de prisión por rebelión y conspiración, después de intentar sin éxito disolver el Congreso y acumular poderes cuando lideraba el Ejecutivo en 2022.

Keiko Fujimori enfrentó también un escándalo propio: estuvo implicada en un caso de lavado de activos vinculado al caso Odebrecht. Tras su paso por prisión, el Tribunal Constitucional archivó el proceso, permitiéndole retomar su candidatura justo a tiempo para estos comicios.

Pedro Castillo, expresidente de Perú, interviene durante la Cumbre de Directores Ejecutivos de las Américas.

Fuente de la imagen, Getty Images

“El hecho es que, con un margen tan estrecho, la legitimidad de quien asuma el cargo el 28 de julio será cuestionada, y la atmósfera política interna, ya de por sí polarizada y tensa, permanecerá sin resolver”, señala a BBC Mundo Eileen Gavin, analista principal para las Américas en la firma de análisis de riesgos Verisk Maplecroft.

“Para los mercados, todas las predicciones apuntan a una victoria de Fujimori y a la continuidad de la política macroeconómica y monetaria que ha consolidado a Perú como uno de los países con mejor calificación crediticia en América Latina”, añade Gavin.

Esto ocurre pese a que durante casi diez años el riesgo político, la fragilidad de la gobernanza democrática y el desgaste institucional han limitado el crecimiento de la economía peruana, centrada principalmente en la minería, por debajo de las expectativas de los economistas.

Estado actual de las instituciones

El FP dirigido por Fujimori será la fuerza política con mayor representación en ambas cámaras, con 22 de 60 escaños en el Senado y 40 de 130 en la Cámara de Diputados, pero de perder frente a Sánchez, tendrá que buscar aliados para mantener su influencia en la oposición.

“Si Sánchez resulta ganador, enfrentará las tácticas de oposición desarrolladas durante tres décadas por el fujimorismo, que además controla instancias judiciales clave como la Corte de Constitucionalidad”, apunta la analista de Verisk Maplecroft.

Para Debora Reyna, economista de Oxford Economics, en caso de triunfo de Sánchez, el gobierno que forme no contaría con mayoría parlamentaria. “Esto representa un escenario de alto riesgo. Es probable que recurra a gobernar por decreto y a implementar políticas discrecionales, lo que podría elevar la inflación y la deuda, mientras ralentiza el crecimiento.”

Roberto Sánchez, candidato presidencial del partido Juntos por el Perú, en el centro, se retira tras emitir su voto en un colegio electoral durante la segunda vuelta de las elecciones en Lima, Perú.

Fuente de la imagen, Getty Images

El conteo de votos ha sido una auténtica montaña rusa.

Fujimori inició con ventaja en el recuento tras las elecciones del domingo, pero Sánchez adelantó el lunes.

Ambos candidatos solicitaron calma y paciencia durante las primeras jornadas del conteo, aunque Sánchez fue endureciendo su discurso conforme disminuían las diferencias.

Según Reuters, algunos partidarios de Sánchez se congregaron el miércoles frente a la sede del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en Lima para protestar “en defensa de los votos” del candidato izquierdista, pero fueron dispersados con chorros de agua.

Dos perspectivas opuestas

La inseguridad y la criminalidad han sido temas centrales para los votantes en esta segunda vuelta.

A la creciente tasa de homicidios se suman alrededor de 30.000 denuncias por extorsión en Perú durante 2025, muchas de las cuales afectaron a pequeñas empresas y trabajadores del sector transporte.

Fujimori fundamentó su campaña en políticas de mano dura frente a la delincuencia, declarando la “guerra” contra los extorsionadores y prometiendo el despliegue del ejército contra el crimen organizado, el control de las cárceles y la cooperación con entidades financieras para bloquear fondos provenientes del delito.

Este enfoque ha generado preocupación entre algunos votantes, que temen un retorno al periodo de Alberto Fujimori —presidente entre 1990 y 2000—, cuya política represiva terminó en su encarcelamiento por violaciones a los derechos humanos.

Los seguidores de Fujimori resaltan su apuesta por el libre mercado y su promesa de atraer mayor inversión estadounidense, contrastando con las propuestas de Sánchez, como la revisión de contratos mineros, el aumento de ciertos impuestos corporativos, la elevación del salario mínimo y una mayor intervención estatal en los recursos naturales, medidas que han inquietado a los mercados financieros.

Sánchez sostiene que la riqueza proveniente de los recursos naturales no beneficia a la población común ni a las comunidades rurales, donde hay gran concentración de actividad minera.

En los días previos a la segunda vuelta, el candidato de izquierda moderó su discurso, presentando un plan de gobierno más equilibrado que el de abril, asegurando el respeto a la autonomía del banco central y al marco legal que facilita inversiones, defendiendo la estabilidad macroeconómica como requisito para atraer capital.

Sánchez también se comprometió a liberar al expresidente de izquierda Pedro Castillo.

Scroll al inicio